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30/10/2026 22:19

Detectan una explosión cósmica que ocultaba su verdadera potencia por un efecto de perspectiva

Una explosión cósmica que en un principio parecía relativamente modesta terminó revelando una emisión extraordinariamente energética, después de que un equipo internacional de científicos siguiera su evolución durante meses. El fenómeno, identificado como GRB 260310A, produjo además uno de los resplandores residuales más brillantes registrados por los astrónomos en las últimas dos décadas.

El estallido fue detectado el 10 de marzo de 2026 por el telescopio espacial de rayos gamma Fermi, de la NASA. Su destello inicial duró alrededor de 53 segundos y, por la cantidad de energía que parecía liberar, no destacó inicialmente como uno de los eventos más extremos de su tipo.

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Sin embargo, las observaciones posteriores comenzaron a mostrar un comportamiento difícil de explicar con esa primera impresión. El resplandor que siguió a la explosión, conocido como afterglow o resplandor residual, aumentó su brillo en luz visible durante varias horas antes de comenzar a disminuir.

Semanas después ocurrió otra señal inesperada, la emisión en rayos X volvió a intensificarse y continuó siendo detectable durante meses. Para los investigadores, esa evolución indicaba que detrás del destello inicial aparentemente discreto había un fenómeno mucho más energético.

Una explosión que parecía débil desde la Tierra

Los estallidos de rayos gamma, conocidos como GRB por sus siglas en inglés (gamma-ray bursts), se encuentran entre los fenómenos más violentos conocidos del universo. Son destellos extremadamente intensos de radiación gamma que pueden durar desde fracciones de segundo hasta varios minutos y que están asociados con algunos de los eventos más energéticos del cosmos.

Una de las características fundamentales de estos fenómenos es que la energía no necesariamente se distribuye de manera uniforme en todas las direcciones. En determinados tipos de explosiones, parte de ella se concentra en chorros estrechos de materia y radiación que viajan a velocidades cercanas a la de la luz.

Esto significa que la intensidad que observan los astrónomos también depende de la posición desde la que contemplan el fenómeno. Una explosión puede ser extraordinariamente energética y, aun así, parecer menos intensa si la Tierra se encuentra fuera de la dirección principal de su emisión.

Esa es precisamente una de las explicaciones que el equipo plantea para GRB 260310A, es decir la discrepancia entre el destello inicial y el comportamiento posterior podría deberse a que nuestro planeta no se encontraba directamente dentro del haz de emisión más intenso.

En otras palabras, el fenómeno no necesariamente fue menos poderoso de lo que parecía, podría haberse tratado de una explosión cuya verdadera potencia quedó parcialmente oculta por el ángulo desde el que fue observada.

Una red de telescopios siguió su evolución

Para reconstruir lo ocurrido, los investigadores no se limitaron a una sola observación, el seguimiento de GRB 260310A involucró una auténtica flota de instrumentos capaces de observar diferentes tipos de radiación.

Entre ellos estuvieron el observatorio de rayos X Chandra, de la NASA; el telescopio espacial XMM-Newton, de la Agencia Espacial Europea (ESA); la misión Einstein Probe; el Large Binocular Telescope (LBT) y el Karl G. Jansky Very Large Array (VLA).

La estrategia resulta especialmente importante porque un mismo fenómeno cósmico puede contar historias diferentes dependiendo de la longitud de onda con la que se observe. Mientras los rayos gamma permiten estudiar el estallido inicial, los rayos X, la luz visible y las ondas de radio ayudan a seguir la evolución de la materia y la energía liberadas.

El seguimiento óptico contó además con la participación de la red internacional de telescopios robóticos BOOTES, coordinada desde España. Esta red permitió mantener observaciones del resplandor después del destello inicial y aportar datos sobre su evolución.

Entre los instrumentos utilizados estuvo el telescopio TELMA, instalado en la estación BOOTES-2 del IHSM/UMA-CSIC “La Mayora”, en Algarrobo-Costa, Málaga.

También participó el telescopio Javier Gorosabel, ubicado en la estación BOOTES-5, en el Observatorio Astronómico de San Pedro Mártir, en México. Su participación permitió sumar observaciones desde otra localización a la campaña internacional destinada a comprender la explosión.

El resplandor que reveló lo que escondía la explosión

El comportamiento del afterglow fue uno de los elementos que permitió detectar que algo no encajaba con la aparente modestia del estallido inicial.

En condiciones normales, el resplandor posterior de un GRB disminuye conforme la energía de la explosión se dispersa. En GRB 260310A, sin embargo, el brillo visible aumentó durante varias horas antes de comenzar a decaer. Más adelante, la nueva intensificación observada en rayos X añadió otra pieza al rompecabezas.

Los científicos consideran que esta evolución puede aportar información sobre la estructura del chorro relativista producido durante el estallido. Si el haz no apunta directamente hacia la Tierra, el material que se mueve hacia nuestro campo de visión puede hacer que el brillo observado cambie con el tiempo.

El fenómeno convierte a GRB 260310A en un caso particularmente interesante para estudiar cómo la geometría de una explosión cósmica puede modificar lo que los astrónomos perciben desde nuestro planeta.

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La investigación, publicada en The Astrophysical Journal Letters, muestra además por qué el estudio de estos acontecimientos requiere observaciones prolongadas. El destello inicial duró menos de un minuto, pero sus consecuencias permanecieron visibles durante meses.

Para la astronomía, este tipo de eventos ofrece una oportunidad para estudiar cómo se forman y evolucionan los chorros de materia que emergen de algunas de las explosiones más violentas del universo. Y, al mismo tiempo, recuerda que observar el cosmos no siempre significa verlo tal como es, sino interpretarlo a partir de la perspectiva desde la que llega su luz hasta la Tierra.

TG

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