Eugenio Derbez, antes de irse a EE.UU.: “No querían contratarme porque en ese entonces el cine mexicano era oscuro”
Eugenio Derbez tenía una trayectoria consolidada en la televisión cuando decidió buscar oportunidades en el cine. Sin embargo, el reconocimiento que había conseguido con sus programas no se traducía en ofertas para participar en películas. Según relató, algunos productores del cine mexicano lo consideraban demasiado vinculado con la comedia televisiva y dudaban de su capacidad para interpretar personajes dramáticos.
El actor mexicano relata las dificultades que atravesó para llegar al cine
“Todo nace porque yo siempre quise ser actor de cine”, dijo Derbez al iniciar su relato en un video compartido en su cuenta de Youtube. “Llegué a la televisión y cuando estaba en el pico más alto de mi carrera, dije: ‘Es hora de brincar y hacer un poco de cine’. Pero me topé con la sorpresa de que nadie quería contratarme porque en ese entonces el cine mexicano era oscuro”, señaló.
El problema, según su testimonio, no estaba en su falta de popularidad, sino en la imagen que los productores tenían de él. Sus personajes televisivos, entre ellos Ludovico P. Luche y El Lonje Moco, hacían que muchos responsables de proyectos dudaran de su capacidad para protagonizar una película alejada del humor.
Derbez contó que durante las reuniones de producción su nombre generaba risas y cuestionamientos. Un productor le explicó que los ejecutivos no lograban imaginarlo en una historia seria porque lo identificaban exclusivamente con sus interpretaciones cómicas.
“Cuando me dijo eso mi amigo productor, me di cuenta de que la única manera de poder trabajar en cine iba a ser trabajando en mi propia película”, indicó.
Eugenio Derbez decidió hacer su propia película
Ante la falta de oportunidades, el artista llegó a la conclusión de que debía tomar el control de su carrera cinematográfica. En lugar de esperar una propuesta, comenzó a trabajar en una historia que pudiera desarrollar bajo sus propias condiciones.
Así surgió No se aceptan devoluciones, un proyecto que tardó 12 años en llegar a la pantalla. Su ópera prima, que se estrenó en cines en 2013, mezclaba tintes de comedia en un drama.
“Uno nunca sabe si un proyecto va a ser exitoso o no. Como vi que nadie me quería contratar, decidí escribir mi propia película”, relató. “Me junté con mi grupo de escritores, con los que escribía el programa, desarrollamos la idea y pusimos los elementos que queríamos que tuviera”, agregó
El proceso implicó asumir distintas responsabilidades: Derbez participó en la escritura del guion, la producción, la actuación y la dirección. La iniciativa también representó una forma de demostrar que podía construir un relato cinematográfico distinto de los formatos que lo habían hecho conocido en la televisión.
“Me tomó 12 años que alguien se animara a producirla y, como no encontré quién la quisiera dirigir, acabé dirigiéndola yo. Ya tenía muy clara la película, aunque no quería hacer todo, pero finalmente así se dieron las cosas”, agregó.
Para Derbez, provocar risas durante una función no era suficiente: buscaba que la historia también dejara una impresión emocional en los espectadores. Su intención era que el público pudiera disfrutar del humor y, al mismo tiempo, conectarse con los conflictos de los personajes.
Por qué Eugenio Derbez combinó comedia y drama en No se aceptan devoluciones
La decisión de combinar ambos géneros también estuvo relacionada con un recuerdo de su infancia. “Cuando tenía 12 años vi mi primera película dramática y salí del cine llorando. Le dije a mi mamá: ‘Mamá, yo quiero hacer eso, quiero contar historias que toquen a la gente como esta película me tocó a mí’”, dijo.
Según explicó, ese objetivo marcó el enfoque narrativo de No se aceptan devoluciones. El actor mexicano quería diferenciarse de la fórmula humorística que utilizaba en televisión y explorar una historia en la que la comedia tuviera un desarrollo emocional.
La propuesta buscaba mantener el humor a lo largo de la película y conducir al público hacia un desenlace dramático. La construcción de ese final se convirtió en uno de los puntos centrales del proyecto.
“Con No se aceptan devoluciones me hacía muy feliz ver cómo la gente reía durante la película y al final salía llorando bonito, diciendo que era una linda película”, comentó.
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