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Juan Verde, el estratega español que conoce los secretos de Clinton, Obama y Biden
A veces, la historia más extraordinaria de un hombre no es solo la que figura en su currículum, sino la que porta consigo quien la ha vivido. Es el caso de Juan Verde Suárez (Telde, Gran Canaria, 1971), uno de los españoles más influyentes de América y también admirado y respetado en nuestro país.Nacido en El Ejido, un barrio de tradición popular y gente trabajadora, sus padres eran dueños de una pequeña empresa familiar de pinturas. Siendo el mayor de seis hermanos, afirma en conversación con ABC: «Me inculcaron una cultura de trabajo y de perseverancia». Y al tiempo, recuerda con cierta nostalgia: «Crecí en una familia numerosa en un mundo muy distinto al de ahora. En mi época, los niños jugaban en la calle y los vecinos se conocían y se apoyaban».Un golpe de suerte le dio la oportunidad de su vida. Así lo relata: «Cuando era pequeño, llegó a Canarias, como inmigrante, una señora con sus cuatro hijos y vino a vivir en la misma calle que nosotros. Mis padres ayudaron mucho a esta familia y cuando volvieron a inmigrar a Estados Unidos, de alguna manera, se sentían en deuda con mis padres. Con 15 años me ofrecieron irme a vivir allí». Un privilegio al que no hubiese podido aspirar viniendo de «una familia que no podía pagar que me fuera a estudiar a un país como Estados Unidos» y, echando la vista atrás, recuerda a la persona a la que le debe su éxito: «Espero que mi padre, que falleció el año pasado, se sintiera orgulloso porque se lo debo todo. Mis padres me infundieron inquietud, curiosidad y, sobre todo, el hábito de esfuerzo y de sacrificio », y añade: «Yo siempre les digo a mis hijos que terminé la carrera universitaria un viernes y empecé a trabajar un lunes y, así, hasta la fecha. Pero si te gusta lo que haces, es algo que te suma».En plena adolescencia, y sin hablar una palabra de inglés, Juan Verde dejó atrás, para siempre, la tierra que le vio nacer y comenzó, con ilusión y empeño, su vida americana tratando siempre de aprovechar al máximo esa oportunidad. Y así fue. Con un expediente sobresaliente en el instituto, ingresó en la Universidad de Boston en la que cursó Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales con las máximas calificaciones, 'cum laude', y un máster de Administración Pública en Harvard.Una carrera al más alto nivelDesde su condición de analista político y experto en comercio y economía sostenible y vinculado siempre al Partido Demócrata ha desempeñado distintos cargos de responsabilidad en política exterior, en las Administraciones de Bill Clinton y Barack Obama, hasta alcanzar la condición de miembro del Consejo asesor Presidencial de Joe Biden. Asimismo ha participado en 20 campañas electorales de Bill Clinton, Al Gore, John Kerry y Hillary Clinton. En este sentido, rememora con sano orgullo: «Empecé mi carrera política en Washington en el año 94 con Bill Clinton, siendo presidente del Partido Demócrata. Fue una experiencia maravillosa verme con veinte pocos años trabajando, por primera vez, en un cargo político de la Casa Blanca. A esa edad quieres darlo todo y recuerdo que trabajaba 18 o 20 horas diarias durante la campaña. Con sus sucesores tuve la oportunidad de interactuar de manera más cercana».Y aclara: «Sorprendentemente te diría que Obama fue el más exigente, pero no porque fuera difícil trabajar con él, sino que era una muy firme y riguroso intelectualmente y, por ello, cuestionaba todo en las conversaciones. Tenías que estar muy, muy, preparado», en cambio «con Biden resultó todo más fácil», aunque no por su «pérdida cognitiva» que no fue hasta el final de su mandato, sino porque «tenía una gran capacidad de empatizar con la gente. Siempre se preocupaba por las personas primero y después por las ideas».«El mundo perdió una oportunidad tremenda con Hillary Clinton. Era la persona mejor preparada de la historia de Estados Unidos para llegar a la presidencia»Una de las cosas que más lamenta de su trayectoria profesional es que Hillary Clinton no llegase a presidenta: «El mundo perdió una oportunidad tremenda» pues cree que era «la persona mejor preparada en la historia de Estados Unidos para llegar a la presidencia. Había sido senadora, ministra de Asuntos Exteriores y una primera dama muy involucrada en todos los aspectos políticos y sociales del país. Creo que hubiese aterrizado en la Casa Blanca con grandes promesas de cambio». Espera que pronto podamos ver a una mujer ocupar el despacho Oval: «Aunque no a corto plazo, pero sí creo que el país está listo para que una mujer pueda liderar a la economía más importante del mundo».Hillary Clinton posa sonriente junto a Juan Verde, su hija y su madre. ABCSobre su experiencia trabajando codo con codo con tres presidentes estadounidenses, declara: «Lo que siempre me impactó era la capacidad que tenían, sobre todo Clinton, de sentirse igual de cómodos hablando con un jefe de Estado que con una persona de la calle, o con la persona que le limpiaba la oficina». Respecto al deterioro de los presidentes después de abandonar la Casa Blanca, resalta: «La gente se fija sobre todo en el físico. Obama y Biden, por ejemplo, envejecieron muchísimo por la tensión continua. Pero los que trabajamos cerca nos damos cuenta cómo se quitan un peso de encima y vuelven a ser 'humanos', es decir, se vuelven a dar permiso a sí mismos para ser personas normales, a pasar tiempo con su familia o cultivar amistad fuera del ámbito político».Juan Verde junto a Barack Obama aproximadamente al principio y al final del mandato. ABCEl peso político de las primeras damasDurante los años de mandato de cada presidente en Estados Unidos, el papel de la primera dama es innegable puesto que en la sociedad americana la unidad familiar está muy presente en la política. Así, recuerda que: «Michelle Obama se involucraba mucho. En la Casa Blanca a la persona que le teníamos miedo y, hasta, pánico era a ella, no a Barack, porque tenía un carácter muy fuerte», y añade con cierto tono de humor: «Obama la conoció siendo ella su jefa y no dejó de serlo nunca».Michelle Obama logró romper todos los récords históricos en el primer mandato de su marido, convirtiéndose, según las encuestas, en la primera dama más popular. Es por ello que muchas personas pensaron que seguiría la línea de Hillary Clinton para iniciar su propia carrera política: «El partido se lo propuso y ella lo rechazó por un tema personal. Dijo que ya había tenido su cuota de política a través de su marido y que ni se sentía líder ni quería serlo », señala.Sobre Michelle Obama, el estratega recuerda: «A la persona que le teníamos miedo en la Casa Blanca era a ella»De los tres presidentes, el que tiene la historia personal más impresionante es Biden. Y recuerda: «Un año después de tomar posesión como senador, su mujer e hijos sufrieron un accidente de tráfico en el que murieron su esposa y una de sus hijas. Dos de ellos estuvieron muy graves en la UVI durante casi un año. Él iba todos los días desde Washington a Delaware, que está casi dos horas en coche, para ver a sus hijos en el hospital», un drama familiar que poca gente conoce. Y añade: «La doctora Jill Biden -su segunda mujer- era una persona sumamente interesante. Muy formada y que también jugó un papel, menos público pero muy importante, en la Casa Blanca, dirigiendo muchos proyectos de carácter social y educativo». Sobre la actual primera dama, Melania Trump, deja claro que «no la conozco ni he interactuado con ella», si bien considera que su figura «le viene bien a Trump» porque, a diferencia de sus predecesoras, ella «asume un rol meramente testimonial».Además de alto funcionario de la Casa Blanca, Juan Verde es un reconocido estratega internacional en el sector público y privado. Como profesional, diseña soluciones innovadoras para atraer inversión extranjera, establecer alianzas internacionales. Con su último libro 'Geopolítica para empresarios. Cómo ganar en la economía que nace del desorden mundial', pretende «ayudar a las empresas a entender la situación geopolítica actual y qué impacto tiene para para las pymes en particular». Es consciente de que nos encontramos ante una nueva realidad en la que «la tensión, la incertidumbre y las crisis constantes ya no son la excepción, sino la norma».Su relación con Adolfo DomínguezUna de las cosas que más llama la atención de su personalidad es que su nombre no solo aparece en la prensa económica o internacional. Su figura saltó al papel couché cuando se casó con una de las tres hijas de Adolfo Domínguez, Tiziana, en el año 2011. «Conocía a su padre en el ámbito profesional. Cuando trabajaba con Hillary Clinton, me pidió que tuviera una reunión con su hija para orientarla profesionalmente porque quería trabajar en una campaña». Lo primero que le sorprendió de ella es que le dijese que «no quería trabajar para Hillary -que era la candidata que todos pensábamos que iba a ganar-, sino para Obama», por lo que «mi primera conversación con ella fue explicarle por qué estaba absolutamente equivocada y por qué Obama no tenía la más mínima posibilidad de ganar las elecciones»…pero, al final, «ella tenía toda la razón», reconoce con humor.La boda de Juan Verde y Tiziana Domínguez, en la imagen junto a su padre Adolfo Domínguez. GtresDesde que se casaron, la pareja vivió 'a caballo' entre Galicia y Estados Unidos. Pero, a los siete años, la intensidad de sus agendas y unos intereses dispares hicieron mella en su relación y, en 2018, firmaron un discreto divorcio. «Lo mejor que me ha dado mi matrimonio son dos hijos maravillosos, Allegra, de 14 años y Juan, de 12». Y agrega: «Ahora solo pido que sean ciudadanos responsables, que se involucren en lo que está pasando en el mundo y no sean meros testigos».Se casó con una de las hijas de Adolfo Domínguez y vivieron durante años entre Galicia y EE.UU.Pese a su estresante vida profesional, Juan Verde tiene claras sus prioridades: «La paternidad es lo mejor que sé hacer y lo mejor que he hecho en la vida», afirmando que «durante años he cruzado el Atlántico todos los meses para ir a ver a mis hijos y estar con ellos, porque ellos viven aquí en España». A pesar de vivir al otro lado del charco, « me considero un padre presente porque hablo con ellos todos los días, sin excepción. Apuesto más por la calidad que por la cantidad de tiempo que paso con ellos». Manifiesta que «me encanta España», pero reconoce, y es consciente, de que «mi vida está allí», si bien, sueña con «terminar aquí». Algo que, por ahora, es solo un propósito de futuro: «Me siento muy orgulloso de ser español, pero también soy americano y tengo una vida en ese país que difícilmente me permite volver a España a corto plazo».
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