La psicología dice que garabatear y dibujar sin un propósito activa el circuito de recompensa del cerebro: un estudio de la Universidad de Drexel mostró cómo fue la activación neuronal
Hacer pequeños dibujos durante una llamada, llenar los márgenes de una hoja con líneas o garabatear sin intención de conservar el resultado puede parecer una actividad sin propósito.
Sin embargo, un experimento de la Universidad de Drexel encontró que esas actividades producen cambios medibles en una zona cerebral vinculada con la recompensa.
La investigadora y arteterapeuta Girija Kaimal y sus colegas reclutaron a 26 adultos, 11 hombres y 15 mujeres. Entre ellos había personas que se consideraban artistas y otras que no tenían experiencia artística especial.
Cada participante utilizó durante el experimento una banda de espectroscopia funcional de infrarrojo cercano (fNIRS), una tecnología que permite registrar cambios en la oxigenación de la sangre como indicador indirecto de la actividad cerebral.
Los voluntarios realizaron tres tareas durante tres minutos cada una: colorear un mandala prediseñado, garabatear dentro y alrededor de un círculo y realizar un dibujo libre. Entre las actividades permanecían en reposo con los ojos cerrados.
Qué ocurrió en el cerebro al empezar a dibujar
Durante las tres formas de expresión artística aumentó el flujo sanguíneo en la corteza prefrontal medial en comparación con los períodos de descanso.
Esta región participa, entre otras funciones, en sistemas relacionados con motivación, emociones y percepción de recompensa. Por eso, los investigadores interpretaron el incremento como una señal compatible con la activación del circuito cerebral de recompensa.
No hace falta ser artista ni producir algo “bueno” para que dibujar resulte gratificante. Foto: Shutterstock.El resultado más llamativo apareció durante los garabatos. Esta actividad produjo el mayor aumento promedio de flujo sanguíneo de las tres, seguida por el dibujo libre y después por colorear.
Pero existe una precisión importante: las diferencias entre las tres actividades no fueron estadísticamente significativas. El estudio permite afirmar que todas activaron esa región respecto del descanso, no que garabatear haya demostrado ser superior a las demás.
Kaimal señaló que una posible explicación es que garabatear ofrece libertad y prácticamente no exige preocuparse por producir una imagen correcta. La actividad puede realizarse sin juzgar si el resultado cumple determinados estándares estéticos.
Garabatos sobre papel, un ejercicio que activa el circuito de recompensa. Foto: Pexels.Aunque la muestra fue pequeña para aportar conclusiones firmes, también aparecieron algunas diferencias entre artistas y no artistas. Por ejemplo, los artistas parecían mostrar menos respuesta durante la tarea de colorear un dibujo ya establecido, algo que Kaimal relacionó con la sensación de tener menos libertad creativa.
Los participantes también completaron cuestionarios antes y después del experimento. Tras realizar las tareas, reportaron sentirse más capaces de tener buenas ideas y resolver problemas. Muchos describieron además la actividad como relajante.
Eso tampoco significa que hacer garabatos funcione como un tratamiento psicológico ni que active de forma idéntica el cerebro de todo el mundo. Pero sí aporta una idea interesante: el cerebro puede encontrar recompensa en el simple acto de crear, incluso cuando no existe un objetivo artístico ni un resultado que mostrar.
A veces, esos dibujos que terminan en la basura pueden haber cumplido su función mucho antes: proporcionar durante unos minutos una pequeña experiencia cerebral de recompensa.
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