De la tecnología futurista a la espiritualidad: Mariko Mori repasa su carrera en Tokio
Bajo el título 'Mariko Mori: todo lo que brilla', la exhibición, abierta al público hasta finales de marzo de 2027 en el Mori Art Museum del barrio tokiota de Roppongi, traza la evolución de una artista que, desde que emergió en la escena, ha difuminado las fronteras entre arte, tecnología y espiritualidad, de la mano de la relación entre humanidad y naturaleza.
En un recorrido por su faceta artística que abarca más de tres décadas, se incluyen fotografías inspiradas en la cultura del anime o los videojuegos, recreando entornos urbanos en los que ella misma se introduce como figura futurista; y, por otro lado, obras que reflejan su interés por la conexión con el entorno natural, demostrando así su práctica multidisciplinar.
Para Mori, exponer en este museo, que fue fundado por su tío Minoru Mori en 2003, era un sueño desde su inauguración y a menudo se preguntaba cuándo llegaría ese momento. "Creo firmemente que este es el instante idóneo", dijo la artista en una rueda de prensa.
Después, en una entrevista con EFE, Mori detalló que exponer ahora, y no cuando se inauguró el museo, implica que su obra "es mucho más rica en términos de investigación".
"Creo que tengo más mensaje, que mi investigación es más profunda. Siento que tengo mucho más que compartir", aseguró una artista que ahora abraza la inteligencia artificial (IA) como herramienta para hacer realidad su "visión", después de haber trabajado durante años "con la tecnología más avanzada de cada momento para plasmar lo que deseaba crear".
Si antes recurría a "superordenadores enormes" para generar imágenes digitales, ahora puede hacerlo con uno personal. "Es algo maravilloso porque significa que el lenguaje del arte está al alcance de todos", dijo. Su exposición cuenta, entre sus principales patrocinadores, con la empresa estadounidense de IA Anthropic.
Sus primeras obras de la década de los 90, algunas de ellas de nuevo en las paredes de esta galería, provocaron un impacto social al desafiar los roles de género en Japón. Mori parodió la sociedad japonesa por relegar a la mujer a un rol servicial en el ámbito corporativo y denunció, con una estética hipersexualizada, el consumo de mujeres sumisas de la cultura otaku.
"En aquel momento, quería reclamar mayor libertad para las mujeres. Sentía una gran necesidad de llamar la atención sobre el tema para que el entorno social fuera más favorable a que las mujeres pudieran desarrollar una carrera profesional", justificó.
Pero a finales del milenio el fondo de denuncia empezó a disolverse. Mori comenzó a interesarse "más por una conciencia profunda" y "no tanto por el mundo exterior, para explorar la interconexión del mundo y la unidad a través de esa conciencia".
Pasó a utilizar la tecnología como forma de señalar la frialdad del mundo moderno a crear un espacio sensorial, desde diosas de ciencia ficción en paisajes creados digitalmente a su famosa nave extraterrestre, que llega por primera vez a Japón.
El público de la exposición, aunque con aforo limitado por sesión, puede volver a experimentar su Wave UFO (1999-2002), instalación en forma de ovni de más de diez metros de largo en cuyo techo se pueden visualizar imágenes generadas por sus ondas cerebrales.
En este camino se ha volcado con la idea de reconectar al público con el cosmos, a través de proyectos de un misticismo y un minimalismo que contrastan con el inicio de su carrera: prescinde del autorretrato y la iconografía pop para crear figuras abstractas e instalaciones en entornos naturales remotos.
El resultado es, según explicó en rueda de prensa la comisaria estadounidense Alexandra Munroe, de la Fundación Guggenheim, la "interacción entre el ser humano, el cuerpo y algo más, algún otro estado del ser posthumano, transhumano o suprahumano que ella ocupa y presenta mediante un lenguaje visual sumamente distintivo".
Munroe recordó que estas imágenes de Mariko Mori, que "hoy son tan emblemáticas", se realizaron en el cambio de milenio, cuando había una "enorme ansiedad y una gran dosis de imaginación en torno al amanecer o al temor de la era digital, al imaginario del futuro, tanto como amenaza como oportunidad".
La artista japonesa, agregó la comisaria, es una tecnooptimista que recurre a la tecnología visual más puntera para escenificar estas realidades multidimensionales, pero descartó etiquetarla como "feminista en un sentido estricto", limitando su "producción a una conciencia femenina".
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