Semillas mejoradas buscan salvar las cosechas en México ante sequías y cambio climático
La AMSAC destaca el desarrollo de variedades resistentes a sequías, temperaturas extremas y plagas como una herramienta para mantener la productividad agrícola y optimizar el uso del agua
El desarrollo de semillas mejoradas y el uso de información climatológica se perfilan como herramientas estratégicas para adaptar la agricultura mexicana al cambio climático, ante el incremento de las temperaturas, las sequías prolongadas, las inundaciones y la propagación de plagas y enfermedades que amenazan los rendimientos y la rentabilidad del campo.
Investigación e innovación
La Asociación Mexicana de Semilleros (AMSAC) señala que los eventos climáticos extremos han modificado los ciclos agrícolas y generado riesgos para la seguridad alimentaria y los ingresos de los productores, por lo que la investigación genética y la innovación tecnológica son fundamentales para enfrentar las nuevas condiciones ambientales.
Uno de los principales desafíos es el aumento de las temperaturas, que puede acelerar la maduración de los frutos y reducir tanto el rendimiento como la calidad nutricional de los cultivos. A esto se suman las alteraciones del ciclo hidrológico, que provocan escasez de agua en algunas regiones e inundaciones en otras, dificultando la planeación de las siembras.
Ante este panorama, la industria semillera trabaja en variedades con características genéticas y fitosanitarias que favorezcan el desarrollo de plantas vigorosas, con mayor capacidad de adaptación y resistencia o tolerancia a plagas y enfermedades.
Menor consumo de agua
La AMSAC destaca que actualmente existen semillas mejoradas que pueden contribuir a mantener la producción y la calidad de las cosechas con un menor consumo de agua. Como ejemplo, menciona variedades de maíz capaces de producir con tres riegos, en lugar de cuatro, lo que representa una alternativa para los agricultores que enfrentan restricciones hídricas.
Asimismo, la incorporación de resistencia o tolerancia a determinadas plagas permite reducir potencialmente la aplicación de agroquímicos, con beneficios para el medio ambiente y la salud humana.
Sin embargo, la asociación subraya que no existe una solución única frente al cambio climático. La adaptación requiere combinar investigación, innovación y herramientas que respondan a las necesidades específicas de cada región productiva.
Agricultura basada en datos
Otro elemento fundamental es el uso de información climatológica para decidir qué variedades sembrar, cuándo establecer los cultivos y bajo qué condiciones favorecer su desarrollo. Los datos recopilados durante los ciclos productivos permiten ajustar las decisiones y orientar el mejoramiento vegetal hacia los desafíos de cada zona agrícola.
La industria semillera desarrolla programas de investigación a mediano y largo plazo, con la perspectiva de que las variedades puedan utilizarse durante los próximos 10 o 20 años, considerando escenarios de mayor presión climática.
El objetivo, de acuerdo con la AMSAC, es que los agricultores puedan producir más con menos tierra y agua, sin perder eficiencia ante condiciones meteorológicas adversas.
Incrementar el rendimiento por hectárea transforma por completo el perfil de riesgo de una empresa agrícola, permitiendo diluir los costos fijos y proteger la inversión frente a la volatilidad del mercado. Sin embargo, para capitalizar este beneficio debemos acelerar la transición hacia materiales híbridos y mejorados. La industria de las semillas invierte de manera constante entre el 10% y el 15% de sus ventas en investigación y desarrollo para elevar el ‘techo de productividad’ en el campo”, ha señalado Mario Puente, director ejecutivo de la AMSAC.
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