Banco de Alimentos reparte comida sana en Quintana Roo
- El Banco de Alimentos atiende actualmente a 18 mil personas al año, 4 mil más que al inicio de 2026. Su capacidad depende de la cantidad de productos que consigue rescatar mediante donaciones.
OMAR ROMERO
CANCÚN, Q. ROO.- Un desayuno de pan y café puede calmar el hambre de un estudiante, pero no cubre sus necesidades nutricionales. Para algunos trabajadores de la construcción, la comida puede reducirse a totopos y refresco. Nada sano.
Son ejemplos de una realidad que enfrenta el Banco de Alimentos de Quintana Roo: familias que logran comer, pero que por falta de recursos no pueden acceder a una alimentación variada y nutritiva.
La organización atiende actualmente a 18 mil personas al año, 4 mil más que al inicio de 2026. Su capacidad para ampliar la cobertura depende de la cantidad de productos que consigue rescatar mediante donaciones de empresas, comercios, hoteles, restaurantes y productores.
Miguel Gutiérrez, director de Cáritas de Quintana Roo y del Banco de Alimentos estatal, explicó que muchas de las familias beneficiarias no necesariamente carecen por completo de comida, sino que tienen dificultades para adquirir productos como leche, carne, frutas y verduras, indispensables para complementar su alimentación.
“Regularmente las personas que están con nosotros es porque no tienen una variedad”, señaló.
El problema se refleja también en la alimentación de niñas y niños que acuden a la escuela, quienes pueden consumir alimentos que aportan calorías, pero no todos los nutrientes necesarios para su desarrollo.
Entre los trabajadores de la construcción, agregó, también hay casos en los que la comida se limita a productos de bajo costo, pero incluso dañinos para la salud.
“A lo mejor unos totopos, un refresco de cola y hasta ahí para de contar”, describió Miguel Gutiérrez al referirse a los hábitos alimenticios que han identificado entre algunas personas atendidas.

MÁS ALLÁ DE LOS INGRESOS
Para determinar qué familias requieren apoyo, el Banco de Alimentos realiza estudios socionutricionales que no se limitan a revisar cuánto dinero perciben sus integrantes.
También evalúa la variedad de su dieta, la frecuencia con la que consumen proteínas, las condiciones de vivienda y el acceso a servicios básicos.
El procedimiento incluye preguntas sobre si las personas han tenido que irse a dormir con hambre o si consideran que su alimentación debería ser más variada.
La información se incorpora al Sistema Integral de Gestión Operativa (SIGO), utilizado por la Red Mexicana de Bancos de Alimentos para clasificar las necesidades de cada hogar.
Miguel Gutiérrez explicó que las condiciones de vivienda también pueden influir en la calidad de vida de las familias; en Cancún, dijo, hay hogares donde dos núcleos familiares comparten una misma vivienda y llegan a concentrar a siete u ocho personas en las mismas instalaciones.
“Esto significa que pueden ser siete u ocho personas que comparten las mismas instalaciones y eso hace que uno no tenga la alimentación que deben de tener”, explicó.

EL RESCATE DE ALIMENTOS
La organización identifica comunidades con carencias a partir de información estadística y visitas de trabajo social.
Después realiza estudios individuales y forma grupos comunitarios que organizan la distribución de los paquetes alimentarios, generalmente cada quince días.
Para sostener esta atención, el Banco de Alimentos recupera productos a lo largo de la cadena de distribución, desde el campo y las centrales de abasto hasta supermercados, hoteles, restaurantes e industrias alimentarias.
Los alimentos se trasladan en vehículos refrigerados para mantener la cadena de frío; una vez en las instalaciones, pasan por procesos de selección, limpieza, clasificación y almacenamiento antes de ser integrados a los paquetes.
En promedio, la organización rescata 175 mil kilogramos de alimentos, de acuerdo con Miguel Gutiérrez.
Entre los productos que recibe hay abarrotes, bebidas, jugos, frutas, verduras y carne. Como parte de estas acciones, durante la semana de la presente entrevista se esperaba la llegada de un cargamento de 30 toneladas de plátano procedente de un donador de Tabasco.
El director del Banco de Alimentos aseguró que los productos se someten a controles de inocuidad y que el personal recibe capacitación para su manejo.
Muchos de los alimentos donados tienen una fecha de consumo preferente próxima o presentan daños estéticos en sus empaques, sin que esto signifique que hayan dejado de ser aptos para el consumo.
“Regularmente lo que necesitamos o tiene una fecha muy corta del consumo preferente, digamos, una semana, o es algún tema estético, que la caja está dañada, que la botella está un poquito apretada”, detalló.
La recuperación también tiene un beneficio ambiental, pues evita que alimentos aprovechables terminen como residuos y permite utilizar recursos que fueron necesarios para producirlos, como agua, tierra y trabajo.
Además, la descomposición de los alimentos desperdiciados genera gases de efecto invernadero.
MAYOR NECESIDAD DE DONACIONES
El incremento de 14 mil a 18 mil personas atendidas durante 2026 representa un reto para la organización, pues cada nuevo beneficiario requiere aumentar el volumen de alimentos disponible.
Miguel Gutiérrez explicó que el objetivo es entregar paquetes suficientes y variados, por lo que ampliar el padrón sin contar con más productos podría comprometer la capacidad de atención.
“El reto siempre va a ser que, para poder tener más gente, necesitamos más alimento”, afirmó.
En 2025, recursos del Fideicomiso del Bienestar permitieron fortalecer la infraestructura de refrigeración y congelación, además de ampliar la capacidad de transporte.
Sin embargo, el director señaló que el crecimiento de la organización depende también de sumar más empresas y personas a las donaciones.
El llamado está dirigido a establecimientos que tienen productos que ya no pueden comercializar por cuestiones de inventario o presentación, aunque continúan siendo aptos para el consumo.
De acuerdo con Miguel Gutiérrez, donar puede ser una alternativa para aprovechar esos alimentos en lugar de destruirlos, siempre que se cumplan los requisitos sanitarios correspondientes.
“La donación de alimentos es una forma más de distribución de alimento”, sostuvo.
La organización también busca sumar donaciones individuales de productos básicos como frijol, arroz, pasta y avena para enriquecer los paquetes.
Con 18 mil personas atendidas al año, el Banco de Alimentos enfrenta una doble tarea: recuperar productos que de otra manera podrían desperdiciarse y ayudar a que más familias tengan acceso no sólo a comida, sino a una alimentación de mejor calidad.
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