Cierre de instituto de inglés dejó varado a paraguayos en Irlanda
Estudiantes paraguayos fueron afectados por el cierre repentino de un instituto de inglés que tiene sede en Irlanda. Para estudiar en aquel país, debieron realizar una serie de gestiones legales e inversiones económicas.
Una de las afectadas es Liliana Bordón, que a través de un relato expuso la desagradable situación que le tocó atravesar en el extranjero.
La estudiante señaló que eligió estudiar en la Erin College, una institución con varios años de funcionamiento en Irlanda y que se presentaba como una escuela de enseñanza de inglés para estudiantes internacionales.
“Como muchos otros estudiantes, mi objetivo no era solamente aprender inglés. También necesitaba cumplir con los requisitos migratorios de Irlanda, mantener mi situación legal en el país y prepararme para continuar mis estudios y mi desarrollo profesional”, relató la joven.
Agregó que su programa, además de clases de inglés, integraba el examen correspondiente, un seguro médico y el seguro de protección del estudiante.
“Estos servicios no eran simples extras: necesitaba la documentación correspondiente para gestionar la renovación de mi permiso de residencia y completar mi programa académico”, comentó.
La estudiante comentó que empezó a estudiar en abril del 2026 y si bien recibió su póliza de seguro médico a tiempo, el documento de protección de estudiante tuvo su demora y le llegó recién en julio, sin explicaciones claras sobre el retraso.
Crisis
En agosto del 2026, empezaron a circular en el instituto los rumores de que el Erin College estaba atravesando problemas y al consultar a las autoridades, la respuesta que recibían era de que se trataban de versiones instaladas por la competencia.
“Confié en esas explicaciones. Ya había invertido dinero en mi formación y estaba organizando mi futuro en Irlanda sobre la base de la continuidad de mis estudios”, señaló la joven.
A pesar de proseguir con sus estudios, el 18 de setiembre al ingresar a una red social se enteró a través de una publicación que la Erin College cesaba sus actividades.
“Me quedé en shock. No sabía qué hacer ni qué iba a pasar con mi dinero, mis estudios o mi situación migratoria. Lo más desconcertante era que esa misma mañana habíamos asistido a clases con normalidad. Nadie nos había advertido que la escuela podía cerrar ese mismo día. No hubo una comunicación previa que nos permitiera prepararnos para lo que estaba por suceder”, manifestó.
La compatriota comentó que horas después recibió un correo electrónico de la institución, en el que la institución lamentaba lo ocurrido e indicaba a los alumnos que aguarden, que el seguro de protección del estudiante gestionaría el traslado a otras instituciones.
“De un momento a otro, quienes habíamos organizado nuestras vidas alrededor de ese centro educativo nos encontramos sin escuela y sin respuestas claras sobre todos los servicios que habíamos pagado”, relató la estudiante al tiempo de señalar que extrañamente, una semana antes del cierre, la institución seguía promocionando los cursos.
“Como estudiante, no tenía acceso a toda la información interna de la empresa. No podía saber qué estaba sucediendo realmente ni qué decisiones se estaban tomando. Una institución que se presenta como una escuela con más de dos décadas de trayectoria genera confianza. Uno no espera que, después de pagar por un servicio educativo y por la documentación necesaria para su estancia en Irlanda, todo pueda quedar en el aire de un día para otro”, reprochó Bordón.
Desinformación
Como si no fuera suficiente el cierre de la institución, la estudiante descubrió que no todo lo que había pagado estaba cubierto.
“Lo que me sorprendió aún más fue enterarme de que el seguro de protección del estudiante que sí había recibido no equivalía a tener cubiertos todos los servicios del paquete. Según la información que fui conociendo, Erin no habría pagado mi póliza de seguro médico ni el examen que también había contratado”, relató.
Asimismo, comentó que otros estudiantes ni siquiera recibieron sus documentos de protección del estudiante.
“Esto plantea una pregunta fundamental: ¿qué ocurrió con el dinero que los alumnos pagamos por servicios que, en algunos casos, no llegamos a recibir?”, cuestionó al explicar que esa protección del estudiante ayuda a que una persona pueda continuar sus clases en otra institución.
Varias semanas después la alumna empezó a recibir información sobre el seguro de protección del estudiante y el proceso de reubicación en otras escuelas.
“Aunque el traslado representaba una posibilidad de continuar nuestros estudios, la comunicación fue, desde mi experiencia, insuficiente y poco clara. Recibíamos correos generalizados que repetían que debíamos esperar o que el proceso estaba en marcha, pero no siempre obteníamos respuestas concretas sobre nuestros casos particulares, los servicios que habíamos pagado, los documentos pendientes o los pasos que debíamos seguir”, manifestó.
Mientras las informaciones eran difusas, las fechas de vencimiento de los permisos de residencia iban feneciendo y aumentaba la urgencia en recibir las documentaciones necesarias para renovar las estadías.
“Para un estudiante internacional, perder una escuela no significa únicamente perder clases. Puede significar también perder tiempo, dinero, oportunidades laborales y estabilidad migratoria”, reprochó la estudiante
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