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La otra reconstrucción tras la dana: «El aniversario reaviva el trauma»
Dos años después de la dana, las huellas de la tragedia siguen presentes más allá de los daños materiales. Mientras continúa la reconstrucción de viviendas e infraestructuras, muchos afectados todavía tratan también de reconstruir la estabilidad emocional tras una catástrofe que dejó 233 víctimas mortales en la provincia de Valencia. Con motivo de este segundo aniversario, el Colegio Oficial de Psicología de la Comunidad Valenciana (COPCV) recuerda que esta fecha «puede reavivar el trauma».Es lo que se conoce como «reacción de aniversario», un fenómeno que puede provocar «mayor inquietud, dificultades para dormir, tristeza, irritabilidad o una sensación de amenaza», explica Rosa Molero, doctora en Psicología y especialista en trauma. Junto a Noelia Chartier, psicóloga que trabaja en intervención social en Aldaia, insiste en la necesidad de mantener la atención psicológica a una población que, dos años después, todavía afronta las secuelas emocionales de las inundaciones.Desde el COPCV destacan que la difusión de imágenes de la catástrofe en los medios de comunicación con motivo del aniversario y las conversaciones que se generan en torno a lo sucedido, pueden reavivar el impacto emocional entre quienes la vivieron de cerca. En esta línea, Marina Chartier incide en que no se trata únicamente de miedo o ansiedad, sino también de «dolor emocional, rabia, sensación de injusticia, frustración o impotencia».MÁS INFORMACIÓN noticia Si El duelo pendiente por los desaparecidos: «Mi mente no descansará hasta encontrar a mi padre»Esto se debe, según indica Chartier, a que muchas personas «continúan preguntándose por qué tuvieron que vivir aquella situación, qué falló por parte de las autoridades o por qué todavía no han podido recuperar la normalidad». No obstante, las profesionales insisten en que experimentar estas emociones no significa que se haya producido un «retroceso» en la recuperación, sino que «puede ser una respuesta de su memoria emocional ante lo vivido», señala Molero. De este modo, Rosa Molero considera fundamental diferenciar entre recordar una experiencia traumática y revivirla. «Recordar significa poder evocar lo sucedido, incluso con tristeza, miedo o dolor, pero reconociendo que pertenece al pasado. Revivir, en cambio, implica que la experiencia se reactiva de tal manera que la persona puede sentir, por momentos, como si estuviera ocurriendo nuevamente», explica. Al respecto, los expertos explican que sentir miedo cuando llueve, por ejemplo, no implica necesariamente padecer un trastorno psicológico. Sin embargo, advierten de que no debe normalizarse un sufrimiento persistente que interfiera en la vida cotidiana y que pueda requerir atención especializada.«Ritmos diferentes y recursos comunitarios»Para muchas personas, las consecuencias de la dana no terminaron cuando se retiró el barro. Las pérdidas humanas, materiales y económicas siguen condicionando su día a día, por lo que «es difícil hablar de recuperación emocional cuando todavía no se han recuperado las condiciones de seguridad y estabilidad necesarias para reconstruir la propia vida», explica la psicóloga experta en trauma.En este sentido, Chartier asegura que muchas familias «siguen afrontando pérdidas económicas, negocios que todavía no se han recuperado y personas que permanecen de baja laboral debido al aumento de la sintomatología ansiosa y depresiva tras la catástrofe». Por tanto, «no hablamos únicamente de reconstruir viviendas, sino de recuperar la estabilidad, los proyectos personales y la sensación de seguridad», reitera.En este contexto, subraya que la recuperación puede resultar compleja para las personas que ya se encontraban en situaciones de vulnerabilidad. «No podemos dar por cerrada una situación solo porque haya pasado el tiempo. La recuperación requiere ritmos diferentes y recursos comunitarios que sigan disponibles para quienes todavía los necesitan», sostiene. «El objetivo de la recuperación no es olvidar lo sucedido sino poder recordarlo sin volver a sentir que estamos en peligro», asevera Moreno.«No forzar el relato ni imponer el silencio»Ante cómo acompañar a las personas que todavía tratan de recuperarse de la tragedia, los expertos advierten de que no en todas las personas se manifiesta de la misma forma. Mientras algunas personas necesitan hablar de lo sucedido, otras prefieren no hacerlo en determinados momentos. «Ambas respuestas deben ser respetadas, evitando tanto forzar el relato como imponer el silencio», señalan.Al respecto, Molero recomienda «escuchar sin juzgar, reconocer el sufrimiento y ofrecer una presencia cercana y disponible», al tiempo que advierte de que expresiones como «ya han pasado dos años», «tienes que pasar página» o «no pasa nada» pueden transmitir una falta de comprensión hacia quien continúa experimentando malestar. En su lugar, propone mensajes como «Entiendo que esto todavía te remueva», «si necesitas hablar, estoy aquí» o, simplemente, «¿qué necesitas ahora?».También destaca la importancia de favorecer la recuperación de las rutinas, las relaciones personales y las actividades que ayuden a restablecer la sensación de seguridad y control. En el caso de niños, niñas y adolescentes, recuerda que el malestar puede expresarse mediante cambios de comportamiento, dificultades para dormir, irritabilidad, miedo a separarse de sus figuras de referencia o una mayor necesidad de proximidad y seguridad afectiva.
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