Christa Pike rompe el silencio un mes después de sobrevivir a su ejecución: “Estoy profundamente dolida por la incompetencia”
Christa Pike entró a la cámara de ejecución de la Institución de Máxima Seguridad de Riverbend, Tennessee, convencida de que esa noche sería la última. Un mes después de sobrevivir a la inyección letal, la mujer de 50 años rompió el silencio con un comunicado en el que afirma que vive con dolor físico y mental constante, según informó el diario local The Tennessean.
“No había contemplado la vida más allá de esa noche, y estoy profundamente dolida por la incompetencia que ha puesto a tantas personas en esta terrible situación”, escribió Pike, quien también se refirió a la víctima de su crimen: “Sigo pensando en la familia de mi víctima y en el terrible dolor y la pérdida que han soportado”.
Inesperadamente, Pike despertó el martes 6 de octubre, casi una semana después de que el estado de Tennessee intentara ejecutarla con dos dosis de pentobarbital.
May Martinez, la madre de Colleen Slemmer, la víctima de Christa Pike, saliendo de la Institución de Máxima Seguridad de Riverbend. (AP Photo/George Walker IV)En 1995, la reclusa participó en el brutal asesinato de Colleen Slemmer, quien era su compañera de clases. Pike tenía 18 años cuando cometió el crimen y fue sentenciada a muerte. De haberse completado el procedimiento, se habría convertido en la primera mujer ejecutada en Tennessee en más de 200 años.
“El dolor no es solo físico”: el relato de Christa Pike
En su comunicado, Pike reconstruye lo que vivió el 30 de septiembre. Contó que entró a la cámara de ejecución “preparada para morir” y en paz, y que se despidió de quienes la acompañaron durante años.
Pero tras la ejecución fallida, Pike pasó varios días en estado crítico, conectada a un respirador artificial en un hospital local. Según su abogado defensor, Randy Spivey, los médicos que la atendieron creían que tenía muerte cerebral y habían considerado retirarle el soporte vital antes de que, inesperadamente, abriera los ojos e intentara hablar a la mañana siguiente.
This photo provided by the Tennessee Department of Correction shows Christa Pike on Jan. 12, 2023. (TDOC via AP)A un mes de aquello, cuenta que despertó sola, confundida y con dolor. Le duelen el cuerpo, los brazos, las manos y la garganta, y todavía le cuesta hablar. “El dolor no es solo físico. Hay dolor en mi mente y en mi alma”, escribió.
Desde el 10 de octubre, Pike está de regreso en el Centro de Rehabilitación Debra K. Johnson, en Nashville, la prisión para mujeres donde ha estado recluida por más de 30 años. Allí recibe atención en la enfermería. “Me estoy recuperando, y sé que me estoy fortaleciendo. Pero sanar no es lo mismo que estar bien”, afirmó.
Vehiculos de emergencia afuera de la prisión de máxima seguridad de Riverbend, donde ocurrió la ejecución fallida de Pike enNashville, Tennessee (AP Photo/George Walker IV)Pike agradeció a los socorristas, médicos y enfermeros que la atendieron, a sus abogados y a las personas de todo el mundo que le enviaron apoyo. Su caso ha instalado un debate en Estados Unidos sobre los límites de una ejecución fallida, los protocolos de la pena de muerte y cuándo se puede conmutar o no una sentencia de este tipo. La misma reclusa muestra parte de ese desconcierto sobre su propio futuro: “No sé por qué sobreviví esa noche. No sé qué viene después”.
Qué falló en la ejecución y qué puede pasar ahora
Según la cronología de los periodistas que presenciaron el procedimiento, Pike recibió la primera dosis de pentobarbital alrededor de las 7:40 p. m. y la segunda cerca de las 8:00 p. m. Después de una hora de espera, los funcionarios detuvieron la ejecución y llamaron a los servicios de emergencia a las 8:40 p. m.
La persona que hizo la primera llamada al 911 desde la prisión no proporcionó el código que exige el protocolo para verificar que no se trata de una broma. Esa omisión desencadenó 26 minutos de confusión que retrasaron el ingreso de los paramédicos.
Pike permaneció varios días intubada y conectada a un respirador. El 6 de octubre volvió a hablar, el 8 de octubre caminó de nuevo y el 10 de octubre recibió el alta médica.
El gobernador de Tennessee, Bill Lee, suspendió todas las ejecuciones por el resto del año Foto: Ed Rode; Tennessee Department of CorrectionSus abogados aseguraron que el equipo médico tardó más de una hora en colocar las vías intravenosas y usó al menos siete agujas. Los brazos de Pike quedaron hinchados, amoratados y con ampollas, posiblemente porque el fármaco se filtró en los tejidos en lugar de circular por el torrente sanguíneo.
Tras el fracaso, el segundo intento de ejecución fallido en Tennessee este año, el gobernador Bill Lee suspendió todas las ejecuciones y ordenó una revisión independiente. Además, anunció la renuncia de Frank Strada, comisionado del Departamento Correccional de Tennessee.
El futuro de Pike sigue sin definirse. “Sospecho que su sentencia será la misma que antes, a menos que los tribunales determinen lo contrario”, declaró el gobernador el miércoles por la tarde en una rueda de prensa.
El comunicado completo de Christa Pike
“Hace un mes, el 30 de septiembre, entré a la cámara de ejecución en la prisión de hombres Riverbend preparada para morir. Había hecho las paces. Les había dicho a las personas que me amaron, me apoyaron y estuvieron a mi lado a lo largo de los años que les estaba agradecida. También les había dicho a las personas que estaban en la sala y que estaban allí para presenciar mi ejecución que los dejaba con bondad amorosa.
Varios días después desperté sola en un hospital, confundida y con dolor. No ha habido un momento desde esa noche en que no haya tenido dolor. Me duele el cuerpo. Me duelen los brazos. Me duelen las manos. Me duele la garganta. Todavía me cuesta hablar. Y el dolor no es solo físico. Hay dolor en mi mente y en mi alma.
No había contemplado la vida más allá de esa noche, y estoy profundamente dolida por la incompetencia que ha puesto a tantas personas en esta terrible situación. Sigo pensando en la familia de mi víctima y en el terrible dolor y la pérdida que han soportado.
Me estoy recuperando, y sé que me estoy fortaleciendo. Pero sanar no es lo mismo que estar bien.
Desde esa noche, he estado mayormente aislada en el pabellón médico de la prisión, lejos de otras personas y de las conexiones humanas que tanto significan para mí. Ese aislamiento trae su propio tipo de dolor. Pasé 28 años en confinamiento solitario y mucho de lo que estoy viviendo hoy es una repetición de esa condición.
Estoy buscando un sentido a lo que me pasó. Algo que me ha dado fuerza es el extraordinario amor y apoyo que he recibido de personas de todo el mundo. Estoy abrumada por la bondad y las oraciones de personas que conozco desde hace años y de completos desconocidos que nunca me han visto. Saber que tantas personas se preocupan por mí, que me ven como un ser humano cuya vida importa, es algo que no puedo expresar del todo con palabras. Es algo que me hace sentir humilde, y me ha conmovido más profundamente de lo que puedo explicar.
También quiero agradecer a los socorristas, médicos, enfermeras y a todos en el hospital que me cuidaron. Me trataron con compasión, dignidad y respeto. Nunca olvidaré su bondad. También quiero agradecer a mis abogados y a todos los que han luchado por mí, han estado a mi lado y se negaron a darse por vencidos conmigo.
No sé por qué sobreviví esa noche. No sé qué viene después. Algunos días, encontrar esperanza es más difícil que otros. Por ahora, estoy tratando de sanar, un día a la vez. Y me aferro al amor y la bondad de tantas personas que me han recordado que no estoy sola”.
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