LO LEGAL CONTRA LO MORAL
MÉXICO DIGNO. MÉXICO UNIDO
Hay una verdad que el poder suele olvidar: que algo sea legal no siempre será justo y aunque una mayoría lo apruebe, no por ello será moral.
La ley puede ser manipulada. Puede reformarse, interpretarse, acomodarse y hasta utilizarse como instrumento para proteger intereses políticos.
Quien controla el poder puede intentar convertir sus decisiones en legalidad; puede cambiar las reglas para que sus actos parezcan legítimos. Pero hay algo que nadie podrá controlar: la justicia y la conciencia moral de una sociedad.
Cuando la ley se convierte en instrumento de conveniencia, deja de ser un límite y comienza a ser una herramienta del poder.
No hay mayor perversión que utilizar la legalidad para justificar aquello que contradice los principios de justicia, libertad, igualdad y dignidad humana.
Una mayoría legislativa puede aprobar una ley. Un gobierno puede defenderla. Un tribunal puede interpretarla. Un político puede presumirla como una conquista. Pero ninguno de ellos tiene el poder de decretar que una injusticia dejó de ser injusticia.
La legalidad no es patente de corso para gobernar sin principios.
Tampoco debemos caer en el extremo contrario: creer que nuestra propia idea de moralidad está por encima de la ley.
En una democracia, la ley importa y debe respetarse. Pero precisamente por eso debe existir una ciudadanía capaz de cuestionarla cuando se aleja de la justicia, y unas instituciones capaces de corregirla cuando resulta injusta.
El verdadero problema comienza cuando quienes ostentan el poder pretenden convencernos de que lo conveniente para ellos es lo correcto.
El poder puede tener votos, mayorías, tribunales, presupuestos y leyes de su lado, pero eso no convierte automáticamente sus decisiones en justas.
La historia es implacable con los gobiernos que confunden legalidad con legitimidad moral, el tiempo destruye cualquier telón que pretenda distorsionar la verdad, no da tregua ni concede excepciones.
Por eso estamos obligados a preguntar si cualquier decisión política es legal y más importante aún, si es justa, correcta, moral, y lo más importante, si es buena para México, pero si es buena, no desde el punto de vista de un partido político, sino, si es buena para las generaciones venideras.
Las leyes pueden cambiar con los gobiernos. Las mayorías pueden cambiar. Los partidos pueden desaparecer.
Los gobernantes pasan. Pero la justicia no tiene partido ni la moral dueño.
Podemos manipular una ley. Podemos torcer una interpretación. Podemos disfrazar una decisión política de legalidad. Pero no podremos convertir la injusticia en justicia simplemente porque creemos tener el poder para hacerlo, y eso nunca significará que sea correcto.
Por un México digno y unido hagamos un pacto para guiarnos siempre por lo correcto y lo moral, rechazando aquello que no lo sea.
Gracias
Ver nota original ↗
¿Querés un resumen rápido de esta noticia, hecho por nuestra IA?
