Instructivo de Día de Muertos
Como la muerte es siempre inoportuna y los instructivos están sujetos a interpretaciones, hago, como cada año, algunas recomendaciones a quienes me sobrevivan: cuando muera, moriré a rienda suelta y no pienso regresar al más acá a las fiestas de muertos. Pero si eso resulta inevitable, no hagan caso a la rígida ortodoxia de los altares. El mío que sólo tenga una sábana de algodón y un trozo de canela, que de eso está hecho el discreto aroma de la única mujer que amo. Si alguna dama pide agregar rosas o jazmines, díganle que esos son aromas de otros cuerpos que mi memoria ya sepultó. Y cuando ella llegue a mi altar, sin lágrimas, será el único instante en que estaré presente, para deleitarme con su aroma. Ni vivo ni muerto necesito más.
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