Informe oficial: ya se evacuaron 147.500 vacunos y búfalos de las zonas inundadas del Litoral
Las crecidas de los ríos Paraná y Uruguay ya obligaron a evacuar 147.500 vacunos y bubalinos de zonas anegadas de Corrientes, Chaco, Entre Ríos, Santa Fe y las islas de Buenos Aires, según un balance del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa). La cantidad de animales movilizados desde agosto supera en un 102% la registrada en el mismo período de 2025. Detrás de esa cifra hay productores que deben retirar la hacienda de las islas donde aprovechan las pasturas para recriarla y engordarla, conseguir transporte y encontrar campos donde continuar la producción.
El operativo demandó 7448 traslados, formalizados mediante la emisión del Documento de Tránsito electrónico (DT-e) y la inscripción en el Registro Nacional Sanitario de Productores Agropecuarios (Renspa). El organismo sanitario prevé que los movimientos continúen a medida que evolucione la situación hídrica que podría profundizarse en los próximos meses. Mientras tanto, las entidades rurales describen una salida que, aunque en distintos lugares se desarrolla con mayor organización que en otras crecientes, suma costos y obliga a interrumpir el aprovechamiento del forraje.
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Berardo Vignatti, presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Santa Fe (Carsfe), estimó que allí ya se evacuó cerca del 70% de los animales de las islas. La creciente llegó después de un invierno húmedo que había favorecido la disponibilidad de pasto y cuando comenzaba una etapa de mayor ingreso de hacienda. “Nosotros, en una fábrica a cielo abierto, no podemos evacuar todo y esperar de brazos cruzados a que venga la inundación, porque puede venir dentro de siete meses, puede no venir o puede venir la semana que viene”, dijo Vignatti a LA NACION. Hasta estos días había una cantidad considerable de hacienda en las islas. La dificultad, señaló, es decidir cuándo salir sin resignar anticipadamente la producción.
“Este año se dio la particularidad de que, como fue un invierno húmedo, las islas estaban con buena disponibilidad forrajera. Incluso estaba entrando la primavera, que es el momento del año en el que se aprovecha para cargar animales”, explicó.

Cuando sube el agua, hay que actuar rápido: reunir la hacienda, conseguir gente que conozca las islas y buscar barcazas para trasladar los animales a tierra firme. “Ahí es donde se genera el cuello de botella: conseguir gente especializada, que conozca la isla, y el tema de las barcazas”, describió.
Carsfe trabajó con el gobierno provincial para anticipar dificultades y también hubo gestiones con astilleros locales. Aun así, la disponibilidad de embarcaciones se vuelve insuficiente cuando muchos productores necesitan retirar los animales al mismo tiempo. “Nos sorprendió para bien que fuera todo mucho más ordenado que en otros años”, evaluó. Pero esa organización no elimina el impacto económico: a la salida de las islas le sigue la búsqueda de campos para alquilar, además de los gastos de transporte y alimentación. En esta época del año buena parte de la hacienda todavía necesita continuar su recría o engorde, por lo que no puede enviarse directamente a faena. “Si esto hubiese pasado cuatro meses más adelante, la mayoría de los animales hubiesen salido gordos, directamente para frigoríficos. Todos esos costos extra, que uno no tiene contemplados, pueden complicar al productor agropecuario”, explicó. A eso se suma el riesgo de perder animales durante la emergencia.

En Entre Ríos, Martín Sieber, director de Producción Animal de la provincia, señaló que la anticipación permitió reducir el ingreso de hacienda y organizar retiros graduales. “Ha salido mucha hacienda y la anticipación del fenómeno ha hecho que no ingresen animales y que se vaya sacando paulatinamente durante el año”, indicó. El movimiento se intensificó recientemente. “Estas últimas tres semanas los barcos han sacado mucho y siguen sacando, pero hasta ahora dentro de la normalidad”, agregó el funcionario. Esa perspectiva lleva a que las decisiones varíen según la altura de cada isla. Sieber consideró que los productores retirarían primero los animales de los sectores bajos, mientras que quienes tienen hacienda en terrenos más altos podrían esperar la evolución del río.
De acuerdo con un pronóstico hidrométrico citado por Sieber, en el puerto de Paraná, el río se encontraba en 4,16 metros el 27 de octubre, por debajo de los 4,70 metros del nivel de alerta. Para el 3 de noviembre, la proyección central era de 4,46 metros, con un máximo previsto que podía alcanzar el umbral de alerta. Para el 10 de noviembre, el escenario central subía a 4,59 metros, mientras que el máximo proyectado llegaba a 5 metros, correspondiente al nivel de evacuación.
Sergio Dalcol, presidente de la Federación de Asociaciones Rurales de Entre Ríos (Farer), coincidió en que los retiros avanzan a buen ritmo, especialmente en el norte y el centro provincial. Según precisó, en las islas y los campos bajos continentales cercanos al río había unas 420.000 cabezas, de las cuales algo menos de la mitad se encontraba en territorio isleño.

“Hacia el sur todavía falta al menos 15 días para que llegue el agua”, señaló. También aclaró que parte de la hacienda de los campos bajos continentales puede retirarse por camión, sin necesidad de utilizar barcazas.
En Corrientes, desde la Sociedad Rural provincial estimaron que se había retirado aproximadamente la mitad de la hacienda de las islas, unas 30.000 cabezas. Por separado, señalaron que los movimientos generales desde las zonas ribereñas rondaban las 150.000 cabezas.
Los ruralistas coincidieron en que la estabilidad del Paraná podría moderar nuevas salidas, porque no todas las islas quedan completamente cubiertas por el agua. También indicaron que la situación de los ríos internos era dispar, con algunos cursos crecidos y otros todavía bajos. Vignatti, por caso, describió una pausa similar después de una suba rápida que había acelerado los retiros. Según dijo, esa estabilización permitió que “algunos productores continuaran evacuando con más tiempo”, mientras otros aguardaban para decidir qué hacer con los animales que permanecían en las islas más altas.
Por otro lado, el Senasa informó que se prevén medidas excepcionales para que determinados requisitos sanitarios puedan completarse cuando la hacienda llegue al establecimiento de destino. El organismo recomendó identificar previamente potreros altos, asegurar alimento y agua potable e iniciar los traslados entre 24 y 48 horas antes de la llegada del agua. También aconsejó realizar los arreos en grupos reducidos.
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