San Judas Tadeo convoca a sus fieles en busca de milagros
La lluvia cayó desde temprano, pero ni el frío ni el cielo nublado pudieron frenar la fe. Este 28 de octubre, cientos de fieles llegaron al templo de San Judas Tadeo, en la colonia Amado Nervo, para agradecer los favores recibidos, cumplir promesas y encomendarse al santo de las causas difíciles y desesperadas.
Eran las nueve de la mañana. Entre paraguas, ropa húmeda y el sonido de la banda, hombres y mujeres avanzaban con sus bebés en brazos. Los pequeños vestían trajes blancos adornados con bandas verdes, mientras sus padres los llevaban al templo para presentarlos ante el santo y dar gracias.
Afuera, la celebración ya tenía su propia música. Las mañanitas resonaban al ritmo de la banda, ubicada a un costado de la entrada principal de la iglesia. A unos pasos, una capilla se convertía en uno de los puntos de encuentro de los devotos: cientos de velas encendidas iluminaban el piso, mientras ramos de flores rojas y girasoles adornaban las puertas.
Ahí, mujeres y niños encendían veladoras con la imagen de San Judas Tadeo. Cada llama parecía guardar una historia: una petición cumplida, una esperanza todavía pendiente o el agradecimiento por haber salido adelante en un momento difícil. No todos pedían lo mismo, pero compartían algo en común: la fe.
Del otro lado del templo, las hermanas de la comunidad católica ofrecían tamales, champurrado y chocolate caliente. El vapor de las bebidas contrastaba con el frío de la mañana y la lluvia que seguía cayendo, mientras los asistentes buscaban algo caliente para el cuerpo antes de continuar con su visita.

En las mesas, la devoción también tomaba forma de objetos. Imágenes religiosas, pulseras, rosarios y anillos se acomodaban junto a las velas que representan los doce meses del año. Todo llevaba la imagen de San Judas Tadeo, el apóstol al que los creyentes recurren cuando los problemas parecen no tener salida.
En el interior del templo, la imagen del santo, resguardada detrás de un cristal y rodeada de flores, concentraba las miradas. Los teléfonos celulares se levantaban una y otra vez para capturar fotografías y videos. Los fieles querían llevarse algo más que el recuerdo de la visita: una imagen que les permitiera revivir la celebración cuando la fiesta terminara y tocara volver a casa.
Algunos aguardaban sentados, con imágenes y figuras de San Judas Tadeo entre las manos, atentos a la salida del sacerdote para recibir la bendición. Después vendría el regreso a casa, la rutina y la espera de otros doce meses para volver, con salud y esperanza, a encontrarse con el santo.
Porque el 28 de octubre no es un día cualquiera para sus devotos. Es una fecha de promesas, agradecimientos y peticiones; un día en el que la lluvia puede mojar la ropa, pero no parece apagar la devoción.
Y así, entre las mañanitas, las veladoras y las flores, San Judas Tadeo volvió a reunir a sus fieles. Algunos llegaron para agradecer lo recibido; otros, para pedir lo que todavía les hace falta. Todos encontraron un motivo para estar ahí.
La lluvia siguió cayendo, pero la fe también siguió su curso.
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