¿La IA es herramienta o creador?

En las Metamorfosis de Ovidio la historia de Pigmalión acaba bien. El escultor, célibe, que reprocha a las mujeres que ha conocido sus “numerosos vicios”, esculpe un marfil al que besa, al que viste con gemas, perlas y vestidos. Sabe que se enamora de lo falso. Cuando hace su ofrenda a Venus, no se atreve a pedir que la estatua se convierta en su esposa: pide, con timidez, una “semejante” a la de marfil. La diosa entiende lo que de verdad desea, y cuando Pigmalión vuelve a casa y besa la figura, el marfil se ablanda bajo sus dedos, se entibia, es carne. A fuerza de deseo, la imitación se vuelve verdadera, y deja de importar la diferencia entre una forma “con la que ninguna mujer nacer puede” y una mujer nacida.
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