Perversa utilización de la figura de Cuauhtémoc por la comentocracia
Leo una utilización absolutamente perversa de la figura de Cuauhtémoc Cárdenas en bastantes columnistas que hoy escriben acerca de su significado histórico.
Hay consenso y justicia en un punto: Cuauhtémoc fue un gran hombre y contribuyó decisivamente a la democracia mexicana. La Corriente Democrática que impulsó en 1986, y su ruptura con el PRI en 1987, resultaron fundamentales para abrir el camino al sufragio efectivo en las elecciones presidenciales. Hasta ahí, todo el mundo de acuerdo.
Pero leo también otra cosa, bastante miserable, en una mayoría de columnas políticas —de Héctor Aguilar Camín, Jorge Fernández Menéndez, Carlos Marín, Ciro Gómez Leyva, Sergio Sarmiento, Manuel J. Jáuregui, etcétera—: la pretensión de utilizar a Cuauhtémoc Cárdenas para golpear a la 4T.
No llegan, al menos no abiertamente, a enfrentarlo con Claudia Sheinbaum, con la excepción del monero del diario Reforma, Calderón, quien presenta a Sheinbaum —y a López Obrador— como herederos políticos incómodos ante la muerte de Cuauhtémoc. Sheinbaum, rígida y con expresión adusta; AMLO mira hacia otro lado con gesto desdeñoso. El dibujo no les atribuye un dolor visible a la presidenta y al expresidente; más bien, sugiere falta de sinceridad en el homenaje.
Encaja esa caricatura con el nado sincronizado de la comentocracia que se expresa por escrito en los medios: utilizar a Cuauhtémoc Cárdenas para marcar una separación entre el personaje fallecido y quienes han llegado al poder como parte de la 4T.
La mayor parte del columnismo, casi con las mismas palabras, se ha lanzado no a destacar, sino a tergiversar las diferencias —existentes, sí, normales en un movimiento democrático como el de la izquierda mexicana—, entre Andrés Manuel López Obrador y Cuauhtémoc Cárdenas, hasta presentarlas como una enemistad y aun como traición.
Desde luego, Cuauhtémoc no pensaba exactamente lo mismo que Andrés Manuel. ¿Y quién ha dicho que debían pensar igual?
Lo que es miserable es contar como un episodio de traición, a la Caín y Abel, la relación política y personal entre Cuauhtémoc y AMLO, que la historia narrará con toda justicia, a diferencia del periodismo de hoy.
Lo importante de lo que hicieron juntos López Obrador y Cárdenas es que, sin el trabajo de los dos, la izquierda no habría logrado sus grandes éxitos. El primero, la llegada de Cuauhtémoc a la jefatura de Gobierno del Distrito Federal en 1997, que desde ese año se convirtió en el gran bastión electoral del progresismo mexicano.
Cárdenas fue un extraordinario candidato en la capital. Pero ese triunfo no se explica sin la decisiva conducción del Partido de la Revolución Democrática por López Obrador, quien fue su presidente nacional entre 1996 y 1999. Andrés Manuel demostró que era un extraordinario dirigente y un más que sobresaliente organizador de una estructura política que necesitaba convertir sus votos en victorias.
Fue un gran equipo el de Cuauhtémoc Cárdenas y López Obrador. Ese trabajo compartido en 1997 llevó, 21 años más tarde, a que la izquierda arrasara en las elecciones presidenciales de 2018, victoria que el movimiento repitió con Claudia Sheinbaum en 2024.
Más allá de la politiquería de la comentocracia, lo cierto es que, gracias al equipo integrado por Andrés Manuel y Cuauhtémoc en 1997, el movimiento de izquierda adquirió una fortaleza que ya nadie pudo detener.
Y aquí estamos, con una 4T que le debe mucho a Cárdenas, pero también a López Obrador, a Sheinbaum y a otras personalidades, además de los millones de mexicanos y mexicanas que construyeron y sostienen este movimiento.
Reconocer las diferencias entre sus dirigentes es legítimo. Lo que me parece ruin es utilizar la muerte de Cuauhtémoc Cárdenas para golpear a Andrés Manuel López Obrador —y, en más de un sentido, también a Claudia Sheinbaum—, reduciendo una historia de colaboración y luchas compartidas, ¡con desacuerdos democráticos!, a una supuesta enemistad o traición que la prensa pretende utilizar, ahora mismo, para favorecer a la derecha a varios meses de las elecciones de 2027.
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