ABC
Diálogo socrático
La charla entre Ana y Juan comenzó en al bar de Paco, un bar frecuentado por varios estudiantes universitarios, especialmente de la rama de Arte, Humanidades y Políticas . Juan se sentía atraído por Ana y estaba algo incómodo con la conversación que habían emprendido. Quería defender sus ideas pero no quería enfrentarlas demasiado a las de ella. Ana, también se sentía atraída por Juan, pero no tenía ganas de empezar una relación con alguien con un ideario político muy alejado del suyo.Ana: No creo que un artista pueda quedarse al margen de lo que ocurre a su alrededor.Juan: Nunca he defendido la indiferencia del artista ante los problemas de su tiempo.A.: Entonces, ¿estarás de acuerdo en que una de las funciones del artista es influir en la sociedad aprovechando su posición mediática?J.: No exactamente.A.: ¿Prefieres que el artista se silencie a sí mismo para evitar incomodar a su público? ¿Para no perder lectores o espectadores? J.: Si pensara así, sería un cínico.A.: No te entiendo, Juan. No se puede estar en misa y repicando, o te comprometes o dejas que otros aprovechen tu silencio. J.: Tengo dudas. Pienso que el artista debería defender algunas causas , pero veo que, a menudo, acaba siendo manipulado por grupos de poder. Esos grupos o partidos tienen interés en crear una servidumbre en los artistas. Tratan de atraerlos hacia sus causas a cambio de dinero o ventajas de otro tipo. Eso no me parece bien.A.: Es cierto, ocurre y a mí también me molesta, pero creo que el riesgo de ser manipulado es preferible al de ser silenciado.J.: Sin duda, ambos son nocivos. Podríamos ir a ver al Ismael y consultarle esta cuestión. Él siempre está disponible para conversar sobre todo tipo de dilemas.A.: Sí, vayamos a verle. Aunque es un poco tarde para molestarle. Esperemos que no haya empezado a cenar.Como Ismael vivía cerca del bar, Ana y Juan fueron caminando hasta su casa. Tocaron al timbre. Ismael les invitó a cenar, como solía hacer cuando le visitaba alguno de sus alumnos. En seguida se pusieron a discutir sobre el compromiso del artista.ISMAEL: ¿Sabéis quién es Dolly Parton ?A.: ¿La cantante country americana?J.: Sí, claro. Mi padres ponían sus canciones en el coche. Me encanta su música.A.: A mí también me gusta mucho. Aunque soy más de Rosalía o de Taylor Swift.I.: Yo soy más de The Cure, pero eso no viene ahora al caso. Quería comentaros un aspecto de Dolly Parton que puede ayudarnos en la cuestión que os ha traído esta noche.«Dolly dejó una gran obra musical y un gran ejemplo como artista comprometida»Ismael se sirvió otra copa de vino.I.: Dolly dejó una gran obra musical y un gran ejemplo como artista comprometida. Tras su muerte, hace pocas semanas, Trump ordenó que las banderas ondearan a media asta durante una semana; Biden destacó su labor en favor de las mujeres y de la alfabetización; Obama recordó su impacto en la música y en el desarrollo sanitario; Clinton manifestó su admiración por su música y su generosidad; Bush dijo que era una gran artista y una persona, aún mejor. No se supo nunca si era republicana o demócrata, pues nunca respaldó a candidatos, ni partidos. Militó en favor de la infancia y de las mujeres, pero evitando significarse como feminista. Mostró su solidaridad haciendo donaciones personales a oenegés humanitarias. Y siempre se mostró sonriente y con gran auto ironía. Nunca ofendió a nadie.A.: Doy por bueno el ejemplo de Dolly Parton, ya he dicho que además me encanta su música.J.: Aunque menos que Rosalía.A.: Menos que Rosalía, pero me gusta.I.: Apostaría mi vida a que a Rosalía le encanta Dolly Parton.J.: La cuestión que debatíamos Ana y yo, es si el artista puede quedar al margen de los hechos, las ideas y las luchas de poder en la época en la que le ha tocado vivir o si debe tomar partido.I.: El artista tiene la posibilidad de profundizar en determinadas ideas y contribuir al progreso civilizatorio, pero no creo que lo logre si pone su voz al servicio de grupos de interés o partidos o personas cuya principal misión es alcanzar el poder. Todos los partidos deberían ser igual de sospechosos para el artista, pues todos buscan lo mismo: el inquietante poder. El artista debería marcar distancia frente a ellos, sean del signo que sean. Creo que deberían defender conceptos, pero no caer en las telas de araña de aquellos que adoptan las ideas como instrumentos de adhesión. La verdadera aportación del artista sería en lo conceptual, más que en lo relativo a la pertenencia sociológica o ideológica. Si yo fuera artista, en lugar de profesor, militaría por la libertad, la tolerancia y la dignidad como fundamentos del ser político. Luego defendería la democracia, la paz y la justicia como mecanismos de convivencia. Me comprometería con la solidaridad, la amistad y el sentido del humor como antídotos contra la opresión y la violencia. Mi militancia sería, insisto, conceptual. Trataría de ampliar al máximo esos ideales protegiéndolos de la apropiación partidista. Como no soy artista, milito a favor del vino.Y aprovechando una pausa, Ismael se sirvió otra copa.«El sentido del humor es lo que nos alegra la existencia y nos recuerda que no somos dioses»A.: Me parece que te dejas un concepto muy importante, el concepto de igualdad.I.: Haces bien en mencionarlo, Ana, pues el concepto de igualdad atraviesa todos los anteriores. Debe ser igualitaria la libertad de expresión , es decir, debe gozar de su ejercicio todo el mundo sin límite de ideas; como también debe ser igualitaria la tolerancia. No podría ser que unos fueran tolerantes y otros no, es evidente. La paz y la democracia deben extenderse a todas las sociedades y a todos los países, sin excepción. La solidaridad es necesaria en todas partes y el ideal de amistad debería prevalecer sobre el enfrentamiento, siempre y en todo lugar. El sentido del humor es lo que nos alegra la existencia y nos recuerda que no somos dioses.A.: Yo me refería a la igualdad real, a la igualdad material. Que todos podamos poseer las mismas cosas.I.: Bueno, no todas las personas quieren las mismas cosas.A.: Todas las personas quieren una casa.I.: No todas. La inmensa mayoría, probablemente sí, pero no todas. Los monjes, por ejemplo, no quieren tener propiedades. Puede parecer un ejemplo extremo, pero está claro que no todos tenemos los mismos deseos. Bajo mi ideal de Justicia, todos tendríamos los mismos derechos, pero eso no obliga a nadie a tener que materializar los deseos de los demás.Ana y Juan salieron a altas horas de casa de Ismael. Juan le propuso una última copa en el apartamento. Ana accedió. En realidad, le gustaba mucho Juan, aunque se hacía la remolona. Esa noche se besaron, por primera vez, escuchando 'Jolean' de Dolly Parton. Jaime Rosales es director de cine
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