Para Cárdenas: diez traiciones y un pésame
“Nunca exigimos incondicionalidad ni subordinación en nuestra relación.”
Cuauhtémoc Cárdenas, carta a Elena Poniatowska, 13 de septiembre de 2006
López Obrador lamenta la muerte de Cuauhtémoc Cárdenas. Lo llama precursor. Reconoce que sin él otra sería la realidad política del país. Tiene razón. Sin Cárdenas, su ascenso (la de AMLO) habría sido otro. Posiblemente también con su triunfo (el de Cárdenas en 1988) la realidad del país y de la izquierda mexicana no sería tan atroz como con Morena.
Lo que el tabasqueño omite es cuánto hizo para arrinconar al hombre y desfigurar su herencia. Yo hago el recuento de diez traiciones, aunque sé hay muchas más. Traiciones a la persona. A la lucha. Al proyecto democrático que le permitió llegar al poder.
1. Bartlett en la CFE. La más obscena. Poner al frente de una empresa estratégica al secretario de Gobernación que presidió la Comisión Federal Electoral en 1988. El hombre inseparable de la caída del sistema. Cárdenas aportó la legitimidad histórica. Bartlett recibió el nombramiento. La memoria del fraude servía para las plazas. En el gabinete estorbaba.
2. Quedarse con el PRD sin quedarse en el PRD. El partido de Cárdenas nació de una confluencia de izquierdas. AMLO lo utilizó como plataforma de su liderazgo y de sus candidaturas. Después se fue a construir Morena. La pluralidad quedó subordinada al proyecto personal. La decadencia perredista tuvo muchos responsables. López Obrador encontró cómo llevarse el capital político y dejarles las deudas. Una expropiación muy poco… cardenista.
3. La campaña de cada quien. En 2000, Cárdenas buscaba la Presidencia y AMLO la jefatura de Gobierno. El propio ingeniero dejó escrito que las campañas caminaron separadas. Recordó la resistencia de López Obrador a acompañarlo en Ciudad Universitaria. El respaldo del fundador era útil para subir. Acompañar al fundador ya resultaba menos urgente. La gratitud tenía agenda propia.
4. Hacer de la discrepancia una deslealtad. En 2006, Cárdenas denunció la intolerancia y la satanización en el entorno de López Obrador. También advirtió del costo del bloqueo de Reforma y del proyecto de gobierno alterno. No eran berrinches de un desplazado. Eran objeciones políticas. Pero el “Movimiento” que reclamaba democracia hacia fuera empezaba a exigir obediencia hacia dentro. El fundador podía apoyar. Cuestionar salía caro.
5. Declararlo adversario. En enero de 2023, ante su supuesta participación en Mexicolectivo, AMLO lo colocó entre los adversarios políticos del obradorismo. Después dijo que ignoraba que Cárdenas se había deslindado y aclaró que adversario no significaba enemigo. ¡Qué alivio! El hombre que abrió camino a la izquierda tuvo que pasar por la aduana ideológica de su beneficiario. A los 88 años. Y desde la mañanera.
6. Volverse contra la democracia electoral. Cárdenas luchó contra elecciones controladas desde el poder. AMLO llegó a la Presidencia con autoridades electorales autónomas y después impulsó reformas para reducirlas, debilitarlas y hacerlas añicos. El “Plan B” fue una expresión de esa ofensiva. El sistema merecía correcciones. Lo que recibió fue una campaña de demolición. La autonomía dejó de ser conquista cuando empezó a incomodar al conquistador.
7. Confundir instituciones con obstáculos. Su iniciativa de febrero de 2024 propuso desaparecer organismos como el INAI y devolver funciones al aparato gubernamental. El vigilado recuperaría facultades del vigilante. Magnífica austeridad: ahorrarse las preguntas. La apertura democrática buscó poner límites a la Presidencia. El obradorismo se dedicó a presentar esos límites como una conspiración contra el pueblo.
8. Usar el apellido Cárdenas para envolver a Pemex. El ingeniero reclamaba autonomía presupuestal y de gestión, transición energética y una apuesta mayor por la petroquímica. AMLO privilegió la refinación y el mando político. No basta invocar la expropiación para acreditar una política petrolera. Una empresa nacional necesita viabilidad. El nacionalismo de templete puede prescindir de ella. Total, la factura también es de la nación. Como casi todas la patrañas del mesías.
9. Dejar pendiente la redistribución de fondo. Cárdenas insistió en una reforma fiscal. López Obrador terminó su gobierno sin emprender una reforma progresiva de alcance estructural. Las transferencias sociales importan. Pero no sustituyen la transformación de las reglas que concentran la riqueza. Se podía pronunciar primero los pobres todos los días y dejar para después una discusión incómoda: quién debe pagar más.
10. Entregar más poder a los militares. Cárdenas cuestionó una estrategia de seguridad cuyos resultados consideraba insatisfactorios y defendió el mando civil. AMLO extendió las tareas militares y terminó su mandato con la Guardia Nacional adscrita a Defensa. La promesa de transformar la seguridad acabó reforzando el instrumento que debía revisarse. El uniforme adquirió nuevas funciones. La rendición de cuentas no creció a su medida.
Giro de la Perinola
No hace falta —ni pretendo hacerlo— convertir a Cárdenas en santo para reconocer la deuda. Tampoco hace falta fingir que nunca coincidieron. La traición está en reclamar su autoridad histórica mientras se combate su independencia y se desanda su obra. Ahora AMLO puede honrarlo sin recibir una objeción de viva voz. El precursor ya no puede corregir al heredero. Qué cómodo resulta el respeto cuando llega con un pésame. Hipócrita y malagradecido. La peor combinación.
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