Al norte del futuro
Se podría decir que la ciencia ficción bajacaliforniana surge con Narciso Genovese y su novela Yo he estado en Marte, publicada en 1958, pero realmente se consolida como una expresión creativa en los años ochenta del siglo XX, cuando aparecen escritores que no sólo dan a conocer narraciones enmarcadas en este género literario, sino que también lo difunden y lo analizan en cuanto medio tienen a su alcance. Recordemos aquí que, en el verano de 1988, en el transcurso del Encuentro de Literatura de las Fronteras en el Centro cultural Tijuana, Sergio Gómez Montero señala que la frontera es un “lugar de encuentros y desencuentros; de manifestación de tendencias vanguardistas... un verdadero laboratorio (donde) la literatura se recicla de manera incesante”. Allí mismo, Jesús Guerra (ciudad de México, 1961) presenta su ponencia “La narrativa del futuro y las fronteras”, donde expone la situación de la ciencia ficción en nuestro país tanto a nivel nacional y regional. Para Guerra, el problema principal que enfrenta este género en México es que “como lectura, ya se le reconoce, gracias a un proceso que llevó décadas, su valor literario. Pero en lo que respecta a escribirla, ¿por qué se rechaza manejar algo que se considera bueno, excelente incluso, siempre y cuando sea de autores extranjeros?
Junto a Narciso Genovese y a Jesús Guerra, yo he sido uno de los pocos autores de mi generación, la de los nacidos en los años cincuenta y que nos dimos a conocer con el boom de la cultura fronteriza de los años ochenta, que ha mantenido a la ciencia ficción como prioridad narrativa, como reflexión ensayística. Desde la periferia de la cultura nacional he buscado mostrar que este género literario tiene mucho que aportar a las letras mexicanas en cuanto a creatividad, perspectivas novedosas y visiones alternativas de nuestra propia realidad. En los años ochenta soy productor, junto con Silvia García, de un programa de Radio Universidad UABC, Había una vez…Memorias del futuro (1983-1986), donde se examinan las principales obras de la ciencia ficción y la fantasía. En 1991, yo mismo publico La ciencia ficción: literatura y conocimiento, un extenso ensayo sobre este género literario, y Miríada, un libro de cuentos que incluía textos publicados desde la década de los años ochenta en revistas como Ser ahí (1984) y en publicaciones como La isla de los magos (1988). Este último libro era una novela corta sobre luchas de poder en un lejano planeta.
En términos generales podemos ver que el reto verdadero de la ciencia ficción bajacaliforniana es, ya en los años ochenta del siglo XX, el de hacer buena literatura, en ir más allá de lo ya establecido, sí, pero con capacidad de captar la realidad en todas sus complejidades y contradicciones. Ya esté situada la acción en el pasado más remoto o en el distante futuro, esta debe ser creíble en lo que cuenta y, a la vez, debe hacer deseable lo que se describe no sólo como un misterio a resolver sino como un escaparate de la condición humana, como un espejo maravilloso y terrible, donde destacan, íntegras o distorsionadas, nuestras esperanzas y carencias, nuestras luces y sombras, la suma total o fragmentaria de nuestra precaria individualidad, de nuestra sociedad en lucha consigo misma. Si algo da validez a estos géneros es que su esencia narrativa es el conflicto humano, el enfrentamiento con lo desconocido. Esas partes de nuestro mapa mentaldonde aún hay dragones aguardando para devorarnos. Esos sitios de nuestra conciencia donde el futuro es el pasado quevuelve con una vieja sabiduría, con unanueva incertidumbre.
Los pasos que se dan en los añosochenta sirven para consolidar la ciencia ficción en la frontera norte, desde Baja California hasta Tamaulipas, con autores como Lauro Paz, Gerardo Cornejo,Arturo Casillas o Guillermo Lavín. Y esto se puede comprobar cuando aparece lafamosa antología de Federico Schaffler,Más allá de lo imaginado (1990), donde elnorte predomina como la fuerza impulsora de una nueva narrativa del futuro porimaginar, donde la frontera es punto departida de nuevas creaciones literarias.Por eso es que la ciencia ficción -y habríaque añadir aquí la narrativa policiaca- seimplanta tan bien en el espacio fronterizo. Es que la frontera es una zona franca,un territorio de portentos y misterios, unlaboratorio de los múltiples futuros porhacer, una dimensión desconocida dondetodo puede pasar, incluso la realidad. Esecosmos sin más pasaporte que la imaginación.
*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.
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