Japón pone a prueba al eucalipto paraguayo
En las plantaciones del interior, un eucalipto alcanza en pocos años un porte que en otras latitudes demanda décadas. Hoy esa madera sale mayormente como biomasa o rollizo. El desafío del sector es que la próxima vez llegue a Japón convertida en viga laminada.
Japón es uno de los mercados más exigentes del mundo en materiales de construcción y ha empezado a mirar al eucalipto paraguayo para nichos específicos de alto valor. Hay un acuerdo según las autoridades del sector, pero la fecha del primer envío aún está en negociación.
ABC Rural conversó con Diego Puente Yugovich, presidente de la Federación Paraguaya de Madereros (Fepama), quien está convencido de que las condiciones naturales del país y el potencial de la calidad de la madera abren el camino a productos para la construcción con mayores estándares de calidad y valor agregado.
Crecimiento récord del producto local
Clima y suelo juegan a favor. Con manejo silvícola adecuado, el eucalipto local logra rendimientos destacados, buena densidad y alta resistencia físico-mecánica.
Esos atributos lo habilitan para estructuras, vigas laminadas y terminaciones interiores. Y la resistencia estructural es, justamente, la carta de entrada a una industria constructiva que solo compra materiales confiables, sometidos a controles rigurosos, sostiene Diego Puente.
El sello que abre puertas
“Para la cadena forestal, Japón sería un salto de escala”, sostiene Puente. “Una porción de entre el 1% y el 2% de esa demanda alcanzaría para empujar el paso de la biomasa y el rollizo hacia productos elaborados, secos y calibrados”.
Hay un premio adicional, cuenta el presidente: “Homologar la madera bajo estándares japoneses funcionaría como un certificado internacional de calidad. Validado en Japón, el producto tendría allanado el camino hacia otros destinos”.
Normas y secado, los hitos a cumplir
La puerta no se abre sola. El requisito central es la norma JAS (Japanese Agricultural Standards), que fija criterios de clasificación estructural mecánica, resistencia, elasticidad y precisión dimensional.
El secado es otro filtro. La madera debe llegar con menos del 15% de humedad para evitar deformaciones en destino. Eso exige procesos industriales controlados, equipos especializados y sistemas confiables de clasificación y trazabilidad.
La hoja de ruta
Paraguay proyecta llegar a 500.000 hectáreas de plantaciones forestales en el corto plazo. La capacidad de procesamiento crece, pero el ingreso a Japón sería gradual, comparte Puente: “Primero programas piloto y nichos, después volumen”.
La lista de compras que debe poner en marcha el sector incluye escáneres, clasificadoras de esfuerzo mecánico, cámaras de secado computarizadas, plantas de ensamblado finger-joint y de vigas multilaminadas con adhesivos certificados.
“En logística, la clave pasa por optimizar la hidrovía hacia los puertos de ultramar. Las alianzas con empresas japonesas sumarían competitividad y transferencia tecnológica”, advierte el presidente.
Empleo calificado en el interior
La industrialización forestal promete multiplicar el empleo formal y calificado en el interior: operadores de maquinaria, técnicos de secado, especialistas en control de calidad.
Las plantaciones, además, abren espacio a la integración silvopastoril y a la captura de carbono, dos activos que suman valor ambiental al negocio.
El desafío, según la visión del sector, es convertir ventajas naturales en una industria competitiva. Una que atraiga inversión, genere empleo y posicione a Paraguay como referente regional en bioeconomía. Japón puede ser la primera gran prueba.
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