Qué es un cantón ferroviario, el tramo de vía en el que no debería haber más de un tren
El accidente ferroviario ocurrido este miércoles en la localidad toledana de Urda, en el que un AVE de Renfe colisionó contra un tren de Iryo que permanecía detenido en la vía y que ha dejado al menos 69 muertos, ha vuelto a poner el foco en los sistemas de señalización y seguridad que regulan la circulación de los trenes en España. Esta se organiza mediante sistemas de bloqueo diseñados para mantener una separación entre convoyes y evitar que dos trenes ocupen a la vez un mismo tramo de vía. Para ello, la infraestructura se divide en secciones denominadas cantones.
¿Cómo funcionan los cantones?
Un cantón es una sección de una línea ferroviaria protegida por un sistema de señalización o de bloqueo en la que, como norma general, no debe haber más de un tren. Se trata de una división de la infraestructura que permite regular el tráfico ferroviario y mantener una distancia de seguridad entre los convoyes que circulan por una misma vía.
Su funcionamiento es relativamente sencillo: cuando un tren entra en un cantón, este queda ocupado y el sistema impide o restringe que otro convoy acceda a ese mismo tramo hasta que se cumplen las condiciones de seguridad necesarias. De esta manera, se evita que un tren alcance al que circula por delante o que dos composiciones coincidan en una misma sección protegida.
La ocupación de cada cantón se controla mediante señales y sistemas de detección que permiten conocer si la vía está libre o si hay algún tren circulando o detenido en ella. En función del tipo de bloqueo instalado, las condiciones para autorizar la entrada de un nuevo convoy pueden variar, pero el objetivo es siempre el mismo: garantizar una separación segura entre trenes.
Un "error humano" tras una avería en el sistema LZB
Las primeras hipótesis del accidente apuntan a una avería en el sistema de señalización LZB y a un posible "error humano" durante la gestión de la incidencia. El fallo en el sistema de control se produjo en torno a las 8.30 horas en un tramo de 63 kilómetros y habría obligado a detener varios trenes. El protocolo marca que, en caso de que falle este mecanismo de protección ferroviaria, el centro de control de Adif en Atocha tiene que autorizar que se reanude la marcha. Y así fue. Seis minutos después, un operario dio el visto bueno al AVE de Renfe para continuar la macha con normalidad, a pesar de que debería haberle indicado que avanzara "a la vista", a una velocidad que permitiera detenerse ante cualquier obstáculo.
El propio sistema del centro de control estaba advirtiendo en rojo que el tramo estaba ocupado por el tren de Iryo. El convoy permanecía detenido porque aún no había recibido la orden de reanudar la marcha. A las 8.41 horas se produjo la primera llamada entre el operador de Adif y el tren de Iryo. El controlador le mandó reanudar la marcha normal, al igual que le había indicado al AVE minutos antes. Pero a las 8.48 horas la maquinista del Iryo vuelve a ponerse en contacto con Atocha para avisar que el tren no le permite "reiniciar el sistema" y sigue parada. Nadie paralizó el tren de Renfe, que en 17 minutos recorrió 25 kilómetros hasta colisionar a las 8.53 horas con el convoy de Iryo.
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