Afganistán multiplica por cinco la producción de opio pese al veto de los talibanes
La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) informó que la superficie cultivada de adormidera pasó de unas 10.000 hectáreas en 2025 a 43.300 este año, mientras que la producción estimada de opio rondó las 1.500 toneladas, frente a las 300 del año anterior.
Aunque ambas cifras siguen por debajo de los niveles anteriores a la prohibición impuesta por los talibanes en 2022, el documento advierte de que la enorme miseria rural y los elevados precios del opio son grandes incentivos para el cultivo.
Afganistán produjo 6.800 toneladas de opio en 2021, cuya cosecha terminó en julio, poco antes del regreso al poder en agosto de ese año de los talibán, que carecen de reconocimiento internacional.
"El aumento de más de cuatro veces de los cultivos de adormidera muestra la dificultad de mantener las reducciones cuando los agricultores pobres no tienen alternativas para alimentar a sus familias", señaló la directora ejecutiva de la ONUDD, Monica Juma.
Juma pidió que "las autoridades de facto" y la comunidad internacional colaboren para apoyar a los agricultores y facilitarles acceso a los mercados para evitar que cultiven opio.
El estudio de la ONUDD se basa en imágenes de satélite y proyecciones agrícolas, ante la imposibilidad de realizar mediciones de forma sistemática sobre el terreno.
Las autoridades talibanes cuestionan el método en un anexo del informe y sostienen que la superficie cultivada es casi la mitad porque no se han descontado las zonas erradicadas, mientras que la ONUDD afirma que ya están reflejadas en sus cálculos.
El repunte no se limita a una mayor superficie sembrada, sino que refleja también una mejora del rendimiento agrícola debido a las lluvias, que contrastan con la sequía de 2025, y unas temperaturas favorables, lo que elevó la producción media de 29 a cerca de 34 kilogramos por hectárea.
Los cultivos se extendieron a 16 de las 34 provincias del país y el noreste concentra un 80 % de la superficie cultivada y se consolida como principal zona productora, en sustitución del suroeste, que dominaba antes de la prohibición.
El informe indica que los agricultores han adaptado sus forma de trabajar para eludir los controles, con pequeñas parcelas de adormidera ocultas entre cereales, cultivos dentro de recintos amurallados y siembras y cosechas escalonadas que dificultan su detección.
Las autoridades talibanes comunicaron la erradicación de unas 22.000 hectáreas, una cifra que la ONUDD no pudo verificar y que provocaron protestas en la provincia de Badajshán, en el noreste, en mayo y junio pasados, con varios muertos y heridos, según recoge el documento, que cita informaciones locales.
Badajshán se ha convertido en el principal centro productor del país y se trata de una región muy montañosa fronteriza con Tayikistán, Pakistán y China.
Los beneficios económicos en uno de los países más pobres del mundo es el principal motivo de cultivo, según señala el informe.
El precio medio del opio seco bajó de unos 570 dólares por kilogramo en 2025 a unos 500 este año, pero sigue siendo un valor muy por encima de los menos de 100 dólares registrados antes de la prohibición de 2022.
El valor estimado de las ventas en el primer eslabón comercial alcanzó los 525 millones de dólares, frente a 134 millones en 2025.
La ONUDD aclara que estas cifras corresponden a comerciantes y no a los ingresos de los agricultores.
La ONUDD señala que el tráfico regional de opiáceos se ha mantenido gracias a las reservas acumuladas antes de la prohibición, aunque los datos más recientes sobre incautaciones sugieren que esas existencias van camino de agotarse.
El Informe Mundial sobre las Drogas de 2026 ya detectó indicios de una menor disponibilidad de heroína en Europa.
El documento concluye que una oferta todavía baja, combinada con una demanda persistente y precios altos, pueden incentivar mayores siembras en Afganistán.
"Se necesita cooperación internacional para investigar y desmantelar las redes transnacionales de narcotráfico tanto en Afganistán como en el resto del mundo", afirmó Juma, quien defendió ofrecer alternativas económicas a los agricultores para que eviten cultivar amapola.
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