Un portaaviones de propulsión convencional se reabastece de combustible en pocas horas. Reabastecer un portaaviones nuclear de la clase Nimitz lleva de 3 a 5 años y requiere abrir agujeros en las cubiertas para llegar a los reactores
Los portaaviones de propulsión convencional pueden reabastecerse de combustible en pocas horas. En cambio, los buques nucleares de la clase Nimitz requieren entre tres y cinco años para completar una recarga de sus reactores acompañada de una revisión integral.
El procedimiento exige abrir sectores de las cubiertas para acceder a los reactores, retirar el combustible agotado y realizar trabajos de mantenimiento en distintas áreas del buque. No se trata solamente de una operación vinculada con la energía: también se revisan estructuras, tuberías, cableado y equipos electrónicos.
El medio estadounidense especializado en defensa, seguridad nacional y análisis militar 19FortyFive describió las particularidades de este proceso y tomó como referencia el caso del USS John C. Stennis, cuya finalización del mantenimiento estaba prevista para octubre de 2026, aunque acumulaba 14 meses de demora respecto del calendario original.
La clase Nimitz necesita intervención para reemplazar el combustible de sus reactores. Foto: U.S. NavyLa propulsión nuclear permite a estos buques permanecer largos períodos en el mar sin depender de grandes cantidades de combustible para generar energía. Sin embargo, esa ventaja requiere intervenciones complejas en astilleros especializados, durante las cuales los portaaviones quedan fuera de servicio y no pueden participar de los despliegues.
Por qué la propulsión nuclear requiere años de trabajo
Los portaaviones de la clase Nimitz tienen una vida útil prevista de aproximadamente 50 años. Durante ese período, necesitan una recarga de sus reactores, habitualmente después de unos 20 o 25 años de servicio. La intervención puede extenderse entre tres y cinco años, según la magnitud de los trabajos.
El procedimiento se conoce como Recarga y Revisión Compleja (RCOH, por sus siglas en inglés). Además de reemplazar el combustible nuclear, incluye reparaciones estructurales, actualización de equipos y una inspección profunda de los sistemas que permiten operar al buque.
Operarios abren sectores de las cubiertas y acceden a los compartimentos nucleares. Foto: Creative CommonsLos trabajos se realizan en Newport News Shipbuilding, en Virginia. Para llegar a los compartimentos de los reactores, los operarios deben abrir grandes secciones de las cubiertas y trabajar dentro del casco. La complejidad de las tareas y las medidas de seguridad necesarias contribuyen a prolongar el proceso.
Reactores, tuberías y miles de kilómetros de cables
Una vez que acceden a los reactores, los trabajadores retiran el combustible agotado y colocan nuevos núcleos. Después, se cierran las aberturas y continúan las reparaciones y la modernización de los sistemas del portaaviones.
La revisión abarca una extensa red de instalaciones internas. Según el medio, estos buques cuentan con unas 100 millas de tuberías de plomería y desagüe, otras 150 millas destinadas al vapor, el combustible de aviación y el agua, además de aproximadamente 1.800 millas de cableado eléctrico.
La clase Gerald R. Ford busca evitar recarga nuclear en sus buques. Foto: Creative CommonsLos sistemas electrónicos también requieren actualizaciones. Los nuevos equipos incorporados a lo largo de las décadas demandan modificaciones en las instalaciones eléctricas y en otros componentes. El objetivo es que el buque vuelva al servicio con sus sistemas revisados y con una vida operativa extendida.
El costo estratégico de permanecer fuera de servicio
El USS John C. Stennis ilustra las consecuencias de estos plazos. Su mantenimiento debía concluir en octubre de 2026, pero acumulaba 14 meses de demora. Cada retraso prolonga su ausencia de la flota y obliga a reorganizar los tiempos de disponibilidad de los demás portaaviones.
Los buques convencionales, por su parte, pueden recibir combustible en pocas horas, aunque necesitan reabastecimientos periódicos durante los despliegues. La propulsión nuclear reduce esa dependencia, pero no elimina la necesidad de mantenimiento ni las interrupciones prolongadas que implica la recarga.
La futura clase Gerald R. Ford busca reducir parte de estas limitaciones. Sus reactores están diseñados para funcionar durante toda la vida útil del buque sin una recarga intermedia. Aun así, estos portaaviones también necesitan revisiones y trabajos de mantenimiento para conservar sus capacidades operativas.
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