Cuauhtémoc Cárdenas: la humildad de un grande y su proclividad a la paz del país
Ayer, con los restos mortales expuestos del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, exjefe de gobierno del desaparecido Distrito Federal, horas antes de sus exequias, resultó necesario hacer una pausa y recordar uno de tantos pasajes de la vida política contemporánea de México, para ponderar algunas de las virtudes del hombre y del líder que, desde el pasado miércoles 28, el curso natural de su propia existencia dispuso su partida hacia otro plano existencial.
Quien fuera el primer jefe de gobierno capitalino electo por la ciudadanía, fue hijo de otro gran mexicano, cuyo nombre y cuya historia pueden -y deben- ser invocados a propósito de toda la narrativa concluyente de la Revolución Social en el siglo XX; me refiero al presidente de México de 1934 a 1940, el general Lázaro Cárdenas del Río.
Pero una primera virtud a destacar de este singular personaje a quien rendimos en este apurado texto un modesto pero merecido homenaje, fue el don de la sencillez, de la humildad en su trato hacia los demás. Un rasgo natural en él, no una impostura. Y es que la mayor nobleza de un individuo, sobre todo de uno empoderado, no radica en los apellidos o en los privilegios, sino en la capacidad de servir con amor a los demás.
Cuauhtémoc Cárdenas nos dejó un imborrable legado a través de su vida, en cada uno de sus actos públicos y privados, pues no obstante contar con todas las credenciales de origen y de cuna (nació en Los Pinos en 1944), auténtica condición dinástica de entonces, propicia para reclamar un trato privilegiado de la sociedad mexicana; sin embargo, eligió un camino radicalmente distinto: el de la horizontalidad, el del esfuerzo a través de la lucha cívica, para abonar a la dignidad humana de los mexicanos y para perfeccionar la ya para entonces maltrecha democracia mexicana, en 1986, en que integra la Corriente Democratizadora al interior del PRI junto a Porfirio Muñoz Ledo, para renunciar formalmente a ese mismo partido en 1987.
Pero el pasaje al que el suscrito hace alusión desde el primer párrafo de este trabajo, tiene que ver con el de la primera incursión de Cárdenas Solórzano a esa gran meta que le resultó imposible de alcanzar, no obstante que fueron tres intentos consecutivos los que hizo para materializar su propósito: la candidatura a la Presidencia de la República, en aquel ya distante 1988.
Ese proceso electoral, considerado por muchos observadores y analistas formales, como un parteaguas en la historia democrática nacional, fue protagonizado por numerosas figuras de la vida pública nacional, cuyos orígenes e intereses eran desde entonces, de lo más diverso.
Y muchos de ellos tuvieron un común denominador: el factor ‘de clase’, el ‘componente dinástico’; el ‘juniorato’ pues, burocrático o empresarial, aunque finalmente con un perfil aristocrático, para decirlo de una vez por todas.
Algunos, compitiendo para conseguir o acrecentar su poder profano o político. Otros más, simplemente para conservarlo.
A saber:
Carlos Salinas de Gortari, candidato del PRI a la Presidencia de la República; hijo de Raúl Salinas Lozano, exsecretario de Economía durante la administración de Adolfo López Mateos y serio aspirante a la nominación presidencial del PRI. Exsecretario de Programación y Presupuesto de la Administración de la administración de Miguel de la Madrid Hurtado; exdirector general de Planeación Hacendaria de la Secretaría de Hacienda en la administración de José López Portillo. Doctor en Economía por Harvard University, en Estados Unidos.
Manuel Bartlett Díaz, secretario de Gobernación y presidente de la Comisión Federal Electoral (simultáneamente) en la administración de Miguel De la Madrid Hurtado, hijo de Manuel Bartlett Bautista, exgobernador de Tabasco y exministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Fernando Elías Calles Álvarez, subsecretario de Gobernación durante esa administración de Miguel De la Madrid Hurtado; nieto del presidente de la República, general Plutarco Elías Calles (fundador del PNR, antecedente del PRM y del hoy PRI) y sobrino del ingeniero Plutarco Elías Calles Chacón, gobernador de Nuevo León, presidente municipal de Monterrey y diputado al Congreso de la Unión.
Manuel de Jesús (‘Maquío’) Clouthier Del Rincón, candidato del PAN a la Presidencia de la República, exdirigente nacional de Coparmex, exitoso agricultor e ingeniero agrónomo, exportador a gran escala de hortalizas, hijo de Manuel de Jesús Clothier Martínez de Castro, prolífico empresario, hacendado y propietario de tierras en el Valle de Culiacán desde antes del reparto agrario; y tataranieto de Jean-Auguste Clouthier (1824-1863), un médico francocanadiense que llegó al estado de Sinaloa alrededor de 1850 y que llegó a ser, en su momento, parte del selecto grupo de amistades del presidente Porfirio Díaz y,
Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, candidato de la coalición denominada Frente Democrático Nacional (PARM, PMS, PFCRN y PPS) a la Presidencia de la República; hasta ese entonces exsubsecretario de Recursos Forestales de la SARH, exsenador de la República (PRI) por el Estado de Michoacán y exgobernador del Estado de Michoacán; ingeniero civil; hijo del expresidente de la República, general Lázaro Cárdenas del Río, artífice de la ‘Expropiación Petrolera’ y fundador del PRM, antecedente del PRI.
De estos cinco personajes que cumplen con los atributos de nuestro pretendido análisis, puede afirmarse con certeza que, hasta ese momento, sólo dos se caracterizaron en su trato con la gente y en su historial profesional y político cotidiano, como personajes cercanos a la población más humilde o común y corriente de México; que tuvieron el coraje de escuchar a los que históricamente habían sido invisibilizados en este país: Manuel de Jesús (‘Maquío’) Clouthier y Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano; y escribo “hasta ese momento”, porque tiempo después, una vez instalado en la Presidencia de la República, Carlos Salinas de Gortari mostró una cercanía y una movilidad en la atención a los más pobres de México, francamente inusitada e inesperada. De verdad admirable.
Pero hasta ese proceso electoral en 1988, sólo ‘Maquío’ Clouthier y Cuauhtémoc Cárdenas, sabían arremangarse la camisa y ponerse a ‘echar paladas’ con el resto de sus trabajadores, para luego compartir un buen taco alrededor de un comal, con ellos mismos. Y hacerlo de manera ‘natural’, genuina, sin buscar poses mediáticas; a pesar de sus orígenes socioeconómicos y culturales.
Sólo Cárdenas Solórzano sabía irse del brazo con un contingente de obreros agraviados o de campesinos despojados y vejados por las propias autoridades “constituidas”, para demandar derechos genuinos.
Y sólo Cárdenas Solórzano, podía al final de cualquier rutina oficial, propia de sus encargos, despojarse de los trajes de ego y de la vanidad engendrada por el poder burocrático, para caminar por las mismas calles que transita el ciudadano de a pie.
Durante su gobierno en la capital de la República, eso me consta, transformó su despacho en un espacio de puertas abiertas, donde todas las voces tuvieron la misma importancia para él, por muy engoladas, estridentes, agudas o imperceptibles que fuesen, demostrando con esto que se puede estar en el pináculo del poder sin perder la sensibilidad.
Por último, se debe señalar a la otra gran virtud (y aportación a la vez) del ingeniero Cárdenas Solórzano a la historia política del México contemporáneo: su proclividad invariable a lo largo del tiempo, de contribuir (y no alterar) a la paz pública en México.
Por eso, mientras Cuauhtémoc tomó del brazo a ‘Maquío’ Clouthier en aquellas horas posteriores al resultado de la elección de 1988, operada siniestramente por el resentido Manuel Bartlett (porque no fue candidato del PRI a la Presidencia en esa ocasión), las posibilidades de alternancia política crecieron, por la enorme presión moral y política que juntas (PAN y FDN), esas dos fuerzas políticas ejercían.
Pero hubo de aparecer la ‘mano persuasiva’ del salinato, para ‘tentar a la dirigencia del PAN’ de aquella época, lo que generó que ya no se pudiesen poner de acuerdo el PAN de Clouthier y el Frente Democrático Nacional de Cárdenas Solórzano.
Si otro tipo de líder hubiese sido Cuauhtémoc, no le hubiese importado generar el colapso a la vida de las ciudades de México (él solo), con tal de generar el estruendo necesario para ser complacido en sus pretensiones políticas, como sucede en otros países muy lejanos y distantes a México, como las repúblicas de ‘Pepeslavia’ y de ‘Los Cocos’…
Cuauhtémoc Cárdenas sí supo elegir entre la construcción de puentes para el entendimiento, y las murallas para la polarización y el odio entre hermanos.
Porque el genuino prestigio, ya sea político, moral, social y humano, no se hereda; se construye con sacrificio, disciplina y empatía a diario.
Porque la obligación de todo político empoderado es la de despojarse de la soberbia y el culto a la propia absolución de sus errores desde la palabra propia; y trabajar, trabajar mucho y trabajar más, arduamente, todos los días, suprimiendo el discurso fácil y embaucador, por una actitud más serena, más parca, más discreta y seria; que propicie que los actos del mandatario o del político empoderado, hablen por él y no las simples palabras.
En su despedida al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, un mexicano de excepción que bien merece -por cierto-su lugar en la Rotonda de las Personas Ilustres- merece que los mexicanos le demos las gracias, por la gran lección de ética que nos hereda, por su integridad mostrada como político y por recordarnos que el poder solo tiene sentido cuando se ejerce sin soberbia y se transforma fundamentalmente en un acto permanente de servicio al prójimo, al representado, al mandante o soberano, que es al final el ciudadano.
Gracias ingeniero Cárdenas Solórzano; que tenga un buen camino y un hermoso reencuentro con sus allegados de siempre.
¡México le da las gracias, en el marco de su labor cumplida!
Héctor Calderón Hallal
@Pequenialdo, @CalderonHallal1
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