El INE no se tocó… pero sí el negocio
POR KUKULKAN
VAYA, vaya. Resulta que el Instituto Nacional Electoral, ese templo sagrado de la democracia que nos cuesta más que mantener al Vaticano, estaba privatizado por cuatro papelerías. No es broma. Lo dijo la presidenta Claudia Sheinbaum en la mañanera de ayer: cuatro empresas coyotes tenían secuestrado el negocio de la papelería electoral. Las boletas, las actas, los cuadernillos, todo lo que usted ve cada tres años, lo imprimían los mismos cuatro compadres desde tiempos inmemoriales.
UN CÁRTEL, pero sin pistola, con impresora. Todo se descubrió luego de que la consejera presidenta del INE, Guadalupe Taddei, renunció entre acusaciones de amenazas, fotos con empresarios beneficiados y contratos que apestan a conflicto de interés. ¿La cereza? El Gobierno Federal tuvo que salir a precisar que Taddei no es de Morena, que su carrera la impulsó Lorenzo Córdova en 2014 cuando era presidenta del Instituto Electoral de Sonora.
O SEA, nos vendieron a la heredera de Córdova como si fuera de la 4T. Puro gatopardismo con credencial de elector. Ahora pide la presidenta que sea Talleres Gráficos de México quien imprima todo. Lo que siempre debió ser. ¿Por qué un órgano del Estado mexicano tenía que pagarles a particulares por imprimir la democracia? Ah, porque ahí estaba el negocio, mis queridos víboros.
PARALELAMENTE, en San Lázaro, los diputados de Morena y aliados aprobaron con 321 votos la Cuenta Pública 2024, último año del sexenio de Andrés Manuel López Obrador. ¿El resultado de la auditoría? 67 mil millones de pesos sin aclarar. Sesenta y siete mil millones. Con M de México y de me-lo-llevo. Pero tranquilos, la diputada del PT, Magdalena Núñez, ya explicó: el 91% de esas irregularidades son de estados y municipios. Traducción del Nido: no fue el Peje, fueron los gobernadores y alcaldes traviesos. Siempre es culpa del de abajo.
POR LO PRONTO, la cuenta está aprobada, la conciencia tranquila y el dinero… bueno, el dinero ya sabemos dónde no está. Y para ponerle salsa al taco, apareció Félix Salgado Macedonio, ese demócrata ejemplar, pidiendo cárcel para Taddei, Córdova y Murayama porque en 2021 le frenaron su candidatura a Guerrero. El senador con licencia, que no pudo ser gobernador por no comprobar gastos, ahora quiere que todos vayan al bote.
LA VENGANZA es un plato que se sirve frío, y en el Senado, con fuero. Así funciona el INE que nos heredó la transición democrática. El más caro del mundo, el más puro, el más ciudadano, resultó ser una imprenta de compadres. Cuatro empresas facturando cientos de millones por imprimir papel que termina en la basura después de la jornada. ¿Alguien revisó esas licitaciones? Claro que sí. Las revisaron los mismos que las otorgaban.
Y AHORA que los exhiben, todos se rasgan las vestiduras. Los consejeros amenazan con renunciar si tocan su autonomía. ¿Qué autonomía? ¿La de contratar a los cuates? ¿La de viajar en business class para observar elecciones en Guatemala? Sheinbaum los puso contra la pared: si suspendieron páginas web por una falla de PHP, ¿cómo no iban a suspender contratos por una falla de ética? La Agencia de Transformación Digital encontró el hilo, y al jalarlo, se vino toda la madeja.
LA LECCIÓN para Quintana Roo es brutal. Aquí también tenemos nuestro propio INE local, el IEQROO, con sus consejeros que cobran como si fueran magistrados de la Corte y sus licitaciones de papelería que nadie ve. ¿Cuántas empresas imprimen aquí? ¿Dos? ¿Una? Pregunten cuánto costó imprimir una boleta para la elección del Poder Judicial donde votaron tres y contaron mal. La diferencia es que allá en el INE eran cuatro coyotes. Aquí, con que haya uno, basta y sobra.
MORALEJA: la democracia en México es muy cara, víboros. Tan cara, que ya no alcanza para comprar tinta, pero sí para imprimir impunidad. Y que conste que no lo dice el Nido. Lo dice la Auditoría Superior de la Federación, la mañanera y las facturas que por fin alguien se atrevió a enseñar. A imprimir, pues. Pero ahora en Talleres Gráficos, no en la papelería de la esquina del compadre. Al final, no era el INE el que no se tocaba. Era el negocio. Se tocó. Y salieron cuatro coyotes corriendo con las boletas bajo el brazo.
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