El triple impacto ambiental de Punta Paraíso: tortugas, duna y escombros en San Pancho
El deterioro de las estructuras de Punta Paraíso en Nayarit, no solo exhibe los efectos del oleaje sobre un desarrollo inmobiliario construido junto al mar. También pone sobre la mesa tres problemas ambientales: la protección de las tortugas marinas, la alteración de la duna costera y el riesgo de que los escombros terminen dispersos en la playa y el océano.
El 21 de octubre de 2026, dos de las torres del complejo residencial, ubicado en San Francisco, conocido como San Pancho, presentaron daños estructurales graves tras el embate del oleaje. Una de las construcciones comenzó a desmoronarse y quedó inclinada hacia el mar. La Profepa atribuyó el daño a huracanes y tormentas.
El episodio ocurrió después de años de denuncias de habitantes y ambientalistas sobre la construcción en la zona costera. El 7 de octubre, un tribunal federal había confirmado las sanciones impuestas por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) a la empresa Pacific Lifestyle Properties: demoler dos torres, restituir 1,466 metros cuadrados de terrenos ganados al mar y pagar una multa de 96,220 pesos.
Según la Profepa, la concesión otorgada por la Semarnat en 2009 exigía mantener el área en estado natural, y su modificación de 2014 solo permitía usos recreativos y ornamentales, no la construcción de torres. El representante legal de la empresa, Carlos Lemus, ha sostenido que cuenta con todos los permisos, según N+.
Ahora, además de atender la emergencia estructural, el desafío es determinar cuánto puede afectar el deterioro de las construcciones a un ecosistema que cumple funciones esenciales para la vida marina y la protección natural de la costa.
Tortugas marinas: una zona de anidación bajo presión
San Pancho es una playa donde las tortugas marinas llegan a desovar. Por eso, las modificaciones en la arena, la presencia de obstáculos y las actividades de construcción o retiro de materiales deben considerar la protección de estos animales.
Desde 2018, habitantes y ambientalistas protestaron por la obra. Letreros del gobierno en la playa indican que es un sitio de especies protegidas y zona tradicional de desove de tortugas, y la manifestación de impacto ambiental del proyecto reconoció especies protegidas conforme a la NOM-059-SEMARNAT.
Con las estructuras ahora deterioradas, existe preocupación por los posibles efectos de los fragmentos de construcción, las maniobras de emergencia y la maquinaria sobre la arena y las zonas donde pudieran encontrarse nidos.
La NOM-162-SEMARNAT-2012 establece medidas para proteger las poblaciones de tortugas marinas en sus hábitats de anidación. Por ello, cualquier intervención debe contemplar medidas de protección adecuadas para evitar afectaciones adicionales.
Sin embargo, todavía es necesario contar con una evaluación de campo que permita establecer si el deterioro de Punta Paraíso ha afectado nidos, huevos o ejemplares. Sin ese diagnóstico, no es posible cuantificar el daño específico a las tortugas.

La duna costera: una barrera natural que no puede sustituirse fácilmente
El segundo impacto está relacionado con la duna costera, un sistema natural que ayuda a amortiguar la energía del oleaje, almacena arena y contribuye al equilibrio de las playas.
Aunque suele pasar inadvertida frente a las construcciones, la duna forma parte de la protección natural de la costa. Cuando se modifica mediante excavaciones, remoción de arena u ocupación del terreno, puede alterarse su capacidad para responder a la dinámica del mar.
En 2018, el ambientalista Erik Saracho afirmó que el edificio se construía sobre la duna. Años después, el oleaje alcanzó los cimientos de las estructuras.
La procuradora federal de Protección al Ambiente, Mariana Boy Tamborrell, atribuyó el daño al avance del mar y a la erosión que alcanzó los cimientos del edificio; la Profepa también mencionó huracanes y tormentas.
Aunque se necesitan estudios técnicos para determinar la contribución de cada factor al deterioro de la costa, el caso pone en evidencia la vulnerabilidad de las construcciones situadas en zonas expuestas al oleaje.
La pérdida o alteración de una duna no implica únicamente un cambio en el paisaje. También puede modificar el movimiento de la arena y las condiciones de estabilidad de la playa.
Por eso, la restauración de Punta Paraíso no debería limitarse al retiro de las estructuras. También requiere evaluar las condiciones actuales del terreno, identificar las áreas que necesitan recuperación y determinar qué medidas permitirían restablecer, en la medida de lo posible, las funciones naturales de la duna.
Escombros en la playa y el mar: ¿qué pasará si las torres terminan de caer?
El tercer impacto es el riesgo que representa la dispersión de materiales de construcción. El concreto, el acero, el vidrio y otros residuos pueden convertirse en obstáculos físicos para la fauna y alterar el entorno costero si quedan abandonados en la arena o llegan al mar.
En Punta Paraíso, la preocupación aumenta porque las estructuras están expuestas al oleaje y presentan daños que podrían agravarse. A diferencia de una demolición planificada, un colapso no controlado puede dispersar materiales de manera imprevisible y complicar su recuperación.
El 21 de octubre, la Profepa informó que participaba en la coordinación con Protección Civil y otras autoridades para establecer medidas de atención a la emergencia, priorizando la seguridad de las personas y procurando reducir los impactos ambientales.
El desafío es doble: evitar accidentes y prevenir que las labores de emergencia o el desplome de las estructuras generen nuevas afectaciones al ecosistema.
Para ello, resulta necesario evaluar la estabilidad de los edificios, identificar los materiales que podrían desprenderse y establecer un plan de retiro de escombros que contemple la protección de la playa y de las especies que habitan en ella.
Hasta ahora, no se cuenta con información suficiente para cuantificar qué cantidad de materiales ha llegado al mar ni para determinar la magnitud de una posible contaminación. Esa evaluación es fundamental para conocer las consecuencias reales y definir las medidas de restauración.
¿Qué sucederá si se derrumba antes de tiempo?
La orden judicial de demoler dos torres de Punta Paraíso y restituir el terreno afectado representó un avance después de años de controversia. Sin embargo, el deterioro de las estructuras plantea un escenario distinto: el mar podría terminar de derribarlas antes de que se ejecute una intervención controlada.
El plazo para ejecutar la demolición es de un año y presuntamente se realizará de manera gradual.
Si eso ocurre, los materiales podrían dispersarse sobre la playa y en el océano, dificultar las labores de limpieza y aumentar los riesgos para la fauna costera. La magnitud de las consecuencias dependerá de cómo se produzca el colapso, de los materiales involucrados y de las condiciones del ecosistema.
Por eso, el caso requiere algo más que atender una emergencia estructural. Es necesario evaluar los daños, retirar los escombros de manera segura y establecer un plan de restauración que contemple la duna costera y la protección de las tortugas marinas.
Punta Paraíso deja una pregunta que va más allá de sus edificios: ¿quién se hará responsable de recuperar el entorno natural y cómo se garantizará que la solución no provoque nuevos daños?
Porque cuando una construcción cae frente al mar, el problema no termina con el derrumbe. Comienza la tarea de determinar qué quedó afectado, cuánto puede recuperarse y qué medidas deben tomarse para que la playa vuelva a cumplir sus funciones naturales.
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