En México se come cuando hay chance
En México, muchas veces se come cuando hay chance y no cuando se debe.
Marcos se despierta antes de las seis de la mañana. Desayuna pan dulce, galletas y refresco, algo que puede tomar rápido antes de pasar ocho o diez horas cargando material bajo el sol. Le han recomendado cambiar ese desayuno por una ensalada. La recomendación tiene sentido desde el punto de vista nutricional. Falta saber quién la prepara a las cinco y media de la mañana, dónde la guarda hasta el mediodía, cuando puede comer porque el sol está más bravo, y cuánto cuesta cada día.
Marcos es albañil. Los otros seis testimonios son los de una enfermera, un velador, un trabajador de mandaditos, una madre de dos niños pequeños, una maestra universitaria y un periodista. A todos les han dicho que deberían cambiar su alimentación, descanso o actividad física. Ninguna de esas recomendaciones partió de sus horarios, sus ingresos o las condiciones en que trabajan y viven.
Las cifras de Nayarit y del país muestran la distancia entre lo que se recomienda y las posibilidades de llevarlo a la práctica.
Marcos es un nombre ficticio para un testimonio real, igual que los de las otras personas. Sus rutinas fueron descritas en entrevistas breves durante septiembre. Después contrasté esos relatos con datos del INEGI, la Secretaría de Salud y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). También consulté a las licenciadas en Nutrición Gabriela García Rivera y Alondra Jiménez Tejeda, y comparé el costo del desayuno de Marcos con el de una ensalada que podría sustituirlo.
Un pan Tía Rosa, unas galletas y un refresco comprados en un OXXO cuestan 84.50 pesos. En la tienda de la esquina, un pan de panadería, galletas y un refresco cuestan 52 pesos. Una ensalada de lechuga, aguacate, jitomate, cebolla, morrón y pollo, comprando el kilo en oferta, cuesta 213 pesos y rinde hasta tres porciones: unos 71 pesos diarios. Con aderezo, cuyo precio ronda entre 49 y 55 pesos, el gasto sube a entre 87 y 89 pesos diarios para esas mismas tres porciones, aunque el frasco todavía alcanzaría para más.
Sin aderezo, la ensalada cuesta menos que el desayuno del OXXO y más que el de la tienda. Con aderezo supera a ambos. Pero el precio no es la única diferencia: la ensalada requiere comprar, lavar, picar y guardar los ingredientes; el pan dulce ya viene listo.
García Rivera no propone una ensalada para el caso de Marcos. Para alguien con poco dinero y sin tiempo para cocinar, recomienda empezar con frutas fáciles de transportar, como manzanas, plátanos, naranjas o guayabas. También reconoce que cambiar los hábitos cuesta y que organizar tiempo para cocinar puede ser tan importante como otras rutinas cotidianas.
Jiménez Tejeda parte de lo que Marcos tiene disponible. Propone frijoles cocidos, tortilla de maíz, queso y pico de gallo, o elegir en la misma tienda una fruta o un yogurt que, según el precio, pueden costar lo mismo que las galletas y el refresco. También sugiere cambiar el refresco por agua y mantener cierta flexibilidad para que de vez en cuando entren el pan o las galletas.
La construcción emplea a mucha gente sin contrato. En el primer trimestre de 2026, el 54.8 por ciento de la población ocupada del país tenía un empleo informal, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE). El ingreso mensual promedio era de 15 mil 204 pesos en el empleo formal y de 8 mil 364 en el informal. En marzo, la canasta básica urbana costaba 4 mil 940 pesos por persona. Con el ingreso informal promedio se podían cubrir 1.7 canastas, sin importar cuántas personas dependieran de ese dinero.
En Nayarit, la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024 registra un ingreso trimestral promedio de 74 mil 601 pesos por hogar, unos 24 mil 900 al mes. Pero ese promedio esconde grandes diferencias. Los hogares del decil más bajo reciben 18 mil 41 pesos al trimestre, equivalentes, según el INEGI, a 90 pesos diarios por persona perceptora. Los del decil más alto reciben 202 mil 976 pesos, equivalentes a mil 15 pesos diarios. Aunque el ingreso del decil más bajo creció 23.3 por ciento entre 2022 y 2024, a precios de 2024, el resultado sigue siendo de 90 pesos al día.
El estimador de ingreso municipal del INEGI (ICMM 2024) coloca a tres de los 20 municipios nayaritas en el estrato más bajo, con menos de 35 mil pesos trimestrales por hogar. En 18 municipios, el ingreso no cambió significativamente entre 2022 y 2024.
Comer ocupa el 41 por ciento del gasto monetario de los hogares nayaritas: 18 mil 338 pesos de 44 mil 717 al trimestre. En salud gastan mil 430. Dentro de casa, las verduras y leguminosas suman mil 198 pesos y las frutas 485, frente a 2 mil 726 en carnes y 2 mil 185 en cereales. A escala nacional, la Encuesta Nacional de Gasto 2025 registra que, de 19 mil 494 pesos trimestrales que el hogar promedio destina a alimentos y bebidas, 5 mil 958 van a proteína animal, 2 mil 2 a vitaminas y minerales y 273 a proteína vegetal.
La FAO calcula que una dieta saludable costó en 2025 el equivalente a 4.54 dólares por persona al día en poder de compra, 38.8 por ciento más que en 2021. La cifra equivale aproximadamente a 77 pesos, según una conversión publicada en prensa. El informe estima que 20 por ciento de la población, 26.4 millones de personas, no tuvo ingresos suficientes para pagarla.
Con el tamaño promedio del hogar nayarita, de 3.2 personas, los 18 mil 41 pesos trimestrales del decil más bajo equivalen a unos 63 pesos diarios por integrante. Es un cálculo aproximado, pero queda por debajo de esa referencia.
Las comparaciones con los desayunos de Marcos muestran la presión que representa comer. El del OXXO, de 84.50 pesos, equivale al 94 por ciento de los 90 pesos diarios que el INEGI calcula para el decil más bajo de Nayarit; el de la tienda, de 52 pesos, representa el 58 por ciento. Frente a los 63 pesos diarios por integrante del hogar, serían el 134 y el 83 por ciento, respectivamente. La ensalada sin aderezo, de 71 pesos diarios, representa el 79 por ciento de los 90 pesos y el 113 por ciento de los 63.
Los 90 pesos corresponden a cada persona perceptora y los 63 a cada integrante del hogar, por lo que no son medidas equivalentes. Aun así, ambas comparaciones muestran que un solo desayuno puede consumir más de la mitad del presupuesto diario y, en algunos casos, superarlo.
¿Se puede comer bien con 90 pesos al día? Las nutriólogas responden con matices. García Rivera considera que puede alcanzar para una comida modesta que incluya todos los grupos de alimentos, aunque depende de la región y de los precios locales. Recomienda productos de temporada y de la canasta básica, como tortillas, frijoles, arroz, pollo, carne y huevo.
Jiménez Tejeda considera que esa cantidad limita una alimentación completa, variada y suficiente, aunque propone adaptarla con huevo, tortilla, frijoles, avena, arroz y frutas y verduras de temporada. Su menú incluye huevos con tortillas y fruta en el desayuno; pollo, arroz, frijoles y verduras en la comida; y huevos a la mexicana con tortillas y frijoles en la cena. Las entrevistas no incluyen el precio de cada ingrediente, por lo que no es posible comprobar si ese menú cabe en los 90 pesos.
Lo que se compra a cambio tiene registro. Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2018, el 85.8 por ciento de los adultos consumía a diario bebidas endulzadas no lácteas, mientras que el 44.9 por ciento comía verduras y el 49.7 por ciento fruta. En esa misma encuesta, el 44.5 por ciento de los hogares del país tenía seguridad alimentaria y el 22.6 por ciento estaba en inseguridad moderada o severa, proporción que subía al 28.9 por ciento en las zonas rurales.
Elena es enfermera, trabaja turnos rotativos de 12 horas y su horario cambia cada semana. No decide cuándo come: toma lo que alcanza entre pacientes. Le han indicado comer cada tres o cuatro horas.
Una revisión de 20 artículos sobre personal de enfermería relaciona los turnos irregulares con mayor riesgo de obesidad, resistencia a la insulina y síndrome metabólico, además de comidas desordenadas y mayor consumo de calorías. Otra revisión sobre trabajadores con turnos rotatorios encontró peores hábitos alimentarios y poca actividad física regular, sin hallar intervenciones dietéticas diseñadas específicamente para esos horarios. La Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) 2025 aporta un dato general: el 24 por ciento de los adultos reportó cansancio o falta de vitalidad la mayor parte o todo el día anterior.
Las dos nutriólogas cuestionan la indicación de comer cada tres o cuatro horas. García Rivera explica que esa frecuencia no acelera el metabolismo ni aumenta la quema de grasa: lo importante es el balance energético del día. El plan debe adaptarse a los horarios disponibles para cocinar y comer, no al revés.
Jiménez Tejeda señala que el consejo de hacer cinco comidas al día se repite mucho, aunque no funciona para todas las personas. Para quien trabaja jornadas extensas recomienda comer bien antes del turno, aprovechar las oportunidades disponibles para volver a comer, llevar alimentos prácticos, hidratarse y no depender de la cafeína. El objetivo es mantener la energía y la concentración sin llegar a un hambre excesiva.
El tiempo para sentarse a la mesa tampoco abunda. La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024 estima que las mujeres dedican 8.6 horas semanales a comer y los hombres 8.2, poco más de una hora diaria. En Nayarit, además, el gasto trimestral en alimentos consumidos fuera de casa creció 29 por ciento entre 2022 y 2024, de 3 mil 640 a 4 mil 696 pesos, a precios de 2024.
Don Joaquín trabaja de diez de la noche a seis de la mañana como velador. Cena café bien cargado y algo de la tienda de la esquina, lo que encuentre. Cuando termina su turno, la ciudad empieza el suyo y él debe dormir de día, entre ruido y luz. Le recomiendan dormir ocho horas durante la noche, justo cuando está trabajando.
La Organización Internacional del Trabajo considera trabajo nocturno el que se realiza entre la medianoche y las cinco de la mañana, periodo que abarca por completo el turno de Joaquín. Una revisión citada por Intramed reportó un riesgo 35 por ciento mayor de obesidad abdominal entre quienes trabajan de noche de forma rutinaria, con un riesgo que aumenta con el tiempo en ese turno. La ENUT 2024 calcula que la población duerme en promedio unas siete horas y media al día, sin distinguir entre quienes lo hacen de noche y quienes duermen de día.
García Rivera propone adaptar la alimentación a los horarios reales del velador, en vez de imponerle los de quienes trabajan de día. Su desayuno puede ser al despertar y su cena, antes de dormir, aunque coincidan con horarios distintos de los convencionales.
Jiménez Tejeda explica que el trabajo nocturno puede alterar los ritmos circadianos, el apetito y la tolerancia a la glucosa. Recomienda comer antes de entrar al turno, distribuir los alimentos durante la noche y evitar comidas muy abundantes en la madrugada. Al terminar, sugiere una comida equilibrada que permita dormir sin malestar y mantener un horario de sueño regular.
Frente a esas recomendaciones, la cena de Joaquín sigue siendo café cargado y lo que encuentre en la tienda.
Francisco trabaja haciendo mandaditos. Es independiente y también recibe pedidos a través de algunas plataformas. Desde las siete de la mañana recorre la ciudad en moto para entregar comida y otros encargos. Su horario depende de los pedidos, las distancias y el tiempo que tarda en completar cada entrega.
A veces, cuando un cliente cancela un pedido, Francisco tiene que pagar la comida. Si no puede devolverla, termina comiéndosela. Parte de lo que come depende así de encargos que no llegan a su destino. No siempre puede elegir qué comer ni a qué hora. Al terminar la jornada todavía debe llevar comida a casa para su madre, una mujer mayor que depende de él.
A las nutriólogas no se les preguntó por un caso como el de Francisco, pero ambas coinciden en que toda recomendación debe individualizarse según la rutina, los horarios, los gustos y la economía de cada persona. En el caso de Francisco, la rutina la marcan los pedidos y, a veces, también los que se cancelan.
Patricia tiene dos hijos pequeños. Desayuna de pie lo que sobra de sus platos, entre gritos y prisas. Le dicen que debería priorizar su alimentación como prioriza la de ellos, pero su tiempo está repartido entre horarios escolares, comidas y tareas.
La ENUT 2024 muestra esa desigualdad. Las mujeres dedican 18.2 horas semanales al cuidado de niñas y niños de cero a cinco años, frente a 8.8 de los hombres. Preparar y servir alimentos ocupa a 92.9 por ciento de las mujeres durante 13 horas semanales, frente a 65.2 por ciento de los hombres durante 4.7 horas. Nayarit tiene la tercera mayor brecha del país entre mujeres y hombres en tiempo total de trabajo: 7.1 horas semanales, contra 3.1 a escala nacional.
Entre las mujeres de 20 a 49 años, el 15.2 por ciento querría dedicar menos tiempo a las labores domésticas; entre los hombres, el 6.4 por ciento. El ingreso también refleja diferencias: en Nayarit, las mujeres reciben en promedio 24 mil 328 pesos al trimestre y los hombres 33 mil 292. Las mujeres con cuatro hijos o más reciben 20 mil 567 pesos.
Jiménez Tejeda propone que Patricia se sirva primero su propio desayuno, en lugar de alimentarse con bocados improvisados. También recomienda dejar de pensar que todo lo que sobra debe terminarse: puede guardarse para después. La idea es comer con atención, reconocer las señales de hambre y saciedad y evitar la culpa, sin prohibir alimentos.
Son cambios pequeños que parten de la rutina existente, pero incluso esos minutos para sí misma deben encontrar espacio en una jornada donde las mujeres dedican más tiempo al cuidado y a la cocina que los hombres.
Claudia es maestra universitaria y tiene dos hijos. Entra a trabajar a las siete de la mañana y apenas alcanza a preparar el desayuno y el lonche de los niños. Para ella queda un termo con café. Come cuando puede, lo que encuentra entre clases. Debe permanecer ocho horas en la escuela y, al salir, va a trabajar a otro lugar porque el salario no alcanza.
En el primer trimestre de 2026, el 77.8 por ciento de la población ocupada del país ganaba hasta dos salarios mínimos, según la ENOE. Entre las mujeres ocupadas, el 55 por ciento ganaba hasta uno. En el segundo trimestre, el INEGI contó 4.1 millones de personas subocupadas: tenían empleo, pero necesitaban y estaban disponibles para trabajar más horas. Entre 3.1 y 3.2 millones de personas tenían un segundo trabajo, cerca del 5 por ciento de la población ocupada.
La ENUT 2024 calcula que las mujeres dedican en promedio 61.1 horas semanales al trabajo remunerado y no remunerado. Claudia empieza el día con ocho horas en el aula, sigue en otro trabajo y llega a casa con dos niños.
Al explicar por qué algunos pacientes no siguen sus planes de alimentación, las nutriólogas mencionan los mismos recursos que le faltan a Claudia: tiempo, dinero y acceso a los alimentos.
Jiménez Tejeda calcula que cerca del 80 por ciento de sus pacientes sigue el plan durante un tiempo, motivado por la mejoría de su salud y los cambios físicos. Entre quienes no logran mantenerlo señala las dificultades para cambiar hábitos arraigados, organizar la cocina dentro de la jornada y pagar o conseguir los alimentos recomendados.
García Rivera describe un apego inicial de entre 90 y 100 por ciento, cuando hay más motivación. Después, el seguimiento depende de que los platillos sean atractivos, accesibles y compatibles con los gustos, los horarios y los productos disponibles en cada localidad. Quien no logra cumplir un plan no necesariamente carece de voluntad: puede enfrentar obstáculos que se lo impiden. Una dieta bien calculada difícilmente funcionará si incluye alimentos que la persona no puede conseguir o pagar.
Andrés es periodista y pesa 100 kilos. Con frecuencia le dicen que debería ejercitarse más. Su jornada consiste en andar de un lado a otro y, en su tiempo libre, hace ejercicio. Quienes opinan sobre su cuerpo no conocen esa rutina.
El peso no mide cuánto se mueve una persona. Según el Módulo de Práctica Deportiva y Ejercicio Físico (MOPRADEF) 2025 del INEGI, el 44.5 por ciento de los adultos de 32 ciudades de 100 mil habitantes o más estuvo activo en su tiempo libre: 49.1 por ciento de los hombres y 40.7 por ciento de las mujeres. El documento no desglosa una cifra para Nayarit.
La ENSANUT 2018 encontró que, entre los hombres de 20 a 69 años, el 24.8 por ciento hacía menos de 150 minutos de actividad física a la semana y el 28.1 por ciento hacía 28 horas o más. Mientras tanto, la ENUT 2024 calcula que la población de 12 años y más dedicaba en promedio 59.6 horas semanales al trabajo.
Las dos nutriólogas coinciden en que el peso, por sí solo, no permite determinar la salud ni el nivel de actividad física. García Rivera explica que sirve como punto de partida para evaluar la composición corporal, incluida la proporción de grasa y masa magra, que comprende músculo, huesos y agua. Una persona que hace ejercicio de fuerza puede ganar músculo y aumentar de peso, mientras otra puede tener un peso considerado saludable y moverse poco.
Jiménez Tejeda propone valorar integralmente la alimentación, el descanso, los objetivos personales, los parámetros bioquímicos y las enfermedades existentes. La atención nutricional, sostiene, debe mejorar el bienestar sin hacer sentir a nadie que nunca es suficiente.
Mientras Andrés recorre la ciudad, los indicadores de salud de Nayarit muestran otros problemas. En 2018, la obesidad entre adolescentes de 12 a 19 años era de 17.6 por ciento en el estado, frente a 14.6 por ciento en el país. La diabetes diagnosticada en adultos era de 9.6 por ciento, frente a 10.3 nacional, y la hipertensión, de 18.1 frente a 18.4.
El Boletín Epidemiológico de la semana 41 de 2026 registra 7 mil 350 casos notificados de obesidad en Nayarit, frente a 6 mil 840 en 2025. Son notificaciones de los servicios de salud, no estimaciones de prevalencia, aunque muestran un aumento. A escala nacional, el 75.2 por ciento de los adultos tenía sobrepeso u obesidad en 2018.
Cada caso enfrenta una restricción diferente. Marcos tiene poco dinero y tiempo para cocinar. Elena y Joaquín no deciden cuándo comen ni cuándo duermen. Francisco pasa el día entregando comida, pero depende de los pedidos para saber cuándo puede comer y todavía debe resolver la alimentación de su madre. Patricia reparte su jornada entre tareas de cuidado que siguen distribuyéndose de manera desigual. Claudia sale de un trabajo para entrar a otro porque un solo salario no alcanza. Andrés recibe opiniones sobre su cuerpo sin que quienes lo juzgan conozcan su actividad cotidiana.
Las nutriólogas identifican varios de los consejos que alimentan esas contradicciones. García Rivera señala que en redes sociales abundan recomendaciones para perder grasa o ganar masa muscular, muchas difundidas por personas sin formación profesional, a veces solo por tener buen cuerpo. Entre ellas están prohibir alimentos o imponer horarios rígidos, aunque ningún alimento es bueno o malo por sí solo y las necesidades varían entre personas.
Jiménez Tejeda enumera otros consejos recurrentes, dejar los carbohidratos, no comer fruta después de cierta hora, tomar suplementos para controlar el peso o hacer cinco comidas al día. Muchos presuponen que quien los sigue está sano, dispone de tiempo para organizar sus comidas y puede pagar cualquier alimento recomendado.
García Rivera pone como ejemplo el salmón, recomendado por su aporte de omega-3, pero inaccesible para quien no lo encuentra en su localidad o no puede pagarlo. Las rutinas y el poder adquisitivo también cambian entre el campo y la ciudad. Por eso, sostiene, todo tratamiento nutricional debe individualizarse. Su recomendación de fondo es no satanizar alimentos, lo que se hace la mayor parte del tiempo es lo que termina reflejándose en la salud.
En México, muchas veces se come cuando hay chance. Cuando termina la jornada, durante una pausa entre pacientes, entre una clase y otra, cuando los niños ya comieron o cuando abre la tienda de la esquina. También cuando un pedido se cancela y la comida que debía llegar a otra persona termina en manos de quien la transportaba.
No todos tienen el mismo dinero para comprar alimentos ni el mismo tiempo para prepararlos. Sin embargo, los consejos suelen ser los mismos: comer mejor, respetar los horarios, dormir ocho horas y hacer ejercicio. Como si todo dependiera únicamente de proponérselo.
Para quienes no pueden pagar una consulta, García Rivera recomienda acudir a los centros de salud, donde existen programas de nutrición comunitaria con talleres y pláticas. También aconseja buscar información en internet y comprobar que provenga de profesionales capacitados.
Jiménez Tejeda considera que la profesión tiene dos responsabilidades: ayudar a cada persona a mejorar su alimentación mediante cambios realistas y sostenibles, sin juzgarla, y contribuir a que el acceso al conocimiento nutricional no sea un privilegio económico. La evaluación debe partir de lo que cada persona necesita, puede comer y tiene a su alcance.
Las fuentes revisadas para este reportaje no responden todas las preguntas. No identifican con precisión cuánto condiciona cada oficio la alimentación, qué opciones tienen quienes trabajan de noche ni cómo se relacionan los ingresos con los alimentos disponibles. Tampoco permiten saber cuántos trabajadores de reparto terminan comiendo pedidos cancelados o cuántas personas tienen un segundo empleo porque el ingreso no les alcanza. Sin esos datos, las recomendaciones corren el riesgo de dirigirse a una persona que existe en las estadísticas, pero no necesariamente en la vida cotidiana.
Las entrevistas con las nutriólogas aportan criterio profesional, pero no sustituyen esos vacíos. No incluyen el precio de cada ingrediente del menú de 90 pesos ni indican cuántos de sus pacientes trabajan de noche, por turnos o en reparto. Sus estimaciones sobre el seguimiento de los planes proceden de su práctica profesional, no de encuestas. Los precios del OXXO, la tienda de la esquina y la ensalada son referencias puntuales que pueden variar según la fecha y el establecimiento.
Antes de las seis, Marcos ya está despierto. Para ese horario y ese ingreso, el pan dulce, las galletas y el refresco siguen siendo lo que hay.
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