¿Dónde estaban los cuatroteros en la Corriente Democratica?
Cuando vivía el infeliz, ¡ya que se muera! Y hoy que ya está en el veliz, ¡qué bueno era!
Chava Flores, Cerró sus ojitos Cleto
La muerte del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas ha desatado una verdadera competencia de oportunismo político. Homenajes y reconocimientos de Morena, Andrés Manuel López Obrador, Claudia Sheinbaum y legisladores como Ricardo Monreal tratan de apropiarse de su legado, cuando fue un movimiento que, en su momento, rechazaron.
Ricardo Monreal anunció que la Cámara de Diputados realizará una sesión solemne e invitará a la familia del ingeniero. Sheinbaum también confirmó un homenaje oficial. El reconocimiento es legítimo, pero esa memoria no debe servir para construir una historia política.
¿Dónde estaban cuando nació la Corriente Democrática?
La Corriente Democrática surgió dentro del PRI en 1987, encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, con la participación de figuras como Ifigenia Martínez y Óscar Pintado. Exigían terminar el dedazo, es decir, la designación presidencial del candidato del partido, abrir la selección a procedimientos democráticos, elecciones limpias, pluralidad y acabar con la concentración del poder político.
Aquella ruptura desembocó en el Frente Democrático Nacional, que postuló a Cárdenas en las elecciones presidenciales de 1988, y que posteriormente dio lugar a la fundación del PRD, el 5 de mayo de 1989, con el ingeniero como su primer presidente nacional.
¿Dónde estaban entonces López Obrador, Ricardo Monreal, Manuel Bartlett, Manuel Camacho Solís y Marcelo Ebrard? En el PRI, apoyando la candidatura de Carlos Salinas de Gortari.
López Obrador ocupaba un cargo en el Instituto Nacional del Consumidor; Monreal continuaba su trayectoria priista y fue electo diputado federal por ese partido en 1988. Camacho Solís y Ebrard formaban parte del equipo político de Salinas, mientras Bartlett encabezaba la Secretaría de Gobernación durante la controvertida elección presidencial.
No estuvieron en aquella ruptura democrática, por el contrario, estaban del otro lado de la contienda, frente al movimiento que encabezaba Cárdenas.
Del adversario al heredero del legado
Después de la elección de 1988, marcada por el fraude de la famosa caída del sistema de cómputo, Cárdenas consolidaba su liderazgo y el PRD enfrentaba una etapa de violencia política. La persecución y los asesinatos de militantes durante el gobierno de Salinas dejaron una herida en la izquierda mexicana, la Fundación Ovando y Gil, reportó entre 295 y 300 perredistas muertos en esa etapa.
Pero esa lucha no fue de Morena ni de López Obrador: fue una batalla encabezada por Cárdenas y quienes se atrevieron a romper con el régimen.
Con los años, las diferencias entre el ingeniero y López Obrador se hicieron evidentes. Marcos Rascón lo definió recientemente, durante la marcha del desafuero de 2005, AMLO promovió entre sus simpatizantes rechiflas contra Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo con la intención de enviar un mensaje y debilitar su liderazgo en la izquierda.
Por su parte, en diciembre de 2019, en una entrevista con El País, Cárdenas afirmó que no veía al gobierno de López Obrador ni a Morena como representantes de la izquierda mexicana y cuestionó la falta de propuestas claras en materia económica, política exterior y combate a la desigualdad.
A lo largo de los años, Cárdenas mantuvo una postura analítica y sumamente crítica. Se pronunció en contra de la reforma electoral, a la que consideró un obstáculo para la vida democrática del país. También llegó a sostener que el gobierno de Andrés Manuel no era de izquierda ni compartían la misma concepción de soberanía y justicia social.
Memoria que no se hereda
Morena incorporó a personajes del régimen que Cárdenas enfrentó y ahora buscan convertir su figura en parte de su propia narrativa. Una cosa es reconocer la importancia del ingeniero y otra muy distinta utilizar su muerte para legitimar políticamente a quienes tuvieron posiciones opuestas a su movimiento.
Cuauhtémoc Cárdenas no necesita que Morena lo reivindique ni que López Obrador se declare su heredero. Su lugar en la historia está construido por su participación en la ruptura de 1987, la candidatura de 1988 y la fundación de una fuerza política que abrió espacios a la pluralidad democrática.
La memoria de Cárdenas también exige recordar sus diferencias. Ya es hora de que nos dejen de engañar y de que vistan con piel de oveja.
X: @diaz_manuel
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