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El duro adiós a Fátima en el PP: «Se lo echaba todo a las espaldas y siempre con una sonrisa»
«Se lo echaba todo a las espaldas, sin perder el sentido del humor. Muchas veces eran malas noticias, marrones, pero lo afrontaba. Siempre con una sonrisa. Te animaba a ti si estabas preocupado. ¡Venga hombre, que esto lo sacamos adelante!». La pérdida de Fátima Báñez, exministra de Trabajo en los dos gobiernos de Mariano Rajoy (2011-2018), ha dejado roto al Partido Popular. El destrozo es mayúsculo. Sus compañeros del Consejo de Ministros –algunos amigos del alma desde hace años–, los técnicos con los que trabajó en su ministerio, los dirigentes actuales del PP con los que coincidió en etapas pasadas, la actual cúpula, empezando por Alberto Núñez Feijóo, y el PP andaluz que ahora capitanea Juanma Moreno. Nadie ha podido asimilar aún lo que implica la tragedia, que ahora se ha vuelto personal para todos ellos. Desde que se confirmó su presencia en el tren Iryo del siniestro, a primera hora de la mañana del miércoles, la incertidumbre fue brutal. La espera se hizo demasiado larga. Nadie quería escuchar ese desenlace. Y la confirmación de su fallecimiento ha dejado en 'shock' a un partido que ella siempre trató de unir, coser, en el que limó asperezas, frenó egos entre ministros y calmó a los bandos que siempre surgen dentro de un Gobierno. Mantuvo lealtades, incluso en momentos difíciles, superó mazazos, puso buena cara a las decepciones. «Y remó. Siempre remó por el Partido Popular. Sin excepción», aseguran todos los dirigentes consultados por ABC.«Fátima no ha cambiado. Siempre fue igual. Cercana, una fuerza de la naturaleza. Trabajaba sin descanso, sabía parar si las cosas se enconaban. Le obsesionaba llegar a acuerdos. Se creía de verdad la necesidad de pactar, de que todas las partes cedieran. De encajar intereses. Tenía mucha sensibilidad. Y era así siendo ministra, cuando dejó de ser ministra, cuando se fue de la política y ahora en CEOE. Nunca cambió», recuerda uno de sus colaboradores más estrechos.Jugó un papel clave en el primer gabinete de Mariano Rajoy. Se puso al frente del Ministerio de Trabajo cuando la recesión acechaba y el paro no dejaba de crecer. Impulsó una reforma laboral valiente, muy contestada por los sindicatos –con los que mantuvo una relación impecable– y que a pesar de las críticas del Gobierno, muchos de sus pilares se mantuvieron en la posterior reforma laboral de Yolanda Díaz. Después de la moción de censura concurrió al lado de Soraya Sáenz de Santamaría a las primarias que terminó ganando Pablo Casado. Fue la única ministra de Rajoy que el nuevo líder del PP pudo integrar durante unos meses. Ella aceptó, también por el partido. «Siempre estaba ahí. El PP de verdad, por encima de todo». Meses después, antes de la repetición de las elecciones del 28 de abril de 2019 –para las que hubo movimientos en las listas difíciles de entender– decidió dejar abandonar la política. Lo habían hecho otros muchos compañeros también. Se terminaba una etapa. «Resolutiva. Se arremangaba»Aún así, nunca dejó de estar en la órbita más cercana al partido. Cuando Feijóo en 2022 dio el paso a presidir el partido, la quería cerca. Siempre estuvo en las quinielas principales. Permaneció en la CEOE, pero desde fuera «echaba una mano en lo que fuera posible», aconsejaba, ayudaba a todo el que la llamaba –eran muchos y de muchos ámbitos–. «Fátima era así. Resolutiva. Se arremangaba. No dudaba. Enredaba a todos en el mejor sentido de la palabra. Mezclaba gente, te presentaba a alguien, te ayudaba a llegar a quien necesitaras. Todo lo hacía fácil».Uno de sus grandes amigos, también del PP, lo resume: «Ella le ponía alma a todo. En la candidatura de Soraya, que era muy cuadriculada, muy técnica, Fátima le ponía el broche». Un veterano recuerda: «Tenía lo que todos los políticos quieren y no tienen. Todo. Era técnica y era tremendamente política a la vez».Un veterano recuerda: «Tenía lo que todos los políticos quieren y no tienen. Todo. Era técnica y era tremendamente política a la vez»Quizá el mayor ejemplo de esas virtudes reside en que no solo en su partido –que todos los dirigentes hablen de ella tan bien es ya una proeza– sino que en formaciones rivales, como Ciudadanos y Podemos, la describen como una persona extraordinaria y muestren un respeto total hacia ella. Hay pocos ejemplos así. Durante la mayoría absoluta de Rajoy puso en marcha las reformas más difíciles. En el segundo gobierno, el pacto con Albert Rivera, ella llevó la voz cantante en muchas negociaciones clave. Las sacó adelante. Si tuviera que decir alguien que estaba en política por las razones correctas, esa era Fátima», recuerda su 'contrario' en aquel momento, el exdiputado de Ciudadanos Toni Roldán.
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