Se acabó la campaña
Se acabó el colegueo de Broncano y sus coleguitas con los candidatos más afines. Y los chascarrillos cómplices de Motos y sus hormigas con los suyos. Se terminaron las piruetas con la IA de los malotes de los partidos ensalzando a sus propios líderes y humillando a los rivales. Se acabaron los bailes arrítmicos de Sánchez en sus mítines. Y los juegos de palabras autoboicoteados por Feijóo en los suyos. Podría seguir pasando revista a todas las siglas, pero aquí lo dejo, porque, por supuesto, nada de eso ha terminado ni va a terminar ni siquiera estando aún caliente el ADN de las víctimas de los trenes de Toledo en las vías. Abascal y sus esbirros ni se han molestado en disimular y ya le han echado los muertos a la cara al Gobierno antes siquiera de ser identificados por sus deudos. Y al resto, les falta cinco minutos para usarlos como munición partidista y enzarzarse a hostias con ellos. Todo lo más, dejarán pasar el puente de Todos los Santos y Difuntos, macabro capricho del calendario, para volver a los zascas, al jijí-jajá y a las consabidas gamberradas de la IA insultando la inteligencia del votante, no sea que los tachen de boomers trasnochados, el nuevo sambenito para todo.
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