A los 78 años, murió la artista Ana Eckell, maestra del dibujo y la pintura
El 20 de octubre, a los 78 años, murió en la ciudad de Buenos Aires la artista Ana Eckell, informó su familia. Fue inhumada en el Cementerio de la Chacarita el 24. Había nacido el 30 de octubre de 1947 en la ciudad de Buenos Aires. Era madre de la artista Eva Pedroza, que reside en Berlín y viajó al país para despedir a su madre y acompañar a su padre, el diseñador gráfico Gustavo Pedroza, exmarido de Eckell. Por su estado de salud, estaba retirada del mundo del arte desde hacía varios años.
Egresada de la Escuelas Nacionales de Bellas Artes Manuel Belgrano y Prilidiano Pueyrredón, en 1964 y 1967, respectivamente, se destacó como pintora y dibujante, en especial a partir de la década de 1980, con una obra vinculada con la figuración expresiva, el neoexpresionismo y la transvanguardia. En sus pinturas, caracterizadas por el trazo “gestual”, las escenas satíricas y el garabato, abordó de manera crítica temáticas como la marginalidad social, la violencia, la vulnerabilidad, el machismo y los abusos de poder de los años de la dictadura militar (que, insinuaba, continuaban durante la democracia), con referencias “interpictóricas” con las obras de Otto Dix y Georges Grosz.
En 1983, obtuvo el Premio Artista Joven del Año de la Asociación Argentina de Críticos; en 1984 fue distinguida, junto con Carlos Alonso y León Ferrari, en la primera Bienal de Artes Visuales de La Habana. En 1985 participó de la Bienal de París y de la XVIII Bienal Internacional de San Pablo. Recibió el diploma al mérito de la Fundación Konex, en la categoría de Artes Visuales, en 1992 y, en 1996, el Gran Premio de Honor en la disciplina de Dibujo en el Salón Nacional de Dibujo y Grabado. Ganó en 1997 el Primer Premio Costantini del Museo Nacional de Bellas Artes, que tiene en su acervo la pintura El candidato.
Con los años, su trabajo adquirió una condición más leve y a la vez precisa, con tonos de mayor calidez asociados a la naturaleza, el juego y emociones menos turbulentas que las de la posdictadura. “La vida es eso: ir muriendo y renaciendo y sacándote pesos de encima -dijo a LA NACION en 2012-. No es el tema, el espíritu es distinto. Por un lado siento que estoy haciendo lo mismo y no es lo mismo, pero hay algo que está en el eje de toda la actividad. Siento que hay vida si uno sigue un hilo que está más allá de la mente, más allá de la voluntad... Es algo que tenés que pescar de la nada. Una conexión, algo que te lleva: cuando pinto, pinta mi mano, no sé quién pinta.”
Realizó exposiciones individuales en el país y en galerías y museos de Holanda, Estados Unidos, Alemania y el Perú. Además, participó de exposiciones colectivas en la Argentina, Brasil, Ecuador, Chile, Italia, Alemania, Japón y China.
“En sus obras aparecen personajes que se retuercen de alegría y dolor, que caminan y saltan, junto a alusiones a la historieta y al cine -destacó la historiadora de arte y curadora Silvia Marrube sobre el trabajo de Eckell-. Estas dos referencias son superadas en virtud de la personal apropiación que de ellas hace la artista: se convierten en dibujos enardecidos, electrizantes. El desmenuzamiento de la falsa solemnidad explica quizás el vértigo y frenesí del abordaje pictórico de Eckell. Artista que investiga continuamente sobre los procesos creativos, de allí que su pintura se revele a través del tiempo en diferentes etapas. Sin embargo, en todas ellas aparece el elemento plástico predominante en su producción: la línea”.
“Creativa, sagaz, inteligente, innovadora”, definió a Eckell la artista Claudia Aranovich en su página de Facebook.
Al igual que el Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires despidió a la artista en redes sociales. “Este año, el Moderno tuvo el privilegio de incluir obras de su autoría en dos de las exposiciones que integran el Programa Anual 70 Aniversario: Habitando el futuro -remarca la publicación del Moderno en Facebook-. Por un lado, un dibujo a color titulado El masaje 2 (1979), en la nueva edición de Moderno y MetaModerno, exposición del patrimonio del Museo desplegada en tres grandes salas del Primer Piso. Y, por otro lado, Paseo campestre (1984), en la exposición La memoria de la colección. El Moderno en el Parque, proyecto realizado en colaboración con el Parque de la Memoria, con motivo del 50º aniversario del inicio de la última dictadura militar”.
“Partió Ana Eckell -posteó en su cuenta de Instagram la investigadora y curadora Andrea Giunta-. Una artista pintora con mayúsculas. Su naturaleza delicada contrastaba con la fuerza, el abigarramiento, la violencia contenida en sus pinturas. En sus intensas pinturas había diarios contenidos, archivos de sus días. Tenemos una pequeña pintura roja de ella, espectacular, deslumbrante. Una artista muy destacada desde fines de los años ochenta cuya presencia se fue desvaneciendo en los últimos años. Sería importante poder ver una exposición antológica de su obra. Porque vale la pena y porque evitaría las políticas del olvido que afectan la obra de muchas mujeres artistas. Gracias por tu obra querida Ana, desde donde estés”.
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