ABC
68 muertos, nueve meses después
El horror vivido en Adamuz el 18 de enero de este año se ha apoderado este miércoles de la zona cero del accidente ferroviario de Urda, donde la colisión de dos trenes ha dejado al menos 68 fallecidos. Dos tragedias de enorme magnitud con solo nueve meses de diferencia. Pasajeros, técnicos y maquinistas habían alzado la voz: la red española necesitaba una actualización . Una llamada de auxilio que nadie escuchó.El tren Iryo 6076 parte a las 7:54 horas desde la estación de Madrid-Puerta de Atocha con destino a Sevilla. A bordo viajan 147 pasajeros y 5 miembros de la tripulación. Poco después, a las ocho de la mañana sale de la misma estación el tren AVE 2080 de Renfe, realizando el mismo recorrido con 378 viajeros a bordo.Media hora después se registró un fallo informático en el sistema de seguridad automática LZB. Al interrumpirse las comunicaciones en un tramo de 63 kilómetros, el protocolo de seguridad detiene automáticamente a seis trenes que circulaban por la zona, entre ellos el Iryo y el AVE. El control de las operaciones pasa a gestionarse de forma manual desde el centro de control de Adif.Ante la caída del sistema automático, el centro de control de Adif toma la decisión de autorizar al tren AVE a reanudar la marcha con normalidad a las 8:36 horas. El tren Iryo que iba por delante permanece completamente detenido en la vía a la altura de Urda. La maquinista esperaba instrucciones desde Atocha. A 25 kilómetros de este punto el AVE retomaba su ruta a la velocidad habitual. El conductor circulaba con absoluta normalidad por la orden de uno de los operadores del centro de control. Fueron 17 minutos sin aviso donde nadie paró su recorrido. El alcance entre ambos trenes se produjo en torno a las 8:53 horas en el punto kilométrico 118, en el término municipal de Los Yébenes, muy cerca de Urda. El brutal impacto provoca que tres vagones del Iryo se caigan por un terraplén. La violencia del golpe provocó que uno de los convoyes acabe dentro de otro.El panorama es desolador. La imagen de los afectados, muchos todavía en estado de shock, esperando a ser recogidos junto al camino de las vías, resulta difícil de asimilar. Algunos caminan despacio, con dificultades y visiblemente doloridos, mientras otros necesitan detenerse y sentarse para recuperar fuerzas. Hay heridos con molestias en las piernas y la espalda que avanzan poco a poco, y personas que, después de recorrer unos metros, tienen que apoyarse en las furgonetas estacionadas en la zona o sentarse porque comienzan a marearse. Otros permanecen sentados, con la mirada perdida, tratando de asimilar lo ocurrido.En el camino próximo a las vías, agentes de la Guardia Civil toman la documentación de los afectados antes de organizar su traslado en vehículos de voluntarios y de las propias fuerzas de seguridad hacia Consuegra y Urda, donde permanecerán por el momento. Vecinos y voluntarios reparten agua entre los heridos mientras continúa la espera. La incertidumbre es máxima entre quienes aguardan su evacuación, algunos todavía sin poder comunicarse con sus familiares. En medio del desconcierto, hay afectados que piden un teléfono prestado para llamar a sus seres queridos y comunicarles que están a salvo, mientras intentan recomponerse después de lo vivido.La imagen de la tragediaLas escenas que deja el siniestro dan cuenta de la violencia del impacto. Hay personas con collarines, vendas y heridas en la nariz, así como otras con sangre en la cabeza o en la ropa. En el suelo se amontonan maletas, medicamentos y pertenencias personales que han quedado esparcidas en las inmediaciones del accidente. A pocos metros, uno de los vagones ha descarrilado y ha terminado desplazado hasta el camino contiguo a las vías.La actividad de los servicios de emergencia era constante. No dejan de llegar vehículos policialesLa actividad de los servicios de emergencia es constante. No dejan de llegar vehículos de Policía Nacional y Local, de la Guardia Civil, bomberos, ambulancias, y efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME). Los camiones de bomberos entran y salen de la zona mientras los agentes se desplazan de un lado a otro, coordinan las actuaciones y regulan el tráfico a gritos para facilitar el acceso de los vehículos de emergencia. Mientras, los helicópteros sobrevuelan las inmediaciones, y el sonido de sus motores se mezcla con el de las sirenas y las indicaciones de los efectivos desplegados.A la escena se suman familiares que llegan hasta el lugar para tratar de localizar a sus seres queridos y conocer su estado. Mientras unos preguntan y buscan información, los equipos de emergencia continúan trabajando junto a las vías y organizando la evacuación de los afectados.Evacuación contrarrelojLa evacuación de los afectados obliga también a habilitar vías alternativas para facilitar los traslados. Algunos tractores trabajan en la zona para abrir un camino por el que puedan circular los vehículos y sacar a los heridos. Los agentes, llegados de distintos puntos de Castilla-La Mancha e incluso de Madrid, colaboran en las tareas de asistencia y acompañan a quienes esperan a ser trasladados. Mientras tanto, los periodistas recorren el lugar en busca de testimonios y datos que permitan reconstruir lo ocurrido en una jornada en la que los medios de comunicación de toda España, también internacionales, se desplazan a Urda para informar de una de las mayores tragedias ferroviarias del país.El silencio de quienes permanecen en la zona se ve interrumpido una y otra vez por el paso de los helicópterosA medida que avanzan las horas, el escenario comienza a cambiar. Los heridos van siendo evacuados y el grupo de personas que permanece junto al camino se reduce progresivamente. La actividad no cesa, pero la primera sensación de caos da paso poco a poco a una escena más ordenada, en la que los equipos de emergencia continúan trabajando mientras se retiran los afectados que todavía permanecen en las inmediaciones. Sin embargo, la estupefacción sigue presente en los rostros de los heridos, de los agentes y de los voluntarios que han acudido para prestar ayuda.El silencio de quienes permanecen en la zona se ve interrumpido una y otra vez por el paso de los helicópteros, el sonido de las ambulancias y las indicaciones de los agentes. Entre los presentes, el murmullo gira en torno a las mismas preguntas: qué ha ocurrido exactamente, cómo ha podido producirse la colisión y cuáles han sido las circunstancias que han llevado a este desenlace.Primeros féretrosLa gravedad de la situación se hace todavía más evidente en torno a las tres de la tarde, cuando comienzan a irse los primeros vehículos funerarios para trasladar cadáveres al Instituto de Medicina Legal de Toledo. Su presencia recuerda de forma directa la dimensión humana de la catástrofe.A esa hora también llegan a la zona el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, junto a otras autoridades que se desplazan hasta el lugar del accidente para conocer de primera mano la evolución de la emergencia. Para entonces, todos los heridos ya han sido evacuados y el movimiento de personas en el camino ha disminuido considerablemente. Permanecen los efectivos de la UME, los cuerpos de seguridad y los equipos que siguen trabajando en el lugar, además de los periodistas que aguardan nuevas informaciones.Los helicópteros continúan sobrevolando las vías. El ruido de las primeras horas deja paso a intervalos de silencio, cada vez más prolongados, que solo rompen los motores, las sirenas o las instrucciones de quienes siguen trabajando.Conforme cae la tarde, lo que queda junto a las vías es la imagen de una tragedia que ha cambiado por completo la jornada. Donde durante horas se escucharon gritos, se dieron carreras y se evacuó a centenares de personas, ahora queda el asombro y el desconcierto de quienes han presenciado una catástrofe difícil de olvidar. En los puntos habilitados esperan las familias angustiadas noticias de sus seres queridos. Uno de ellos es el Colegio Santo Cristo de Urda, donde reciben atención psicológica e información directa y el polideportivo que centralizó las labores de primeros auxilios y gestión de afectado.Mientras esperaban noticias de sus familiares, veían en televisión las explicaciones de Óscar Puente sobre la tragedia. El ministro de Transportes sostuvo que una «decisión inexplicable» del centro de control es «el origen del accidente que ha acaecido en Urda». Insistió en el «error humano» como la causa del siniestro, ya que, según sus explicaciones, la avería informática no fue, por sí sola, el desencadenante directo de la colisión. El sistema actuó como estaba previsto al detener los trenes, pero la decisión posterior de permitir que uno de ellos continuara circulando con normalidad se tomó desde el centro de control. «La caída del sistema, como todos los sistemas que dependen de ordenadores y de informática, puede producirse», señaló.El operario señalado en «shock»Puente hacía estas declaraciones a la prensa a escasos metros de la sala donde la Guardia Civil tomaba testimonio al operario señalado y a dos de sus compañeros. El trabajador que dio la instrucción estaba en «shock», según explican fuentes de la investigación a ABC. Los agentes separaron a los empleados para obtener de cada uno de ellos un testimonio limpio y que no estuviera contaminado por el resto. Siguieron el protocolo habitual y realizaron control de alcohol y drogas. Todos dieron negativo.El Ministerio del Interior desplegó en la zona un importante dispositivo con 422 efectivos del Instituto Armado, 200 militares de la UME, 53 policías y 102 efectivos de Protección Civil. La Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil colabora con la Policía Judicial de Toledo en tomar testimonio de los supervivientes y heridos leves que corroboraron punto por punto cómo vivieron la tragedia en primera persona. Los usuarios del Iryo reconocieron que estuvieron al menos diez minutos parados y después sintieron un impacto violento en la parte trasera. «Todo salió despedido por los aires», admitió uno de los afectados.Después llegó el desconcierto, los gritos, el silencio y el posterior sonido de las ambulancias. Muchos de ellos fueron los primeros intervinientes y sacaron del amasijo de hierros a los heridos. Una cadena que se vivió también hace nueve meses en Adamuz. La tragedia sucedida en tierras cordobesas sirvió como protocolo para esta nueva desgracia. También para el Equipo de Catástrofes de la Guardia Civil, ubicado en varios puntos y que recogió ADN de los familiares de los desaparecidos. Varios de estos agentes ya habían realizado esta tarea en el anterior siniestro. «Esta nueva tragedia desgarra unas heridas que todavía permanecen abiertas», señalaron los afectados por el accidente ferroviario de enero que se saldó con 46 víctimas mortales. Aún no hay una explicación concreta de qué pasó. Sin embargo, los afectados tienen claro que estos meses no han servido para nada. «No se han implantado nuevas medidas de seguridad», lamenta a ABC uno de los afectados. No ha querido encender la televisión este miércoles. No se ha vuelto a subir a un tren desde enero.
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