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Urda llora a las víctimas del accidente: «Ahora somos nosotros los que necesitamos paz»
Urda ha amanecido este sábado con niebla. Las calles del municipio toledano, situado a apenas ocho kilómetros del lugar del accidente ferroviario, permanecían en silencio mientras sus vecinos se preparaban para despedir a las víctimas del siniestro. A las doce del mediodía, la iglesia parroquial de San Juan Bautista ha acogido la misa funeral, presidida por el arzobispo de Toledo, Francisco Cerro Chaves, y a la que ha asistido el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, entre otras autoridades.El sol ha terminado abriéndose paso durante la celebración, pero en las caras de los vecinos sigue instalado el dolor. Han pasado tres días desde el accidente y los cerca de 2.500 habitantes de Urda continúan conmocionados. Las lágrimas aparecen con facilidad cuando hablan de lo ocurrido. Muchos siguen sin poder asimilar que la tragedia haya sucedido tan cerca de sus casas y lamentan que, a partir de ahora, su pueblo pueda ser conocido por esta desgracia.La localidad todavía arrastra, además, las consecuencias de las fuertes inundaciones que sufrió hace apenas unas semanas. Entonces, unos 140 litros por metro cuadrado cayeron en apenas hora y media y anegaron buena parte del municipio, dejando barro en las calles. Ahora el daño es distinto y no se ve: se percibe en los rostros, en el silencio y en la emoción contenida de quienes se cruzan por el pueblo .A las puertas de la iglesia, el alcalde, Manuel Galán, ha puesto voz a ese estado de ánimo. « El pueblo está muy dolorido, está muy dañado psicológicamente» , ha explicado, después de haber podido recorrer las calles y hablar con los vecinos tras pasar los primeros días en el puesto de mando. También ha agradecido la atención de los medios de comunicación, porque, según ha señalado, las conversaciones con los periodistas están ayudando a muchos vecinos a sacar fuera el dolor que llevan dentro.Galán ha pedido que los heridos que permanecen ingresados puedan recuperarse cuanto antes y regresar con sus familias. El regidor ha reconocido que no recuerda una situación semejante en el municipio y ha destacado el orgullo que siente por la respuesta solidaria de sus vecinos, que desde el primer momento se volcaron en ayudar a los afectados y a sus familiares. Pero ahora, ha advertido, también necesitan apoyo para afrontar lo que han vivido.«La gente que ha visto en primera persona ese dolor necesita también que les acompañen a pasarlo», ha señalado. La ayuda que durante los primeros días prestaron a los demás empieza ahora a dejar paso a la necesidad de recibir consuelo.Magdalena, una de las voluntarias que ha participado en la organización del funeral, también percibe ese cambio. «Casi peor que al principio, porque al principio era ayudar, ayudar, ayudar», ha explicado a ABC. Durante las primeras horas, los vecinos estaban concentrados en atender a los supervivientes y a los familiares. Ahora, cuando la actividad comienza a disminuir y los equipos de emergencia y los periodistas se marchan, sienten que llega el momento de quedarse a solas con lo ocurrido.«A partir de hoy ya nos quedamos solos y esto ya va a ser para nosotros», ha dicho. Para ella, la misa funeral debe servir para encontrar «paz». También le duele que Urda vaya a quedar asociado al accidente. «Nos da mucha pena que haya pasado esto y que Urda sea tan famoso porque haya pasado lo que ha pasado», ha lamentado. Recuerda, no obstante, que el municipio también es conocido por su Cristo, una devoción que forma parte de su identidad.Ese sentimiento es compartido por Angelines y Beatriz, integrantes de la cofradía del Cristo de Urda, que no pueden contener las lágrimas al recordar estos días. Ambas siguen en estado de conmoción y se aferran a la fe para encontrar consuelo. Hablan del Cristo, muy querido dentro y fuera del municipio, y de la esperanza de que la celebración ayude a llevar algo de paz a las familias y a los vecinos.«Han muerto 69 personas y lo sentimos muchísimo, pero podían haber muerto 500», reflexionan. En esa frase se mezclan el dolor por las víctimas y la conciencia de la magnitud que pudo alcanzar la tragedia.Urda ha demostrado estos días su capacidad para organizarse y ayudar a quienes lo necesitaban. Ahora, mientras intenta recuperar la normalidad, sus vecinos afrontan otra tarea: aprender a convivir con el recuerdo de lo sucedido y superar una conmoción que, como reconocen, todavía tardará en marcharse.
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