¿Cómo funcionan los antidepresivos? Aún no lo sabemos

Autor: Awais Aftab
Así es como psiquiatras como yo analizamos las hipótesis más prometedoras.
Últimamente, la conversación pública en torno a los antidepresivos se ha centrado en gran medida en si hay que dejarlos y en cómo hacerlo.
El secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., ha hecho de la deprescripción, o la reducción gradual supervisada de los medicamentos, un enfoque de política.
Kennedy y otros críticos de los antidepresivos argumentan que los medicamentos se recetan en exceso y tienen efectos secundarios peligrosos.
La comunidad médica, sin embargo, los considera tratamientos efectivos y necesarios para personas con una amplia gama de trastornos mentales, que incluyen depresión, ansiedad y trastorno obsesivo-compulsivo.
Pero debajo de este debate yace una pregunta más fundamental que la ciencia aún no ha respondido de manera concluyente: ¿cómo funcionan exactamente los antidepresivos?
¿Qué sabemos sobre cómo funcionan los antidepresivos?
Durante décadas, la comprensión pública de los antidepresivos ha estado atrapada en una narrativa popularizada por la publicidad farmacéutica en la década de 1990: que funcionan al corregir una deficiencia química en el cerebro.
Pero la evidencia de los estudios de investigación ha sido clara desde al menos principios de la década de 2000 —si no antes— de que esa no es la manera en que funcionan los antidepresivos.
Los médicos recetan los medicamentos porque décadas de datos de estudios y reportes de pacientes muestran que pueden aliviar los problemas de salud mental de las personas. Pero los médicos y científicos no tienen una comprensión clara de cómo lo hacen.
Eso puede ser sorprendente, pero es el caso de muchos tipos de medicamentos, como el acetaminofén y los anestésicos generales.
Aun así, entender cómo funcionan los antidepresivos es importante no solo para educar al público, sino también para promover la investigación científica sobre por qué los medicamentos no son efectivos para todos y cómo desarrollar más tratamientos.
Los científicos hoy en día trabajan con varias explicaciones prometedoras
Ninguna hipótesis es ciencia zanjada y algunas pueden ser refutadas el día de mañana. Pero juntas reflejan el entendimiento más sólido que la medicina posee en la actualidad.
Comencemos con la pizca de verdad en la historia del desequilibrio químico.
Los antidepresivos como los ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) y otros sí aumentan los niveles de ciertas sustancias químicas del cerebro llamadas neurotransmisores.
Pero, hasta donde sabemos, no están corrigiendo una deficiencia química.
En cambio, sus efectos beneficiosos parecen surgir de una cascada de cambios que desencadenan dentro de las células nerviosas, los cuales luego alteran la actividad de los circuitos cerebrales y nuestros patrones de pensamiento.
La depresión y la ansiedad parecen implicar un cambio en cómo una persona procesa la información emocionalmente significativa.
- Las expresiones faciales neutrales adquieren una vibra con mayor desaprobación y crítica.
- Los recuerdos negativos se recuerdan con más facilidad que los positivos.
- Las recompensas se sienten atenuadas, mientras que las críticas se sienten demasiado dolorosas.
Es común que las personas con depresión o ansiedad se sientan atrapadas en un bucle persistente de negatividad.
Investigadores de la Universidad de Oxford han mostrado que los antidepresivos cambian este procesamiento de información emocional negativa hacia una dirección positiva.
Este efecto se vuelve evidente con bastante rapidez después de que una persona comienza a tomar antidepresivos: en cuestión de días, a veces después de una sola dosis.
Pero este cambio en cómo se procesa la información emocional no es suficiente para sacar a las personas de un estado de depresión o ansiedad
Lo que sigue suele ser un periodo durante el cual las personas vuelven a aprender a verse a sí mismas y al mundo.
Una vez que ya no filtran todo a través de lentes negativos, sus cerebros pueden acumular gradualmente más experiencias neutrales o positivas sobre sí mismos y el mundo que los rodea.
El entorno de una persona medicada juega un papel crucial en este reaprendizaje. Las personas con mayor apoyo social y relaciones interpersonales positivas, incluida la psicoterapia, tienden a beneficiarse más de los medicamentos.
Relacionada con estos cambios en el procesamiento emocional está la idea, popularizada por el psiquiatra Peter Kramer, de que los antidepresivos reducen el neuroticismo, una disposición de la personalidad hacia la preocupación, las emociones negativas y la sensibilidad al estrés.
En un ensayo clínico, los pacientes que tomaban un ISRS llamado paroxetina mostraron reducciones sustanciales en el neuroticismo que no se explicaban simplemente por la mejora en la depresión.
Otra forma en la que podrían funcionar los antidepresivos involucra la mejora de la neuroplasticidad, o la capacidad del cerebro para reorganizar su estructura y conexiones
El tratamiento continuo con antidepresivos podría reforzar las sustancias químicas y los procesos del cerebro que promueven la neuroplasticidad.
(Se cree que los psicodélicos funcionan como tratamiento para la depresión y la ansiedad, en parte, por una razón similar).
La hipótesis es que los medicamentos abren una “ventana” de plasticidad a través de la cual el cerebro tiene una capacidad renovada para cambiar la forma en que está conectado.
Los pacientes tratados con antidepresivos a menudo se sienten más maleables mentalmente y en mejores condiciones de alejarse de patrones de pensamiento inútiles.
Algunos investigadores han propuesto que deberíamos pensar en los antidepresivos como algo que alivia una especie de estreñimiento cognitivo.
Actualmente, la evidencia sobre la neuroplasticidad sigue siendo objeto de debate.
Pero la hipótesis de que los antidepresivos alteran la facilidad con la que el cerebro aprende de la experiencia al facilitar la neuroplasticidad sigue siendo una candidata principal para explicar por qué funcionan.
También es bien sabido que los antidepresivos pueden aplanar las emociones como efecto secundario
En una encuesta a más de 700 personas que tomaban un antidepresivo, casi la mitad atribuyó el embotamiento emocional a su medicamento y aproximadamente un tercio estaba considerando suspenderlo por esa razón.
Con los ISRS, los voluntarios sanos tienden a dejarse influir menos por las recompensas y los reveses.
Hay un popular meme en las redes sociales en el que videos de personas que responden con calma a situaciones amenazantes, como incendios o disparos, reciben comentarios como: “¿Qué dosis de Lexapro es esta?”.
Algunos argumentan que este embotamiento emocional es la forma en que funcionan los antidepresivos y que los medicamentos no tratan los problemas de salud mental, sino que más bien amortiguan los sentimientos, tanto positivos como negativos.
Esta afirmación no está bien respaldada por los estudios disponibles, pero es posible que los antidepresivos de todos modos funcionen en algunos pacientes al atenuar sus emociones en general.
No es solo los medicamentos
Cualquier discusión sobre cómo funcionan los antidepresivos también debe reconocer que la investigación muestra que factores como el optimismo sobre el tratamiento, la expectativa de alivio, una relación positiva con el médico, el paso del tiempo y el contacto regular con el personal médico contribuyen a una proporción sustancial de la mejora de las personas.
Si bien los antidepresivos superan a los placebos y tienen efectos específicos, la diferencia con el placebo para el paciente promedio es modesta.
Los buenos médicos son conscientes de esto y prestan atención a cómo recetan los medicamentos.
Se ganan la confianza de sus pacientes, trabajan de manera colaborativa, fomentan una esperanza realista, abordan de forma proactiva las posibles preocupaciones y se comunican de manera frecuente y empática durante el tratamiento.
Todas estas explicaciones no son necesariamente contradictorias, sino que se entienden mejor como descripciones complementarias de procesos que se desarrollan en diferentes niveles en distintas personas.
Un tema común entre estas hipótesis es que los antidepresivos alteran las condiciones bajo las cuales las personas interactúan con el mundo y con sus emociones.
Los antidepresivos pueden hacer que las circunstancias parezcan menos amenazantes; suavizan la sensibilidad al estrés y aflojan los patrones rígidos de pensamiento, lo que permite a las personas escapar de ellos.
Lo que muchas de estas hipótesis sugieren es que la medicación por sí sola no es suficiente. El tratamiento con medicamentos debe complementarse con los cambios psicológicos y sociales adecuados.
Podemos pensar en el antidepresivo aquí como un yeso o un andamio: se puede quitar una vez que el trabajo de curación y reparación esté completo.
Para las personas con episodios aislados de depresión, esta estrategia funciona mejor.
Pero, para otros con problemas persistentes, basados en el temperamento o el entorno, es posible que la medicación deba ser más como un contrafuerte: un soporte permanente y necesario para mantener el edificio en pie.
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