Pedro Infante: los 9 lujos que tenía en su mansión de Cuajimalpa, del cine privado a su colección de autos
Pedro Infante construyó una residencia conocida como Ciudad Infante, en Cuajimalpa, con espacios para el entretenimiento, el ejercicio y sus pasatiempos. Así era la faceta privada del Ídolo de México

Pedro Infante conquistó al público con películas como Nosotros los pobres y A toda máquina, pero fuera de los escenarios también disfrutaba de una vida llena de comodidades. El actor y cantante sinaloense tuvo una propiedad en Cuajimalpa, Ciudad de México, conocida como Ciudad Infante, donde reunió instalaciones para descansar, trabajar y recibir invitados. Desde una sala de cine hasta una capilla y un gimnasio, la residencia reflejaba sus intereses personales. A más de seis décadas de su muerte, ocurrida el 15 de abril de 1957, estos detalles permiten conocer una faceta menos conocida de una de las estrellas más queridas del cine mexicano.
1. Ciudad Infante: una mansión construida a su gusto

Uno de los aspectos más llamativos de la vida privada de Pedro Infante fue su residencia en Cuajimalpa, ubicada sobre la antigua carretera México-Toluca. La propiedad, conocida como Ciudad Infante, se extendía sobre un terreno que diversas reseñas históricas describen como de aproximadamente 10 hectáreas.
El actor habría elegido esta zona por su entorno campestre, alejado del ritmo del centro de la capital. El espacio le permitía combinar sus actividades profesionales con momentos de descanso y dedicar tiempo a sus aficiones. Más que una vivienda convencional, la residencia reunía distintas áreas recreativas y funcionales.
2. Una sala de cine privada para disfrutar sus películas

Entre los espacios más recordados de la mansión estaba una sala de cine propia. La instalación le permitía disfrutar del séptimo arte sin salir de casa, una comodidad especialmente atractiva para alguien cuya carrera dependía de las películas.
Las descripciones de la propiedad también mencionan una taquilla que daba un toque particular a la experiencia de entrada. Se cuenta que Infante recibía invitados y compartía con ellos momentos de entretenimiento, aunque los detalles sobre la dinámica de esas reuniones no siempre están documentados de manera independiente.
3. Una alberca para descansar lejos de los reflectores

La residencia también habría contado con una alberca, un elemento que reforzaba su carácter recreativo. En una época en la que las estrellas del cine comenzaban a consolidar su imagen pública como figuras de gran éxito, disponer de instalaciones privadas de este tipo representaba una comodidad importante.
Para Infante, quien mantenía un ritmo intenso de grabaciones, presentaciones y compromisos profesionales, la propiedad ofrecía un espacio para desconectarse de la rutina. La alberca formaba parte de una serie de áreas destinadas al descanso y la convivencia.
4. Un gimnasio para mantenerse en forma

La actividad física era otro de los aspectos asociados con la residencia de Ciudad Infante. Entre las instalaciones que se le atribuyen aparece un gimnasio privado, acorde con la imagen activa que el actor proyectaba en películas donde interpretaba personajes involucrados en persecuciones, deportes y escenas de acción.
Su participación en producciones como A toda máquina contribuyó a consolidar una imagen de hombre dinámico y versátil. Aunque no se dispone de un inventario completo de los aparatos que utilizaba en su casa, la existencia de un espacio dedicado al ejercicio forma parte de las descripciones difundidas sobre la propiedad.
5. Una capilla dedicada a la Virgen de Guadalupe

Otro de los elementos que destacan en las historias sobre la mansión es una capilla dedicada a la Virgen de Guadalupe. Este espacio habría estado destinado a la oración y a las prácticas religiosas dentro de la propiedad.
La capilla añadía una dimensión personal a una residencia conocida por sus instalaciones de entretenimiento. También muestra cómo las áreas de una casa podían responder a intereses distintos: desde el ocio hasta la vida espiritual.
6. Un billar para convivir con sus invitados

El billar figura entre las comodidades atribuidas a Ciudad Infante. Este tipo de espacio permitía organizar reuniones en un ambiente privado y ofrecía una alternativa de entretenimiento sin necesidad de salir de la propiedad.
La presencia de esta área resulta congruente con el conjunto recreativo de la casa, que habría reunido instalaciones para ver películas, practicar actividades físicas y convivir con amigos. Sin embargo, no existe un registro público exhaustivo que permita precisar cómo era el mobiliario o con qué frecuencia se utilizaba.
7. Una peluquería dentro de su propia casa

Entre los detalles más curiosos de la residencia aparece una peluquería privada. Este espacio se relaciona con el oficio de barbero que Pedro Infante desempeñó antes de alcanzar la fama, una etapa importante para comprender sus orígenes.
El actor nació en Mazatlán, Sinaloa, el 18 de noviembre de 1917, y durante su juventud desarrolló distintos oficios antes de consolidarse como cantante y estrella cinematográfica. La peluquería de su casa se ha convertido en uno de los detalles más llamativos de su historia personal, pues conecta sus años de trabajo con la vida acomodada que alcanzó después.
8. Un taller de carpintería para mantener viva otra de sus aficiones

Pedro Infante también estuvo vinculado con la carpintería, un oficio que forma parte de los recuerdos de su vida antes y durante su trayectoria artística. Las referencias a su residencia de Cuajimalpa incluyen un taller dedicado a esta actividad.
El interés por trabajar con las manos ofrece un contraste con el mundo de los escenarios, las cámaras y los aplausos. Para una figura que dedicaba buena parte de su tiempo a grabar películas y canciones, contar con un espacio para desarrollar otra habilidad representaba una forma de conservar intereses alejados de la industria del espectáculo.
9. Los automóviles y su pasión por el mundo de los motores

Los vehículos también forman parte de la historia de Pedro Infante. Su participación en películas relacionadas con motocicletas y conducción, además de su interés por la aviación, contribuyó a la imagen de una estrella apasionada por los motores.
El Museo de Pedro Infante, en Guamúchil, Sinaloa, conserva entre sus piezas un antiguo Jeep Willys que perteneció al artista. De acuerdo con la ficha del recinto, el vehículo fue adquirido en 1947 en Ciudad Juárez, Chihuahua. Esta pieza constituye una referencia concreta de su relación con los automotores, aunque no permite establecer por sí sola el tamaño total de una supuesta colección privada de autos.
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