Seguridad enfrenta a EU y China por México; SRE defiende soberanía en el G20
China responde a señalamientos de Washington por el narcotráfico; México reivindica soberanía ante presiones comerciales y estratégicas en el G20
La disputa entre Estados Unidos y China por la influencia económica y estratégica en México escaló al terreno de la seguridad. El embajador estadounidense, Ronald Johnson, acusó a Pekín de beneficiarse de un país marcado por la violencia y de utilizar sus inversiones para generar dependencia; la Embajada china respondió responsabilizando a Washington de alimentar el narcotráfico con su demanda de drogas y el tráfico ilegal de armas.
En medio del choque entre las dos potencias, el Gobierno de Claudia Sheinbaum llevó al G20, reunido este 30 y 31 de octubre en Atlanta, Georgia, un mensaje de soberanía, no intervención e igualdad entre Estados. El encargado de fijar la postura mexicana fue el secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco Álvarez, ante una reunión encabezada por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio.
Efecto geopolítico
El enfrentamiento diplomático revela una disputa que va más allá de los señalamientos sobre los cárteles: Washington busca preservar su influencia en Norteamérica y contener la expansión económica china en las cadenas de suministro regionales. Para México, el desafío es sostener la cooperación con su principal socio comercial, sin permitir que la rivalidad entre ambas potencias condicione su soberanía, sus inversiones y su libertad para establecer relaciones comerciales con otros países.
Estados Unidos vincula China con inseguridad en México
El embajador estadounidense en México, Ronald Johnson, abrió un nuevo frente de tensión al afirmar que a China le convendría que México fuera “un lugar caótico e inseguro” en la frontera sur de Estados Unidos.
Durante la Conferencia de Inversionistas Globales del Instituto Milken, el diplomático sostuvo que Pekín estaría dispuesto a incentivar empresas que incluso operen con pérdidas para crear dependencia económica y propiciar condiciones de inestabilidad.
Johnson cuestionó también las intenciones de las compañías chinas que buscan establecerse en territorio mexicano. Su argumento fue que México y Estados Unidos podrían aprovechar conjuntamente sus recursos, capacidad industrial y cercanía geográfica para fabricar productos y competir en los mercados internacionales como una entidad norteamericana.
La declaración no fue solamente una advertencia sobre seguridad. El embajador colocó las inversiones chinas dentro de una discusión estratégica sobre quién participa en la economía mexicana, bajo qué condiciones y con qué consecuencias para los intereses estadounidenses.
Johnson defendió una mayor integración entre México, Estados Unidos y Canadá, al considerar que la prosperidad y la seguridad mexicanas también benefician a Washington. Reconoció, incluso, que su país tiene una razón propia para querer un México seguro.
China acusa a Estados Unidos por narcotráfico
El choque entre China y Estados Unidos por la influencia en México escaló de las acusaciones diplomáticas al señalamiento directo sobre las responsabilidades en la violencia y el narcotráfico. Pekín rechazó que busque desestabilizar al país y calificó como “invento y calumnia malintencionada” la afirmación de que “a China le encanta el caos”.
En su respuesta, trasladó el foco hacia Estados Unidos: sostuvo que la demanda de drogas de ese país ofrece a los cárteles “mercados y ganancias enormes”, mientras que las armas ilegales y el dinero del narcotráfico que fluyen desde territorio estadounidense hacia México “alimentan la violencia criminal” y ponen en riesgo la paz social.
China acusó a Washington de evitar la discusión sobre esos factores y fabricar una supuesta “malicia china” para desviar la atención de sus propias responsabilidades. La disputa también alcanzó el terreno comercial. Pekín calificó de “absurdo” que se considere “no confiables” a las empresas chinas y acusó a funcionarios estadounidenses de denigrarlas mientras buscan favorecer a compañías de energía y gas natural de su país. Según el pronunciamiento, esa presión vulnera el derecho de México a elegir soberanamente a sus socios de cooperación.
Echar lodo a China no ayuda a resolver problemas entre EE. UU. y México”, advirtió, y pidió a Washington dejar de dañar las relaciones entre China y México y asumir sus responsabilidades en la seguridad regional.
Declaración Solemne de la Embajada de China en México El 28 de octubre, durante un evento celebrado en México, el Embajador de EE. UU. en México, Ronald Johnson, y el Subsecretario Adjunto de Estado de EE. UU., Ricardo Pita Macedo, lanzaron críticas infundadas contra China y la cooperación sino-mexicana, afirmando que a China le encantaría ver un México caótico e inseguro, y difamaron a las empresas chinas al tacharlas de “ser no confiables”. Estas retóricas pasan por alto los hechos, tergiversan la verdad e intentan deliberadamente sembrar discordia entre China y México. La Embajada de China en México expresa su fuerte descontento y categórico rechazo al respecto. China siempre respalda los esfuerzos de México por defender su soberanía y seguridad y procurar el desarrollo y la estabilidad. Que “a China le encanta el caos” es puro invento y calumnia malintencionada. La demanda de drogas de EE. UU. ofrece a los cárteles mercados y ganancias enormes. Las armas ilegales y el dinero de la droga que fluyen de EE. UU. a México alimentan la violencia criminal, ponen en grave peligro la vida de los mexicanos y perjudican la paz social. La parte estadounidense evita tratar estos problemas y, peor aún, fabrica de la nada la supuesta “malicia china”. ¿Se preocupa EE. UU. realmente por México o solo quiere desviar la atención del público y elude sus propias responsabilidades? Es aún más absurdo acusar a las empresas chinas de “ser no confiables”. Algunos funcionarios estadounidenses no dejan de denigrar a las empresas chinas, y al mismo tiempo buscan desesperadamente negocios para las empresas estadounidenses de energía y gas natural. ¡Qué falta de pudor! Para EE. UU., lo que le convenga es algo “confiable”, y lo que le impida monopolizar los beneficios, “no confiable”. Eso justamente demuestra que su “confianza” no vale ni un centavo. EE. UU. reprime a sus competidores con maniobras políticas y, con ello, vulnera el derecho de México a elegir soberanamente a sus propios socios de cooperación. Echar lodo a China no ayuda a resolver problemas entre EE. UU. y México. China está firmemente decidida a defender sus derechos e intereses legítimos, así como a profundizar la amistad y la cooperación con México. Instamos a los estadounidenses pertinentes a dejar de calumniar a China y dejar de dañar las relaciones sino-mexicanas. Resolver sus propios problemas y asumir sus debidas responsabilidades es la actitud que EE. UU. debe adoptar hacia México y la cooperación regional.— Embajada de China en México (@EmbChinaMex) October 30, 2026
México reivindica soberanía ante el G20
En ese escenario, el secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco Álvarez, llevó al encuentro de ministros de Exteriores del G20, en Atlanta, Georgia, un mensaje centrado en la igualdad soberana, la integridad territorial y el respeto al derecho internacional.
Durante la primera sesión de trabajo, denominada “Tensiones Geopolíticas” y encabezada por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, el canciller advirtió que los conflictos internacionales no permanecen confinados a sus territorios de origen: alteran el comercio, elevan el costo de vida y golpean especialmente a las poblaciones con menos recursos.
Velasco sostuvo que la respuesta mexicana debe partir de los principios constitucionales de política exterior: no intervención, solución pacífica de las controversias y cooperación internacional para el desarrollo. Subrayó que todos los Estados son iguales ante el derecho internacional y están sujetos a las mismas normas en sus relaciones mutuas.
Aunque no presentó su intervención como una respuesta directa a los señalamientos de Washington y Pekín, el planteamiento adquiere relevancia en medio de las presiones cruzadas sobre México. La reivindicación de soberanía establece un límite diplomático frente a cualquier intento de convertir la cooperación en subordinación o de condicionar las decisiones nacionales a los intereses de una potencia.
El canciller propuso, además, fortalecer la diplomacia y el papel de Naciones Unidas, garantizar la ayuda humanitaria, diversificar las cadenas de suministro y atender las causas estructurales de la inestabilidad, como la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades. También vinculó el Plan México con la necesidad de fortalecer la producción interna.
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