Kathleen Keely Boyle y Paula Hernandez, médicas expertas en ortopedia: "Las mujeres tienen un mayor riesgo de padecer artrosis de rodilla"
Las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de desarrollar artrosis de rodilla, pero las causas parecen ser bastante más complejas que el envejecimiento o la menopausia.
Ese es el punto de partida de un artículo publicado por el Centro Médico de la Universidad del Suroeste de Texas (UT Southwestern) por Kathleen Keely Boyle y Paula Hernandez. Boyle es médica y cirujana ortopédica, mientras que Hernandez es doctora en bioingeniería e investigadora especializada en cartílago y diferencias sexuales de los tejidos articulares.
Uno de los hallazgos que más interesa a Hernandez es que las diferencias pueden aparecer mucho antes de la menopausia. Su laboratorio encontró variaciones entre el cartílago masculino y femenino en propiedades mecánicas, estructura microscópica y actividad genética. Ella utiliza una comparación sencilla: habla del diferente “tejido” o knitting del cartílago. Dos prendas pueden parecer idénticas desde lejos, pero la disposición de sus fibras cambia cómo se estiran o soportan presión.
Eso no significa, aclaran, que las mujeres estén condenadas a tener problemas articulares. “El cartílago femenino no es disfuncional”, explican en el artículo. Simplemente presenta características distintas, y comprenderlas puede permitir diseñar estrategias de prevención más ajustadas.
En otra intervención institucional de UT Southwestern, Hernandez resumió su objetivo así: “Tenemos que entender cómo hombres y mujeres son diferentes” en los niveles tisular, celular y molecular.
La prevención debería comenzar mucho antes de los 50 o 60 años.La prevención, además, debería comenzar mucho antes de los 50 o 60 años. Las mujeres jóvenes también tienen más riesgo de sufrir determinadas lesiones, sobre todo del ligamento cruzado anterior. Según UT Southwestern, las atletas pueden presentar entre dos y ocho veces más riesgo de este tipo de lesión que los hombres, y un daño importante en ligamentos o meniscos puede alterar la mecánica de la rodilla y aumentar años después la posibilidad de artrosis.
Por eso, Boyle propone trabajar sobre varios factores que sí pueden modificarse. Uno de los principales es el ejercicio. Recomienda combinar movimientos aeróbicos de bajo impacto -caminar, montar en bicicleta, nadar o utilizar una elíptica- con trabajo de fuerza. El objetivo es conservar movilidad, reducir rigidez y fortalecer los músculos que ayudan a estabilizar la articulación.
Las piernas no son las únicas protagonistas. Las especialistas también aconsejan fortalecer glúteos, core, caderas y cuádriceps, además de aprender técnicas adecuadas para saltar, aterrizar, frenar o cambiar de dirección. En personas jóvenes, una rehabilitación completa después de una lesión es otra pieza fundamental: volver demasiado pronto al deporte puede dejar secuelas que se manifiesten años más tarde.
Boyle suma además una alimentación basada en vegetales, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos, pescado y alimentos poco procesados. Mantener un peso saludable reduce la carga mecánica sobre las rodillas, mientras que evitar el tabaco y cuidar el descanso ayuda a controlar otros factores relacionados con inflamación y dolor.
Las piernas no son las únicas protagonistas. Las especialistas también aconsejan fortalecer glúteos, core, caderas y cuádriceps. Foto: Pexels.El mensaje de ambas expertas no es que exista una fórmula capaz de garantizar unas rodillas sanas de por vida. Genética y edad siguen jugando un papel. Pero sus investigaciones cambian el momento en el que conviene empezar a cuidarse: proteger las articulaciones femeninas no debería ser una decisión tomada cuando aparece el dolor, sino un trabajo que comienza décadas antes.
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