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Los tres monos sabios
Las tribulaciones de Mbappé en China han hecho que el Clásico pasara como una tormenta. La autocrítica, recordaba en su día Fueyo, fue una de las técnicas predilectas de la administración mandarinista: todo mandarín debía redactar cada cinco años una lista o confesión escrita de las faltas cometidas por él, por las cuales era luego castigado. Y describía la tradicional institución de los Ko-lao: «Toda autoridad tenía a su lado un observador silencioso, un censor, cuya función única era, como la de los historiadores, revisar todas las actas. Estos hombres se llamaban Ko-lao; eran muy respetados y temidos; eran también inamovibles y ejercían una severa inspección sobre todo cuanto concierne al gobierno, sobre el despacho de los asuntos y la conducta privada de los mandarines, dando noticia de todo directamente al Emperador». En España los profesionales que viven de llamar «dictador» al general ferrolano, creador del actual Estado español, fingen desmayarse porque Mbappé habría llamado dictador al protagonista del «Pequeño Libro Rojo», creador del actual Estado chino. Y hay tal cantidad de «leures» en este juego que lo único que podría hacerse sería buscar el «cui prodest» del escándalo, cosa que no vamos a hacer, y nos conformamos con tomarnos el caso como un recuerdo del futuro que ya está aquí, en el que los contemporáneos de Mbappé hemos de obrar como los Tres Monos Sabios, Mizaru («No ver»), Kikazaru («No oír») e Iwazaru («No decir»). Exactamente igual que cuando oímos que el sexagenario Flick, ganador de dos ligas tebanas, es un entrenador «in», siendo incapaz en ese tiempo de aprender a decir en español «de mica en mica s'omple la pica», y que el sexagenario Mou, que se marcó un Capablanca en el Clásico (desdeñar las aperturas y a dominar los fines de partida) es un entrenador «out». –El ajedrez –dijo Richard Burton (el traductor, no el actor)– es un juego erótico: todo consiste en poner horizontal a la reina. Se consiguió merced a una jugada de Camavinga, a quien los piperos querían vender en verano para traerse a Rodri (por más del doble de lo que costó Cristiano, único futbolista, por cierto, que ha felicitado a Kane por su Balón de Oro), cuya forma de repartir balones en los partidos como un utillero en los entrenamientos los tiene fascinados. Camavinga, que llegó como una mezcla de Seedorf y Redondo (imagen de Hughes que luego haría suya el Uclés de Sangenjo), grabó en el Campo Nuevo, una jugada tan «icónica» (para que se nos entienda entre el piperío), con remate de Mbappé, como la de Redondo en Old Trafford, con remate de Raúl, salvo que a Redondo lo aplaudieron los ingleses y a Camavinga los culés le pegaron un palazo de bandera , como en una fantasía de Bono, aquel ministro. También para el recuerdo, el virtuosismo houdinesco de Diomandé encerrado contra tres en la línea de cal: bombeta pirotécnica, caño a Lamine'2030 y tocata y fuga del chico de los ciento veinte millones, que era el dinero que los piperos tenían guardado para fichar a Zubimendi. Atronador ha sido el silencio mediático sobre la virguería de Diomandé, en contraste con el bombo (y el platillo) del periodismo sobre la virguería (una no-rabona, o rebote editado en montaje televisivo) de Lamine'2030 ante el Galatasaray. Tampoco se ha hablado mucho del regate de Camavinga a Cubarsí, el Franco Baressi de la Modernidad. En resumen, un Clásico donde el árbitro sólo deseó suerte a los del Barsita, donde el revolucionario Flick planteó una partida de brisca, mientras el obsoleto Mou prefirió tirar del librillo del ajedrez. En visión de nuestro orate Félix Martí Ibáñez, psiquiatra exiliado (¡éste sí!) a los Estados Unidos, donde escribió cosas graciosísimas: –Darle jaque mate al rey opuesto en ajedrez equivale a castrarlo y devorarlo, haciéndose los dos uno solo en un ritual de homosexualismo simbólico y comunión canibalística. MÁS INFORMACIÓN noticia Opinión No El carácter es destino noticia Opinión No Gozar del lujo noticia Opinión No Barco negro (fado)Leídas las crónicas , el mérito no fue de Mou, sino de los revistosos del puchero, que le dijeron cómo jugar, razón por la cual los cronistas están comiéndose los mocos en un podcast, y Mou, ganando sus buenas perras en el banquillo de Chamartín.
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