ICE se derrite: 40 mil agentes sin pasamontañas virtual
POR KUKULKAN
CUENTAN que en Estados Unidos hay agentes tan discretos que salen a trabajar con pasamontañas. Hacen redadas, detienen gente y lo hacen con la cara cubierta porque, dicen, su identidad es sagrada. Pero resulta que el miércoles la sacralidad les duró lo que un secreto en un grupo de WhatsApp familiar: alguien publicó el directorio completo con santo y seña sobre su identidad real.
VAMOS por partes, que el cuento viene en inglés y conviene traducirlo. El DHS, siglas del Departamento de Seguridad Nacional, es el gigante que agrupa a ICE, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (los de las redadas), y a CBP, Aduanas y Protección Fronteriza (la Patrulla Fronteriza, para entendernos). Pues bien: más de 40 mil empleados y contratistas de esa casa quedaron en una base de datos pública, con nombres, teléfonos, correos y a qué se dedica cada quien.
SEGÚN los medios, la cifra va de 40 mil a casi 42 mil: ni en la filtración se ponen de acuerdo, pero es más o menos una quinta parte de toda la plantilla. Y, de acuerdo con lo que reportó Fox News, hay agentes encubiertos en la lista, lo cual a un encubierto le cae como a un mago que le publican el truco en el periódico.
¿QUIÉN lo hizo? Un grupo que se hace llamar «Departamento de la Paz», el nombre más pacifista que ha tenido un robo de datos, entregó el material a Distributed Denial of Secrets, algo así como «Distribución de Secretos Negados», un sitio dedicado a filtrar lo que los gobiernos preferirían guardar en el cajón. Lo publicaron en un buscador que bautizaron Icepick, que en español es «picahielo». No hace falta ser Cervantes para notar el doble sentido con ICE, que en inglés se pronuncia igual que «hielo». Humor involuntario de hackers; me quito el sombrero.
LA PUERTA de entrada, según los propios hackers, fue un sistema de «inicio de sesión único» de la empresa Okta, una sola contraseña para abrir todas las puertas. Es decir, el departamento que nos explica que hay que blindar fronteras guardaba las llaves de su casa debajo del tapete, con letrero de «bienvenido».
EL DHS ya investiga y, según Fox News, fuentes lo califican de «catastrófico». Qué palabra tan elegante cuando los afectados son ellos. Recordemos que en enero ya se había filtrado una lista de unos 4,500 agentes, y en febrero hackearon una aplicación que alertaba sobre redadas. Tres golpes en nueve meses: a este paso, la seguridad nacional necesita menos muros y más Ctrl+Alt+Supr.
AHORA, seamos serios un segundo, que a las víboras también nos da el lado ético. Publicar teléfonos y domicilios de personas se llama doxxing en inglés, y es una práctica peligrosa: un agente es alguien con familia, y un error de identidad puede arruinarle la vida a un inocente. Los de Distributed Denial of Secrets niegan que sea doxxing y alegan que el gobierno no rinde cuentas. Tienen un punto: es difícil pedir transparencia a quien trabaja a cara cubierta. Pero entre exigir rendición de cuentas y publicar un directorio hay una distancia que no se recorre sólo con buenas intenciones.
LA MORALEJA, queridos lectores, es la de siempre: el poder que más se esconde suele ser el más expuesto. Y la ironía final se la lleva Washington, que vive pidiéndole a México que combata el crimen organizado, pero no pudo evitar que su propia plantilla terminara en un buscador. Aquí, cuando algo así pasa, al menos tenemos la decencia de echarle la culpa a la oposición. Hasta la próxima, desde el nido. Cuiden sus contraseñas.
Ver nota original ↗
¿Querés un resumen rápido de esta noticia, hecho por nuestra IA?
