Talleres Gráficos: Morena cobra sus escándalos
“La primera finalidad y, en última instancia, la única finalidad de todo partido político es su propio crecimiento, y eso sin límite.”
Simone Weil, Sobre la supresión general de los partidos políticos
La perversidad puede llegar a niveles insospechados: Morena gana —en lugar de perder— con sus escándalos de corrupción. Son la excusa que el gobierno viene utilizando para exigir más control sobre las instituciones en México. Los funcionarios caen (y, mismo eso, a veces). El partido avanza. Estoy segura lo han notado; pero quizá no lo habían visto como El modus operandi de Palacio Nacional. Lo es.
Ernesto Zedillo llamó a México una autocracia electoral. Habló en Madrid, ante Letras Libres y la Universidad Villanueva. Sheinbaum respondió hablando de Salinas, de 1988 y lo acusó de practicar la hipocresía. La presidenta discutió el pasado de Zedillo. Con ello evadió el futuro que traza Morena para nuestras elecciones.
La propuesta sobre Talleres Gráficos ejemplifica mi preocupación. Tras las denuncias sobre contratos ilegales y amañados del INE, Sheinbaum planteó ampliar la producción estatal de materiales electorales. La presidenta promete acabar con los “coyotes”. Ofrece supervisión externa, mas con ello su gobierno ganaría influencia sobre los suministros del árbitro. Vaya, vaya , vaya.
Vamos paso a paso: (1) Talleres Gráficos de México ya imprime las boletas federales. (2) El INE supervisa esa producción. (3) La discusión ahora es quién decide cuánto comprar, a quién contratar y bajo qué condiciones. Esas decisiones hoy pertenecen al INE. La presidenta quiere orientar esas decisiones desde Palacio.
Seamos serios: combatir la corrupción (y la democracia de a deveras) exige investigar contratos y castigar responsables. NO autoriza a la presidenta a someter al organismo que debe vigilar las elecciones. Un contratista corrupto debe perder su contrato. El INE no debe perder su independencia. Ni hoy ni nunca.
Pero Morena ha llegado a otra —muy miserable— conclusión: si el INE está corrompido, el gobierno debe intervenir más. Esa es la trampa.
¿Por qué? Sencillísimo: La concentración de poder debilita los controles. La falta de controles facilita nuevos abusos. Luego, el régimen utiliza esos abusos para reclamar todavía más poder. La corrupción produce captura. La captura facilita más corrupción. El siguiente escándalo justifica la siguiente intervención.
Así es como Morena convierte cada fracaso institucional en una victoria política. ¿Se dan cuenta?
Encima, apropiarse del árbitro también es corrupción. Un partido corrompe al INE cuando pone sus facultades al servicio de la permanencia del propio partido político.
El dinero robado no es la única forma de saquear una institución. También se puede robar su independencia. Eso es lo que muchos mexicanos no terminan de entender.
El exconsejero Jaime Rivera señaló el límite: el Ejecutivo NO puede decidir con quién contrata el INE. Si Sheinbaum reconoce esa atribución del Instituto, entonces su intención para con los talleres debe parar. Las compras del árbitro no necesitan una jefa en Palacio.
Lo que es más, un proveedor estatal dominante le impondría al órgano electoral ooootra dependencia. El INE necesitaría sus entregas para organizar las elecciones. Sin proveedores alternativos de papel y materiales, el ejecutivo federal y Regeneración Nacional tendrían otra palanca de presión e injerencia en los procesos electorales. La cereza del pastel es pretender vender esa subordinación como una medida de limpieza. Si se les acusa de cínicos, no de tontos.
Yo veo un sistema que premia al poder por su corrupción, en lugar de que esta lo obligue a rendir cuentas. Morena sacrifica funcionarios y estructuras burocráticas —en este caso de un órgano constitucional autónomo— y acumula control el mismo.
Y las elecciones pueden seguir. El show y la faramalla de las campañas, del conteo de votos también. Pero serían engaños pues la autocracia también instala casillas.
Giro de la Perinola
Sheinbaum acusa a Lorenzo Córdova de conservar su plaza en la UNAM más allá del plazo permitido. Ella también conservó la suya mientras gobernaba y hacía campaña. En 2024 defendió su licencia sin sueldo. Ahora presume que renunció al cumplir seis años. La UNAM debe aclarar los plazos de ambos. La renuncia de Sheinbaum no borra los años que aprovechó la licencia. Su biografía no empezó cuando le convino. Lejos de ello.
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