La frase de Milton Friedman, por qué los economistas están en cualquiera y por qué vuelve a ser importante 'la relevancia'
El exsecretario del Tesoro de EE.UU. Larry Summers, que acaba de jubilarse de la Universidad de Harvard salpicado por sus vínculos con el delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein, contó alguna vez que mientras estaba en su cargo tenía acceso a los mejores papers académicos de la economía de todo el mundo todas las semanas. “¿Cuántos de ellos me parecieron de utilidad? Me sobraban los dedos de un mano”, respondió a la hora de referirse a un tema que el economista Juan Carlos De Pablo aborda en su último libro Ensayos imprescindibles, sobre la economía y la vida (Editorial Penguin Random House).
Precisamente el primero de ellos se tituló Relevancia (y después todo lo demás) y es justamente a lo que el exsecretario del Tesoro se refería. Quizás incluso por ello, De Pablo le dedica ese ensayo a siete economistas que actuaron en la práctica de la política económica o dedicaron su estudio a dicho campo: Adolfo Canitrot, Carlos Díaz Alejandro, Guido Di Tella, Alieto Guadagni, Arnold Harberger, Albert Hirschman y Raúl Prebisch.
La tesis de De Pablo, básicamente, consiste en que los economistas no están asignando bien los esfuerzos y fondos dedicados a la investigación y la enseñanza de la economía y es lo que Summers encontró en esos cientos de cuadernos con recopilaciones de papers.
“¿Cuántas de las monografías o libros publicados, o presentados en algún congreso profesional, cumplen algunos de estos requisitos? —se pregunta De Pablo—, ¿Cuándo fue la última vez que usted leyó algún escrito que satisfaga esos requerimientos? Estamos en problemas”.
Para el autor, una de las digresiones que hace falta tener en cuenta es evitar los comportamientos de manada en que incurren muchos de los estudiantes y académicos en la economía de hoy. Atreverse, con coraje, a plantear cosas tan novedosas como concretas. Pondera al premio Nobel de Economía Esther Duflo, quien sugiere que para la resolución de los problemas específicos hacen falta tantas modificaciones en las políticas como para generar resultados concretos y que “la experiencia mostró que los asesores no deben hablar desde el pedestal sino participar junto con los funcionarios en un proceso de prueba y error”.
En ese sentido, un aspecto clave resulta entender que los economistas, para conseguir un resultado, deben saber administrar qué insumos y recursos sirven para llegar a él. Pone el ejemplo del nobel Michael Kremer, que sostiene que en temas de educación muchas veces el problema es que los chicos aprenden con libros que no entienden y el problema entonces no son los alumnos sino el material que se les provee.
¿Por qué difieren los economistas tanto?, se pregunta De Pablo.
“Antes de responder, aclaro que los economistas estamos más de acuerdo de lo que parece cuando participamos en los medios; lo que sucede es que el acuerdo reduce el rating. Milton Friedman afirmó que los economistas estamos de acuerdo en el 98% de los casos, solo que hablamos del otro 2%. Probablemente exagere pero tiene una parte de razón”.
De Pablo modeliza las distintas diferencias entre los economistas a la hora de recomendar qué hacer frente a determinado problema. Cita cinco cuestiones al respecto.
1. Los objetivos que debería plantearse el gobierno de turno.
2. Confianza o desconfianza en los instrumentos de política económica.
3. Cantidad y calidad de información en base a la cual se realizan tanto los diagnósticos como las recomendaciones.
4. Diferente postura, frente al riesgo y la incertidumbre.
5. Inclusión en el análisis de todas las restricciones que enfrentan las autoridades.
6. Si las recomendaciones de política económica que ofrecen son relevantes bajo las condiciones en las que un gobierno trabaja.
“Desde el punto de vista del marketing, David Ricardo era un genio”, dice De Pablo sobre el economista inglés que inspiró el librecambio y la especialización comercial entre países en el siglo XIX. “Porque les ‘vendió’ los beneficios de las ventajas comparativas a sus compatriotas ingleses utilizando un ejemplo numérico planteado entre dos países (Inglaterra y Portugal) y dos bienes (paños y vino) en el cual la productividad absoluta en la producción de cada uno de los dos bienes era mayor en Portugal. Ahora ¿se imagina usted recomendando cerrar empresas en Argentina con este ejemplo? Algunos colegas hacen esto”.
¿A quién se referirá De Pablo?
“Llamen a Moe, que Larry está en cualquiera” fue una parodia de un programa de humor que se llamó “Todo x 2 Pesos”, conducido por Diego Capusotto y Fabio Alberti. En una presentación televisiva famosa esa vez, el cantante Gustavo Cerati cantó inspirado en los personajes de la serie Los Tres Chiflados y rodeado de actores-músicos que imitaban a los hermanos Howard (Moe, Larry y Curly). Larry estaba en cualquiera, decía Cerati. A veces pareciera que los economistas también, andan en cualquiera.
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