Trump, Bolsonaro y Milei, amigos son los amigos
El tiempo puede medirse a la velocidad de un látigo o por la parsimonia de un río de llanura. Flavio Bolsonaro pasó de casi presidente a acusado en fuga en menos de dos días. La historia de amores y desencuentros entre los Estados Unidos y Brasil lleva más de dos siglos.
Predomina el viejo arrastre de los años, aunque el impacto de una fuga precipitada concentre la atención de la inmediatez. La añeja relación de dos gigantes y el último fogonazo que la ilumina no podrán entenderse sin poner por delante la pretensión de Donald Trump de alinear todo el continente como autoprotección del avance chino.
La Argentina siempre fue un tercero en discordia; nunca escapó a esos polos opuestos del continente y más de una vez quedó enredado en sus conflictos. La intervención de Javier Milei en el escape de Bolsonaro es hija de su condición de ariete privilegiado de Trump en la región.
Bolsonaro usó la amistad de Milei y contó con el apoyo del gobierno para escapar de su país. Eligió huir de lo que considera una persecución judicial con una precipitada fuga habilitada por Donald Trump. La justicia brasileña no oculta su parcialidad y cada juez suele actuar con la camiseta de su pertenencia partidaria con resultados tan estruendosos como la detención, condena y absolución de Lula, y el enjuiciamiento y pena de prisión contra Jair Bolsonaro.
En la estentórea relación con Milei, a Bolsonaro se le escapó preguntarle al presidente argentino sobre su última experiencia electoral, cuando remontó la amplia derrota previa que le había provocado el kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires
Como su padre cuatro años atrás, Flavio Bolsonaro desconoció el resultado de las urnas electrónicas de Brasil. Jair está preso por una condena de intento de golpe de Estado por la operación que dirigió para impedir que Lula lo sucediera en el cargo. Flavio ahora se propone a hacer algo similar, pero a una prudencial distancia de la Justicia de su país.
Recién llegado a Miami dijo que escapó de una dictadura y se comparó con Charles De Gaulle, el héroe francés que formó un gobierno francés en el exilio para luchar contra la ocupación nazi de su país. Será muy importante ver cómo lo trata su anfitrión Trump; su ridícula comparación omite, tal vez por ignorancia, lo mal que se llevaban en Londres el héroe francés con el enorme Winston Churchill.
En su partida, Flavio Bolsonaro dejó huérfanos a los 59.826.041 de brasileños que apoyaron su candidatura presidencial en la segunda vuelta del domingo pasado. Quizá nunca esperó perder, una vez que había superado por casi dos puntos porcentuales a Lula en la primera vuelta. Pero pesó más el cálculo de que los jueces afines al oficialismo estaban tras su cabeza hace tiempo y la decisión de evitar una detención por la acusación de lavado de dinero y otros presuntos delitos.
Más allá del desenlace del episodio, el contexto en el que se desarrolla es mucho más importante que la insólita derivación de las elecciones brasileñas
En la estentórea relación con Milei, a Bolsonaro se le escapó preguntarle al presidente argentino sobre su última experiencia electoral. Tal vez se hubiese prevenido un poco más de la amarga sorpresa al que lo sometió Lula al descontarle la ventaja y superarlo por 4.430.191 votos de diferencia.
Milei podría haberle contado cómo hizo para remontar la dura derrota que sufrió en la provincia de Buenos Aires el 7 de septiembre del año pasado, cuando los candidatos kirchneristas superaron a los libertarios por 13,57 puntos porcentuales. Un mes y medio después, en las elecciones nacionales, los libertarios remontaron esa enorme ventaja y ganaron ajustadamente una elección largamente festejada al sumar casi un millón de votos en la provincia más grande del país.
Bolsonaro al menos por ahora no tiene cómo demostrar que hubo fraude y le será todavía más difícil luego de irse. Una parte de su partido reconoce que Lula ganó porque sacó más votos, aunque se queja de irregularidades tales como prorrogar a último momento dos horas la votación. Esa convicción es la que hicieron conocer la casi unánime mayoría de los observadores internacionales independientes y se reflejó en los mensajes enviados al ganador por presidentes y dirigentes de todo el mundo. Menos Trump y Milei.
Brasil se convirtió en un objetivo a destruir para la aspiración de Trump de blindar América de la influencia china en tanto Brasil se piensa a sí mismo antes y después de Lula como una potencia global
Más allá del desenlace del episodio, el contexto en el que se desarrolla es mucho más importante que la insólita derivación de las elecciones brasileñas.
Brasil se convirtió en un objetivo a destruir para la aspiración de Trump de blindar América de la influencia china. Y la continuidad de Lula es un golpe a ese proyecto, en tanto Brasil se piensa a sí mismo antes y después del actual presidente, como una potencia global.
La alianza con China como parte del Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) es para Brasil un camino hacia una cierta autonomía usando la palanca del multilateralismo, que por sobre todo resta autoridad a los Estados Unidos y relativiza su control sobre la región.
Trump imaginaba un vuelco definitivo a su favor con una presidencia de su mismo equipo ideológico. La frustración lo lleva a habilitar el inmediato asilo a Bolsonaro.
Milei militó por Bolsonaro, pero su derrota lo mantiene en el lugar de privilegio que la Casa Blanca le dio. Hay noticias que se comentan como malas, pero pueden ser buenas en tanto mantienen una situación que siempre pudo ser circunstancial.
El resultado en Brasil consolida a Milei como el principal referente de Trump en la región en momentos en que se hace muy necesario que los Estados Unidos estén dispuestos a repetir un salvataje cambiario como el que impulsó a los libertarios al triunfo.
Importa mucho más para los libertarios cómo terminarán las elecciones de medio término del próximo martes en los Estados Unidos, porque Trump arriesga el control de las dos cámaras del Capitolio. Es una prueba en la que por lo general los presidentes terminan peor que mejor y el republicano no parece tener posibilidades de evitar una derrota.
Milei está obligado a mirar la diferencia por la que pierdan los republicanos en la suma y resta de bancas de representantes y senadores, para establecer cuánto poder y capacidad de maniobra le quita el resultado a Trump.
La suerte de los amigos siempre se parece mucho a la propia. Ganen, pierdan o huyan.
Exsecretario de redacción de LA NACION, actualmente director periodístico de Cadena 3
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