Con disculpas a los dictadores
Javier Milei dijo la semana pasada que el querido líder español, Pedro Sánchez, era “un dictador”. Kylian Mbappé, futbolista del Real Madrid, dijo que el querido líder chino, Mao Zedong, fue “un dictador”.
Bueno, la verdad es que Milei disparó más fuerte contra Sánchez, que sigue vivo, que Mbappé contra Mao, que murió hace medio siglo. Agregó que el presidente del gobierno español era un “impresentable” al que había que “sacar a patadas”. Mbappé se limitó a decir que le hacía gracia un meme en el que se le había comparado con el difunto líder del partido comunista chino.
Las consecuencias han sido más dramáticas en un caso que en el otro, lo que revela ciertas diferencias entre las culturas políticas de Occidente y de la superpotencia asiática.
El portavoz de la cancillería china, Guo Jiakun, respondió a lo de Mbappé declarando que “cualquier comentario o acto que hiera los sentimientos del pueblo chino se enfrenta, naturalmente, a un rechazo común por parte de toda la sociedad china”. Naturalmente, millones de chinos se hicieron eco de las críticas de Guo. tres empresas chinas cancelaron contratos publicitarios con el delantero francés y la televisión china suspendió la transmisión de todos los partidos del Real Madrid.
En España, en cambio, nadie dijo, ni en el gobierno ni fuera de él, que Milei había herido “los sentimientos de toda la sociedad española”. En cuanto a represalias: a nivel oficial, cero. No se propuso ningún boicot a aquellos restaurantes en Madrid que decoran sus paredes con banderas albicelestes y ofrecen en sus cartas empanadas, bifes de chorizo y chinchulines. No sé si le ha pedido ninguna disculpa oficial a Milei pero en la Moncloa saben cómo es y que poco sentido tendría.
En cambio, tanto Mbappé, como el Real Madrid, como la Liga española de fútbol se han deshecho en penitencias ante los 1.400 millones heridos chinos.
¿Qué conclusiones sacar?
Primero, que hay cierta diferencia de perspectiva entre una cultura y la otra respecto al significado de la palabra “dictador”. Mao gobernó China sin elecciones y con poder absoluto durante 27 años. “El poder político,” declaró, “nace del cañón de un fusil”. Pero hoy en China dicen que Mao, de dictador, nada.
Segundo, parece que también existe una diferencia cultural en cuanto al valor que se otorga a la vida humana. Mucho han discutido los historiadores sobre quién de Hitler, Stalin y Mao acabó con las vidas, soldados aparte, de más personas. Las cifras generalmente atribuidas a Hitler rondan los 12 millones; a Stalin, los 20 millones; a Mao, los 40 millones, la mayoría víctimas de las hambrunas provocadas por sus ideas económicas. O sea, hablamos de los abuelos y los bisabuelos de buena parte de los chinos que tan heridos se sienten hoy por las bromas de Mbappé.
Que nadie se ofenda. Simplemente señalo los datos. Si el culto a la personalidad de Mao sigue tan vigoroso hoy en China como en la época del Gran Salto Delante, cuando algunos recurrieron al canibalismo para sobrevivir, pues “Vive la différence!”. Nuestras formas de ser son consecuencia de diferentes tradiciones históricas, filosóficas o religiosas, factores que heredamos, que no elegimos. Pensamos diferente y ya está. Miren a los alemanes. No veneran la figura de Hitler. La mayoría no deja de sentir que son ellos los que tiene que pedir disculpas por lo que hizo el führer, y no van a pedir que se disculpen aquellos franceses, españoles, incluso chinos que se mofen de él.
Lo que nos trae a una tercera diferencia, el sentido del humor, tan revelador siempre de las idiosincrasias de la gente. China es, evidentemente, un país más solemne –poblado de más vacas sagradas- que España o Francia. Su versión del comunismo comparte cualidades con algunas variantes del pensamiento religioso. La respuesta al percibido insulto de Mbappé a Mao recuerda a aquellos sectores del islamismo que eligieron ver blasfemias mortales contra el Profeta en ‘Los versos satánicos’ de Salman Rushdie o en la revista francesa Charlie Hebdo.
Algunos observarán que existe cierta ironía en que el régimen chino lleva casi diez años reprimiendo a aquellos musulmanes dentro de sus fronteras llamados “los uigures” -más de un millón de ellos han sido encarcelados, según las organizaciones de derechos humanos. Pero, una vez más. Hablamos de formas diferentes de entender la vida.
No olvidemos que incluso existen diferencias importantes de perspectiva dentro del llamado mundo occidental. Cuando los organismos de derechos humanos extranjeros denunciaban las torturas, los asesinatos y las desapariciones que ocurrieron durante el régimen militar argentino que tomó el poder en 1976 no faltaban compatriotas de los generales Videla, Galtieri y compañía que, tan indignados como los chinos hoy, chillaban que no, que mentira, que “los argentinos somos derechos y humanos”.
Una cuarta observación podría ser que este tipo de reacciones revela una profunda inseguridad, quizá basada en la sospecha de que los gobiernos y sus ciudadanos se están mintiendo a sí mismos, lo que Freud llamaba la negación. Quizá. Quizá yo me estoy mintiendo a mí mismo ahora.
De lo que nadie puede dudar es la gran verdad aplicable a todas las culturas siempre, la centralidad en la vida humana del dinero. ¿Por qué Mbappé, el Real Madrid y la Liga reaccionaron tan rápido, con tan manifiesto pánico y con tan poca sinceridad a la demanda china de que se disculparan? Saben perfectamente que Mao obedece más que nadie en todo el siglo XX a la definición que ellos comparten de lo que es un dictador. Milei parece que no lo tiene tan claro pero, tan bravo él, sí sabe que nunca llamará dictador a Mao, o a su sucesor Xi Jin Ping. ¿Por qué? Porque China es un país poderoso y rico. Todas las culturas son respetables, o eso decimos, pero a algunas hay que mostrarles más respeto que a otras.
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