Pinocho sin cuerdas: la versión más oscura del clásico infantil encuentra el equilibrio entre el horror y el humor
Pinocho sin cuerdas (Pinocchio: Unstrung, Reino Unido/2026). Dirección: Rhys Frake‑Waterfield. Guion: Rhys Frake‑Waterfield. Fotografía: Vince Knight. Música: Andrew Scott Bell. Elenco: Jude Evan Lloyd, Richard Brake, Cameron Bell, Robert Englund, Jessica Balmer, Jack Art Gray, Emma Tate. Duración: 82 minutos. Distribuidora: Terrorífico Films. Nuestra opinión: buena.
Cada vez son más las películas que integran esta moda del terror de bajo presupuesto, consistente en tomar a un personaje infantil clásico y llevarlo a su lado más oscuro. Ya nos hemos ocupado más de una vez del tema, pero vale recordar que en la lista revisionista están Winnie The Pooh, Mickey, Popeye, Peter Pan, Bambi y varios otros, que en los últimos años llegaron al cine para teñir su legado de rojo sangre.
De todos los proyectos que fueron y serán, Pinocho sin cuerdas era el más esperado. Primero, porque formaba parte del británico TCU (Twisted Childhood Universe), pionero en el tema, que ha alumbrado a algunos de los “mejores” exponentes de la corriente de “horror con personajes infantiles”. Y segundo, porque ya la historia original del muñeco viviente imaginada por el italiano Carlo Collodi tenía pasajes lo suficientemente turbios como para servir muy bien como materia prima. Una luz de esperanza, si se tiene en cuenta que la mayoría de estas películas son de regulares para abajo.
Y la espera valió la pena. Aun llegando al aprobado con lo justo, Pinocho sin cuerdas es una evolución dentro del TCU, donde se han mejorado los climas, los arcos narrativos y (algunos) personajes y, especialmente, las películas han dejado de ser solo una sucesión de decapitaciones, mutilaciones y muertes sangrientas; ahora la montaña de vísceras tiene una mejor justificación argumental.
El pequeño James (Cameron Bell) no para de sufrir. Primero perdió a sus padres y, al poco tiempo, a su mejor amigo. Abrumado, vive con su abuelo Gepetto (Richard Brake) intentando, dentro de lo posible, hacer vida normal. Gepetto, preocupado por él, decide construirle un amigo que no se ajuste a las reglas de la muerte, que pueda “vivir para siempre”. Y así aparece en escena Pinocho, un muñeco de madera pero con vida propia, que de a poco se vuelve inseparable de James. Pero, como ya sucedía con Chucky, la marioneta de madera malinterpreta las nociones de lealtad, ocupándose de asesinar a todo el que, en sus parámetros, esté lastimando a su amigo. La premisa es tan amplia como para que no falten descuartizados, hasta los que se agregan a la lista, por casualidad. Contra lo que se podía esperar, el gore no es lo que domina el film, sino que hay un componente dramático y otro de humor negro, que funcionan bien como contrapeso.
Está claro que Pinocho sin cuerdas no es para tomarla muy en serio, sino para entrar en su código meta y deleitarse sin pensar demasiado. Llegado a dicho “nirvana”, el disfrute está asegurado. Incluso puede aparecer Pepe Grillo como un émulo de Freddy Krueger (la voz en el original es de Robert Englund, protagonista de la saga de Pesadilla), dándole los peores consejos a Pinocho, y que esto alcance para despertar una sonrisa, solo por sus mohínes alegóricos. Lo mismo pasa con la historia, a la que se le disculpa un último tercio que se pasa de inverosímil, y acelera la conclusión sin pensarla demasiado. La búsqueda es otra.
Entre lo mejor de Pinocho sin cuerdas está el protagonista, un animatronic dotado de expresividad y presencia física, tan bien utilizado que puede transmitir diferentes tipos de emociones, desde las más tiernas a las más perturbadoras. Todo ayudado por un diseño de producción y ambientación que actualiza mucho de los conceptos de la novela, llevándolos a un inquietante extremo.
Como siempre en este tipo de films, el punto más flojo es el guion, y esta no es la excepción. Sin embargo, para los parámetros del slasher, Pinocho sin cuerdas cumple con los objetivos: una película “de nicho” que brinda lo que los fans del género van a buscar. O incluso, un poco más.
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