ABC
Son monos, pero sobre todo hienas
Nunca me han complacido esos comentarios jocosos que comparan al ministrillo Puente con un mono. Tal vez el hombre no tenga la apostura de Adonis, ni tampoco los dulces modales de Néstor; pero quienes sean Adonis o Néstor redivivos que tiren la primera piedra. Además, se puede ser animal, o siquiera medio animal, y sin embargo ser un dechado de cortesía, como prueba el centauro Quirón. Pero finalmente he tenido que aceptar que Puente es, en efecto, un mono; y no por falta de apostura, ni por sus groserías e intemperancias tuiteras (indignas de un hombre que ocupa tan alta magistratura), sino por la vileza que acaba de consumar, tras la hecatombe de Urda .Señalaba Chesterton, burlándose de las patrañas darwinistas, que pretender hacer al hombre descendiente del mono era por completo absurdo. Pues lo que hace distintivo al hombre, lo que define su aparición sobre la faz de la Tierra es el respeto reverencial a los muertos. No hay, no ha habido ni habrá ningún mono evolucionado que entierre a sus congéneres muertos, que rece por ellos, que los honre y les tribute homenajes; en cambio, es propio de los monos dejar que sus congéneres muertos se pudran la intemperie sin enterrarlos, y hasta se han conocido casos en los que los han devorado: los mandriles, por ejemplo, y también los orangutanes, devoran a sus crías cuando mueren; y los chimpancés atacan a los grupos rivales, matan sus crías y vejan sus cadáveres, los desgarran y pisotean, los descuartizan y también, si se tercia, se los zampan.Sólo en los crepúsculos de la Historia, cuando la barbarie estalla como un volcán, hombres como monos profanan los cadáveres, los vejan, los exhiben y les sacan provecho; un retroceso civilizatorio (un retroceso de especie, en realidad) que provoca repulsa y horror. La hecatombe de Urda nos ha probado que Puente puede comportarse como un mandril, orangután o chimpancé; pues sólo un mono hace algo tan impío como sacar provecho de un muerto. Para desviar la atención de su flagrante responsabilidad en la hecatombe (que tal vez sea algo más que pura 'responsabilidad política'), Puente no ha tenido empacho en señalar como culpable a un empleado de Adif , un controlador del tráfico ferroviario, filtrando a un medio lacayo (después de haberlas seleccionado) sus conversaciones con los maquinistas de los trenes siniestrados; uno de ellos, por cierto, fallecido en el siniestro. No sé qué epíteto puede emplearse para calificar la utilización de las víctimas de una hecatombe para tratar de desviar las responsabilidades propias sobre un trabajador: creo que 'protervo' –que a mí tanto me gusta utilizar– se queda corto; pero tal vez 'nefario' podría aproximarse bastante, porque en las fechorías de estos monstruos hay siempre un fondo de impiedad, de sacrilegio, de transgresión de las leyes divinas.No es mera vileza, no es abyección ni maldad, es una iniquidad propiamente diabólica señalar en estas circunstancias a un trabajador, sirviéndose además del testimonio manipulado de un muerto. Hasta en los hombres más indignos y depravados, cuando hay cadáveres de por medio, se aplaca la cólera, enmudecen los reproches, se detiene el ansia justiciera, porque «la muerte todo lo calla»; pero esta gentuza, poseída por los satanes más bajos, no sólo no calla ante los muertos, sino que utiliza su testimonio manipulado para estigmatizar a un trabajador, sirviéndose de un medio lacayo que se rebaja a divulgar mercancía tan putrefacta. No negaremos que el ministrillo Puente sea un mandril, orangután o chimpancé; pero hace falta también ser una hiena para incurrir en una ruindad tan abominable. Pues, aun suponiendo que ese controlador ferroviario hubiese cometido por negligencia un error, lo cierto es que, en los trenes de alta velocidad, la seguridad recae en sistemas electrónicos diseñados para evitar colisiones, incluso ante errores humanos. La propia página web del Ministerio de Transportes proclama 'urbi et orbi' que los sistemas de control de nuestra red ferroviaria «están diseñados de forma que, aunque se produjera un error humano, se garantizaría la seguridad».Es propiamente satánico urdir semejante trapacería (¡culpando a un trabajador y manipulando las palabras de un muerto!) para no asumir las responsabilidades de toda una serie de fallos en cadena con origen en una pésima gestión. Y no contenta con ello, la purrela gobernante ha movilizado a su patulea de loritos untados, que desde las tribunas mediáticas se dedican a exculpar al mandril y a las hienas que lo jalean y respaldan, haciendo todos uso de las mismas consignas (el 'argumentario' que les han cocinado los asesores monclovitas) y culpando a ese pobre controlador ferroviario. De la h ecatombe de Adamuz , nueve meses después, seguimos sin conocer las causas; en cambio, de la hecatombe de Urda, cuando todavía los cadáveres dilacerados de las víctimas no han sido recogidos, ya tenemos un culpable, señalado por el testimonio manipulado de un muerto. Quienes urden tal ignominia, sabiendo que han fallado en cadena todos los sistemas de seguridad y que la red ferroviaria está hecha una piltrafa, son hienas.¿Y por qué nuestra red ferroviaria está hecha una piltrafa? Está hecha una piltrafa porque las hienas que nos gobiernan no invierten en su reparación y mejora, dado que destinan el dinero que nos saquean a mejorar la red viaria marroquí, a pagar pingües sueldos a una miríada de asesores monclovitas, a triplicar el presupuesto militar para enviar armas a lejanas guerras que ni nos van ni nos vienen (mientras las fronteras españolas en Ceuta y Melilla están desguarnecidas). Nuestra red ferroviaria está hecha una piltrafa porque las hienas que nos gobiernan permiten que grandes compañías extranjeras la utilicen de forma indiscriminada, sometiéndola a un trasiego insoportable de trenes, a la vez que la propaganda sistémica incita a las masas cretinizadas al turismo bulímico y al frenesí viajero. Un cóctel letal, en el que la desinversión, el deterioro viario, la saturación del tráfico y la privatización del servicio bullen en la misma marmita, que remueve con su cucharón un mandril jaleado y respaldado por hienas. Porque hienas son quienes, no contentas con convertir el transporte ferroviario en una lotería macabra, culpan a un trabajador de la hecatombe, mientras los cuerpos dilacerados de las víctimas todavía no han sido recogidos. Merecerían que hiciesen con ellos lo mismo que la tribu de los Hadzabe, allá en Tanzania, hace con las hienas; o, no yéndonos tan lejos, lo mismo que Felipe II, con gran sentido de la justicia, hizo con el pastelero del Madrigal (pero esto es lenguaje figurado, los cuerpos verdaderamente descuartizados están en Urda).
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