Una violenta tormenta con granizo sorprendió en una región golpeada por otro fenómeno: la falta de sol
La tormenta que ayer sorprendió a productores del sudeste bonaerense dejó imágenes impactantes, con acumulaciones de granizo sobre el suelo y campos afectados en sectores de Balcarce y Lobería. Sin embargo, más allá de ese episodio, la preocupación de los técnicos y asesores pasa por otro fenómeno, menos visible y de alcance más amplio: la falta de radiación solar en un momento decisivo para el desarrollo del trigo.
La mayor intensidad del temporal se concentró en una franja entre los parajes de Dos Naciones y Napaleofú, donde se registraron precipitaciones de entre 150 y 170 milímetros, acompañadas en algunas regiones puntuales de granizo. En buena parte de Balcarce y Lobería, en cambio, las lluvias oscilaron entre 30 y 50 milímetros, según fuentes de la zona.
Las imágenes que circularon por las redes sociales mostraron la violencia con la que cayó la piedra en algunos sectores. Sobre la ruta 226, antes del cruce con la ruta 227, se reportó una acumulación de granizo de unos diez centímetros junto al asfalto. No obstante, el fenómeno estuvo muy concentrado: a pocos kilómetros, un establecimiento de engorde a corral recibió más de 100 milímetros de lluvia, pero sin granizo. Por el momento, no hay una estimación precisa de la superficie afectada, aunque se informaron daños en algunos establecimientos ganaderos.

Más allá de la tormenta, “el estado general de los cultivos de trigo en la zona es bueno”, dijo Jesús Petrantonio, asesor agronómico. La inquietud está puesta en la sucesión de jornadas nubladas, las pocas horas de sol, condiciones que reducen la energía disponible para las plantas y podrían limitar el rendimiento final.
Un informe elaborado por Pablo Abbate, Alejandro Palazzolo, Carlos Alejandro Cabral Farías y María Clara Llorens detectó que la radiación solar incidente en Balcarce promedió 11,3 megajulios por metro cuadrado por día entre el 1° y el 8 de octubre. El valor fue un 32% inferior al promedio de 16,8 megajulios registrado durante las mismas fechas de 2023, 2024 y 2025. El trabajo analizó la evolución de la radiación y el crecimiento de los cultivos en la subregión 5, correspondiente a la pampa serrana. El seguimiento incluyó cuatro sitios: la Chacra Experimental Miramar, el INTA Balcarce, el Criadero Buck, en La Dulce, y la Chacra Experimental Integrada Barrow.
La preocupación radica en que el trigo atraviesa el período crítico, una etapa que se extiende desde unos 20 días antes hasta aproximadamente diez días después de la antesis, es decir, la floración. En esa ventana se define buena parte del número de granos que podrá producir el cultivo y, por lo tanto, una parte importante de su potencial de rendimiento. “Ahora ya estamos en período crítico y lo que se ve es que la situación cambió, tenemos muchos días de nubosidad”, explicó Abbate a LA NACION. Y agregó: “En la semana hay un día de sol, el resto con un 40% de nubosidad”.
El especialista advirtió sobre las consecuencias que podría tener la persistencia de estas condiciones. “La radiación está baja y eso genera seguramente una caída de rendimiento”, señaló. Como contrapartida, destacó que las temperaturas frescas prolongan el período crítico y compensan parcialmente el efecto negativo de la menor radiación.
El problema se relaciona con el papel de la luz en la fotosíntesis, el proceso por el cual las plantas producen los compuestos necesarios para crecer y generar biomasa. Cuando reciben menos radiación, disponen de menos energía para sostener su desarrollo. También influye la cantidad de follaje: un cultivo con suficiente área foliar intercepta una mayor proporción de la luz disponible, mientras que uno con crecimiento vegetativo retrasado puede aprovecharla en menor medida.
El relevamiento en Miramar detectó precisamente un retraso en el desarrollo vegetativo. De acuerdo con el índice de vegetación de diferencia normalizada (NDVI), un indicador satelital utilizado para seguir la evolución de la vegetación, el trigo de 2026 llegó a determinados niveles de crecimiento alrededor de dos semanas más tarde que en 2023 y 2024, y cerca de un mes después que en 2025. El indicador alcanzó un máximo de 0,68 el 6 de octubre, frente a registros máximos que se habían producido antes en las campañas anteriores.
Los investigadores vincularon esa evolución con la baja radiación registrada durante parte del invierno y nuevamente desde fines de septiembre. El retraso adquiere relevancia porque, a medida que avanza el período crítico, disminuye la posibilidad de que el cultivo desarrolle nuevas hojas y amplíe su capacidad para captar luz.
Según Abbate, el fenómeno no se limita al sudeste bonaerense. La baja radiación se extiende hacia el norte hasta Pergamino, mientras que hacia el oeste es menos intensa en zonas como Marcos Juárez y Bordenave. En regiones del norte argentino, en tanto, afecta el llenado de los granos, una etapa en la que las temperaturas frescas pueden resultar favorables porque evitan golpes de calor y prolongan ese proceso.
El informe plantea que la combinación de una cobertura foliar insuficiente y una menor radiación incidente puede reducir de manera importante el rendimiento potencial. A modo de ejemplo, señala que si un cultivo interceptara el 70% de la radiación en lugar de más del 90%, la pérdida potencial podría rondar el 15%. Si, además, la radiación fuera un 20% inferior a la histórica, la caída podría llegar al 22%. Los autores aclaran que se trata de escenarios ilustrativos y no de una estimación de pérdidas para la campaña 2026/2027.
Dijeron que la posibilidad de recuperación dependerá de que la radiación se normalice, haya suficiente disponibilidad de agua y nutrientes y el cultivo conserve un buen estado sanitario. También influirá el desarrollo alcanzado por cada lote y su capacidad para ampliar el área foliar. Por ahora, el informe no cuantifica una merma de rendimiento para la campaña actual.
Los antecedentes muestran que ya hubo episodios de baja radiación durante el período crítico del trigo en Balcarce. Entre los registros históricos desde 2000, las mayores caídas frente al promedio se observaron en 2001, con un descenso del 27%; en 2013, con una reducción del 20%, y en 2000, con una merma del 15%.
En esa línea, a la falta de radiación solar se suma el riesgo de enfermedades fúngicas. Otro informe de seguimiento satelital de la Chacra Experimental Miramar, del 10 de octubre, detectó condiciones favorables para la roya amarilla y la fusariosis de la espiga en cultivos que florecieron entre el 21 de septiembre y el 13 de octubre, por lo que recomendaron mantener el monitoreo de los lotes.
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