Entre noticias, algoritmos y contenido generado por bots: Clarín, La Nación e Infobae discutieron el uso de la IA
Transcribir una entrevista, procesar datos, proponer títulos o trabajar sobre un cable de noticias son algunas de las tareas en las que la inteligencia artificial empieza a intervenir dentro de las redacciones. Clarín, La Nación e Infobae incorporaron estas herramientas a sus procesos y compartieron cómo las utilizan, qué controles aplican y qué decisiones consideran que deben seguir en manos de los periodistas.
El detrás de escena de esa transformación fue el eje de una charla de Media Party en la que participaron Javier Kraviez, director digital de Clarín, Gastón Roitberg, secretario de Redacción de La Nación, y Opy Morales, director de Estrategia de IA y Operaciones Editoriales Regionales de Infobae.
Bajo el título Miedo al cambio vs. reinvención: la IA en las redacciones argentinas, el panel, moderado por Guadalupe López, de Chequeado, recorrió desde las resistencias de los equipos hasta una pregunta que también involucra a los lectores: qué valor tiene una noticia cuando una máquina puede generar textos en segundos.
La discusión atraviesa a una industria con dificultades para retener la atención del público. El Digital News Report 2026 del Reuters Institute, de la Universidad de Oxford, registró que la proporción de usuarios muy o extremadamente interesados en las noticias cayó, en promedio, 13 puntos porcentuales desde 2021 en los mercados relevados. Los datos provienen de encuestas online.
En Argentina, el 43% de los encuestados declaró ese nivel de interés, mientras que la confianza en las noticias quedó en el 26%, seis puntos por debajo del año anterior y el nivel más bajo de la última década.
Con ese escenario de fondo, los medios buscan aprovechar la automatización y fortalecer el vínculo con sus audiencias, sin perder de vista la calidad de lo que se publica.
Cómo entra la IA en la producción de noticias
Javier Kraviez, director del negocio digital de Clarín. Foto: Emmanuel FernándezEn Infobae, el uso se organiza a través de una plataforma compartida por sus cinco redacciones en distintos países, que incorpora el manual de estilo del medio. Según explicó Morales, permite acelerar el procesamiento de datos, ofrecer opciones de títulos o buscar imágenes durante una cobertura de último momento.
“En la plataforma, la última persona que aprieta el botón para que algo sea publicable es el periodista. El uso de IA es obligatorio, pero no decimos exactamente qué herramienta usar. Cada redactor elige según el proceso”, sostuvo.
El medio integró en su editor de textos un asistente al que se cargan las capacitaciones sobre nuevas herramientas, para que los redactores puedan consultarlo. Según Morales, muchas de las funciones surgieron de problemas o sugerencias de los propios periodistas.
Para los periodistas jóvenes, describió una etapa previa de formación. “Tras trabajar tres meses sin IA para afianzar el criterio, les damos acceso a la plataforma. La IA te da opciones, pero el criterio periodístico hay que seguir formándolo; ese es el gran desafío”, explicó.
La Nación, por su parte, trabaja con equipos de distintas especialidades, AI Core y AI Lab, que participan de las tareas periodísticas. Roitberg describió tres líneas de acción: innovación para reducir el tiempo dedicado a tareas tediosas y apoyar investigaciones, una guía interna de uso y capacitación permanente.
“Al inicio de cualquier proyecto hay que pensar qué problema se quiere resolver, en lugar de embarullarse en qué plataforma o programa usar. Plantear un problema lleva creativamente a soluciones donde posteriormente se aplica la tecnología”, señaló.
En Clarín, Kraviez ubicó la principal resistencia en “el miedo a lo nuevo” y en la incertidumbre sobre el futuro laboral. Para acompañar la incorporación de las herramientas, el diario desarrolló una capacitación con una consultora externa, liderada internamente por Leo Dalera, director de Big Data.
“El objetivo fue dar tiempo para entender, probar y despejar dudas. Es una capacitación continua de meses, porque buscamos que los equipos entiendan por qué es importante abrazar esta tecnología y desarrollen la capacidad de aprovecharla en su trabajo”, explicó.
La transformación, agregó, alcanza también a tecnología, producto, marketing y gestión de suscriptores. Para ese proceso reclamó protocolos comunes para el manejo de los datos dentro de la compañía. “Sin eso, el riesgo de perder el control es enorme”, advirtió.
Las fuentes, el criterio y la responsabilidad de publicar
De izquierda a derecha: Morales, Kraviez y Roitberg. Foto: Emmanuel FernándezLa incorporación de estas herramientas exige también nuevas tareas de control. Roitberg planteó que La Nación ya atravesó una primera etapa de adopción y que ahora el trabajo incluye supervisar, seleccionar y auditar los resultados de la IA. Esa revisión forma parte de la responsabilidad por la información que finalmente recibe el lector.
Al pensar qué seguirá dependiendo de los periodistas dentro de cinco años, Morales puso el foco en conseguir información propia. “Estar en contacto con fuentes y tener primicias. Todo lo que sea trabajar sobre contenido que ya está en la web (traducciones, cables de agencias como Reuters) se automatizará en gran medida con agentes y plataformas, aunque siempre con un humano validando al final”, anticipó.
Para Roitberg, las investigaciones, las firmas y el trabajo en el lugar de los hechos forman parte del valor que puede ofrecer un medio en ese escenario. “Hay que rescatar el factor humano: poner adelante la materia gris del plantel periodístico y el trabajo de campo, ir al lugar de los hechos y reportar con tus propios ojos, algo que ninguna IA puede hacer”, sostuvo.
“Cuando los contenidos básicos se vuelven abundantes, el valor se traslada hacia lo distintivo: la información propia, la investigación, el análisis, la credibilidad, el criterio y la mirada editorial. Un suscriptor paga cuando encuentra algo relevante para su vida y confía en la fuente”, planteó Kraviez.
En las experiencias que compartieron los tres medios, la IA gana espacio en tareas de producción y asistencia, mientras el contacto con las fuentes, la verificación y las decisiones editoriales quedan bajo responsabilidad de los equipos.
Kraviez lo sintetizó al hablar de los límites de esa delegación: “No podemos delegar la responsabilidad editorial de decidir qué merece ser contado, por qué importa y cómo lo contamos. No podemos dejar la agenda pública en manos de un algoritmo”.
Las reflexiones de la exposición, a sala llena en el Centro Cultural Konex, no son menores en un contexto donde según el capítulo argentino del Reuters Institute, el 9% de los encuestados ya utiliza chatbots de IA para informarse, cuatro puntos más que en 2025.
Los medios deben pensar, cada vez mas, cómo llegar a lectores que encuentran noticias y respuestas dentro de otras plataformas como Claude, ChatGPT o Gemini.
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