¿Qué les pasó a los neandertales?

Ahora los científicos saben que compartían muchas de las sofisticadas habilidades del “Homo sapiens”. Entonces, ¿por qué somos los únicos humanos que quedamos?
Durante la mayor parte de nuestra historia evolutiva, la humanidad estuvo compuesta por muchos tipos de humanos.
Tomemos como ejemplo los últimos 100,000 años más o menos.
Los a menudo caricaturizados neandertales de cejas prominentes deambulaban por Europa y hasta el oeste de Asia. Los misteriosos e imponentes denisovanos cazaban y recolectaban en Asia.
El diminuto Homo floresiensis, parecido a un hobbit, habitaba en una isla indonesia. El último de los Homo erectus acababa de extinguirse en Java. Nuestra especie, el Homo sapiens, era simplemente otra variación del tipo.
Es tentador asumir que el mundo humano monolítico en el que vivimos ahora es el normal. Pero para muchos científicos que estudian el pasado antiguo, el enigma es el presente.
“Este es un momento extraño”, dijo Chris Stringer, paleoantropólogo del Museo de Historia Natural de Londres.
“¿Por qué somos los últimos que quedamos? ¿Qué pasó con todos los demás?”.
¿Qué pasó con “los otros”?
Durante décadas, la narrativa de la humanidad sobre sus propios orígenes estuvo entrelazada con presunciones de excepcionalismo biológico.
La evolución humana a menudo se retrataba como una marcha hacia los cerebros grandes, el uso experto de herramientas y la complejidad social de las personas de la actualidad.
En esa historia, los demás homininos —ancestros humanos y primos evolutivos— eran descartes primitivos. Se extinguieron merecidamente. Nosotros éramos el final feliz.
“Todo lo demás era salvaje”, dijo Eleanor Scerri, científica arqueológica del Instituto Max Planck de Geoantropología, reflexionando sobre las ideas que dominaron los debates de la evolución humana en la década de 1980, cuando de niña se interesó por primera vez en el campo.
“Eso estaba muy de moda: ‘Y nosotros sobrevivimos, porque éramos los mejores’”.
Sin embargo, a lo largo de la carrera de Scerri, la historia sobre los orígenes humanos ha sido reescrita y corregida a medida que han surgido nuevas líneas de evidencia.
Eso incluye la reducción de la brecha cognitiva entre el Homo sapiens y nuestros primos cercanos, con pruebas de que ellos también tenían habilidades sofisticadas: hacer arte, enterrar a sus muertos y dominar el fuego.
Aun así, ahora hay más de ocho millardos de humanos en el planeta, de un solo tipo.
En la sobrecogedora saga que es la evolución humana, los neandertales, tan recientes y minuciosamente estudiados, son en muchos sentidos las celebridades accesibles de la historia.
Su destino parece ofrecer un punto de partida para abordar las grandes preguntas sobre cómo llegamos a ser la última especie que queda: ¿Qué pasó entonces con los neandertales?
Una respuesta simplista es que siguen aquí, acechando en el ADN de las personas de hoy en día en cantidades minúsculas.
Los estudios de ADN antiguo revelaron que, más que extinguirse, los neandertales y denisovanos —y posiblemente otros— fueron absorbidos, a través del apareamiento, en lo que somos hoy.
Pero si fuera posible preguntarles a los neandertales, probablemente no se verían a sí mismos presentes en el planeta.
Entonces, ¿por qué los humanos modernos están solos ahora? ¿Qué parte de nuestro éxito se deriva de habilidades únicas? ¿Qué parte de nuestra ventaja fue solo suerte? ¿Puede el pasado enseñarnos algo sobre cómo pensar en los riesgos existenciales del presente y del futuro? ¿Somos los triunfadores que lograron sobrevivir o simplemente los siguientes en la lista de especies condenadas a desaparecer?
¿Los neandertales eran como nosotros?
Imagina un día en el Pleistoceno.
Un grupo de humanos enciende un fuego para cocinar, golpeando un pedernal contra pirita. Cazan animales grandes. También recolectan plantas para comer y, tal vez, usarlas como medicina. Dibujan en las paredes de las cuevas.
Cuidan de sus compañeros enfermos y discapacitados, e incluso realizan algo parecido a una endodoncia para aliviar un dolor de muelas punzante.
Pero “ellos” no son Homo sapiens: son neandertales.
El proceso de la evolución humana fue visto durante mucho tiempo como algo parecido a subir una escalera, con especies más primitivas en los peldaños inferiores.
Pero los descubrimientos arqueológicos han convertido la evolución humana en algo más parecido a un arbusto enredado, lleno de especies de homininos que no están claramente más o menos avanzadas unas que otras.
El registro fósil incluye ahora especies de homininos que coincidieron en el tiempo, se cruzaron entre sí y, muy probablemente, poseían versiones incipientes de algunas de nuestras habilidades.
Cuando los neandertales fueron descubiertos en el siglo XIX, la “suposición de los científicos era que estaban a mitad de camino de los chimpancés”, dijo John Hawks, paleoantropólogo de la Universidad de Wisconsin-Madison.
“Y hoy entendemos que están al 95 por ciento del camino hacia los humanos modernos”.
Las nociones de singularidad humana también se han desmoronado en repetidas ocasiones, y no solo para nuestros parientes más cercanos.
En 2010, Zeray Alemseged, un paleoantropólogo de la Universidad de Chicago, hizo un descubrimiento que desafió la visión dominante de que las herramientas de piedra eran una innovación especial de nuestro género, Homo.
Encontró pruebas de huesos de animales que habían sido cortados por herramientas de piedra asociadas con el Australopithecus afarensis, la especie prehumana que se hizo famosa por el fósil de Lucy, descubierto en la región de Afar en Etiopía.
El hallazgo retrocedió el uso de herramientas de piedra en 800,000 años, a hace 3.4 millones de años.
“Fue muy, muy controvertido”, recordó Alemseged.
Siguen surgiendo otras pruebas que muestran las similitudes entre las habilidades de los neandertales y las del Homo sapiens
Stringer señala la cueva de Bruniquel en Francia, de 176,500 años de antigüedad.
Ahí, los arqueólogos descubrieron unas misteriosas estructuras circulares construidas con fragmentos de estalagmitas sobre las que, según las pruebas encontradas, se habían encendido fogatas.
“Un grupo de neandertales se adentró en esta cueva, llevó consigo todos los materiales que necesitaban en términos de iluminación y combustible”, dijo Stringer.
Las personas que hicieron estas estructuras habrían tenido que planificar, comunicarse y trabajar juntas: “Eso, por sí solo, es una ventana a la complejidad de la mente”, dijo.
A pesar de esta creciente lista de similitudes, algunos expertos piensan que el péndulo ahora ha oscilado demasiado bruscamente hacia una interpretación del registro fósil de “los neandertales son igual que nosotros”.
A los paleoantropólogos les gusta plantear un experimento mental: si un neandertal viajara en el metro de Nueva York, sugieren algunos, nadie se inmutaría.
Incluso si nuestras culturas fueran similares, ¿era una señal de que los neandertales y otras especies estaban copiando nuestros comportamientos y tecnología? ¿Qué tanto nos influenciaban ellos también?
Poner las habilidades humanas en un continuo hace que el misterio de nuestra existencia solitaria en la actualidad sea aún más profundo. Si compartimos tanto con estas criaturas estrechamente relacionadas, ¿por qué nosotros y no ellos?
ADN antiguo cambia la historia
El genoma neandertal se publicó en 2010 y contenía una bomba: “Ellos” no evolucionaron directamente en nosotros, ni tampoco se extinguieron por completo.
En cambio, los neandertales fueron absorbidos por las poblaciones humanas modernas y se encuentran entre nuestros antepasados, conformando alrededor del 2 por ciento del ADN de las personas de la actualidad con ascendencia no africana.
Los denisovanos, también, se aparearon con humanos. Y una creciente cantidad de estudios sugiere que el genoma del Homo sapiens contiene “linajes fantasma” de antepasados desconocidos.
La escasa evidencia de estos acoplamientos prehistóricos deja casi todo lo demás a la imaginación.
Los genetistas pueden precisar las interacciones en el tiempo —por ejemplo, un lapso de 7000 años que comenzó hace más de 50,000 años, cuando los neandertales y los humanos modernos tuvieron bebés juntos—, pero ¿con qué frecuencia ocurrieron estas interacciones? ¿Fueron voluntarias? ¿Hubo violencia?
Un reciente estudio de Science encontró evidencia de que los acoplamientos siguieron un patrón distinto: hombres neandertales con mujeres humanas modernas. Pero los detalles morbosos siguen siendo turbios.
“Es sorprendente, todo lo que todavía no sabemos”, dijo Joshua Akey, genetista de la Universidad de Princeton, quien dijo que a menudo lo primero que le preguntan cuando da una charla es cuántas veces se aparearon los humanos modernos con los neandertales.
La respuesta a esa pregunta nos diría si esos acoplamientos fueron “una nota al margen interesante de la historia humana o si fue algo fundamentalmente importante para lo que somos”, dijo.
Una interpretación de la evidencia es que los neandertales aún están con nosotros, aunque claramente ya no están en la tierra
Para buscar pistas sobre el porqué, los científicos ahora están utilizando herramientas biotecnológicas para explorar la función de los genes neandertales individuales.
Por ejemplo, están experimentando con la introducción de la versión de los genes neandertales o denisovanos en ratones o células en una placa de Petri para ver si crecen o se comportan de manera diferente.
Esos estudios continuarán desarrollando la función de los genes neandertales en los próximos años, y hasta ahora han descubierto que los genes desempeñan un papel en la inmunidad, los ritmos circadianos y la anatomía.
Pero muchos científicos piensan que el ADN es solo una parte de una historia dinámica y complicada que incluye la dinámica de poblaciones y el clima.
La cantidad de humanos en el paisaje, de cualquier tipo, habría sido relativamente escasa, y el entorno podía ser duro.
A veces, los neandertales parecían tener éxito, a veces los humanos lo tenían, y a veces pequeñas poblaciones de ambas especies se extinguían, sin dejar descendientes modernos.
Quizá también haya influido el azar, dijo Scerri: Homo sapiens, una especie tropical africana con una población más numerosa, simplemente tuvo la ventaja sobre las especies que vivían en áreas del mundo “más limitadas por la brutalidad de la Edad de Hielo”.
“Probablemente sea solo casualidad: cuando el clima era lo suficientemente agradable, les podía ir bien allí”, dijo Hawks.
“Siguieron intentándolo, una y otra vez, y para mí ese es el punto fundamental de los humanos, que a lo largo del Pleistoceno, simplemente seguimos llegando”.
Lo que nunca sabremos
En términos de números absolutos, las poblaciones de neandertales eran más pequeñas que las del Homo sapiens.
La vida de cazador-recolector nunca fue fácil.
Los cambios bruscos en el clima, la competencia con el Homo sapiens y otros factores podrían haber dejado a pequeños grupos aislados de neandertales viviendo al límite.
Lo único que sabemos es que algunos neandertales se convirtieron en antepasados humanos y continúan vivos en el ADN de las personas de la actualidad.
Pero como grupo, han desaparecido.
Cada vez más arqueólogos creen que la respuesta a por qué sobrevivimos a los neandertales no es tan sencilla como atribuirlo a alguna nueva herramienta de piedra.
En cambio, los estudios exploran una red de factores que interactúan entre sí y que son más difíciles de rastrear en el registro fósil: la resistencia a las enfermedades, el ritmo del desarrollo cultural, la inteligencia social y la capacidad de forjar alianzas políticas.
Muchos detalles específicos del pasado antiguo seguirán siendo oscuros; los datos son escasos en comparación con la profundidad de la curiosidad humana. Cada nuevo hallazgo genera más preguntas de las que responde.
Pero algunos científicos argumentan que nunca ha sido más urgente lidiar con nuestra historia profunda, a medida que el riesgo existencial asoma en múltiples frentes.
Los orígenes humanos no son esotéricos; una visión a largo plazo también puede ayudar a pensar en la trayectoria futura de nuestra existencia.
“Es importante reconocer que nuestra especie, el Homo sapiens, no ha estado en la tierra mucho tiempo, por lo que nuestra supervivencia no está garantizada”, dijo Michael Petraglia.
Petraglia dirige el Centro de Excelencia del Consejo de Investigación Australiano para la Investigación de la Transformación de los Orígenes Humanos.
Al observar siete millones de años de evolución humana, ni siquiera es seguro que el Homo sapiens —aunque notablemente experto en colonizar el planeta y usar la tecnología— vaya a resultar un éxito.
El Homo erectus existió durante más de un millón de años; los neandertales durante 400,000. Los científicos todavía debaten sobre el surgimiento del Homo sapiens, pero muchos creen que solo llevamos unos 300,000 años de existencia.
“No estoy tan impresionado por el Homo sapiens; creemos que somos muy exitosos, que somos increíbles. Desde un punto de vista contextual, no somos nada”.
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