Carolina Malagelada, gastroenteróloga: “El sistema digestivo está conectado con el cerebro desde el embrión”
En Barcelona, España, la gastroenteróloga Carolina Malagelada trabaja en el Hospital Universitario Vall d’Hebron y estudia la función sensitiva y motora del aparato digestivo. La especialista explica que la dispepsia funcional forma parte de los trastornos de la interacción intestino-cerebro y que sus síntomas no deben reducirse a una reacción psicológica.
Qué significa que el intestino y el cerebro estén conectados
El sistema nervioso central y el sistema nervioso entérico mantienen una comunicación bidireccional. El segundo contiene neuronas distribuidas en el aparato digestivo y coordina movimientos, secreciones y señales de saciedad o dolor. Esa conexión se desarrolla desde la etapa embrionaria y continúa durante toda la vida.
Malagelada señala que en estos trastornos pueden aparecer alteraciones de sensibilidad, motilidad, función inmunológica y microbiota. Cuando la regulación cambia, acciones cotidianas como comer, digerir o evacuar pueden producir plenitud temprana, hinchazón, dolor, ardor, diarrea o estreñimiento. Los síntomas son reales, aunque los estudios no encuentren una lesión estructural que los explique por completo.
La médica reconoce que todavía hay preguntas abiertas sobre las causas. “Realmente, no lo sabemos”, respondió al hablar de la elevada prevalencia. El eje intestino-cerebro ofrece un marco para investigar múltiples mecanismos, pero no una explicación única aplicable a todos los pacientes.
En tanto, la experta al respecto aseguró: “El sistema digestivo está conectado con el cerebro desde el embrión”.
Cómo se reconoce la dispepsia funcional
Los criterios Roma V describen la dispepsia funcional a partir de uno o más síntomas molestos: plenitud después de comer, saciedad temprana que impide terminar una porción habitual, dolor en la parte alta y central del abdomen o ardor en esa zona. La evaluación debe descartar enfermedades estructurales, sistémicas o metabólicas capaces de explicar el cuadro.
Roma V distingue un síndrome de malestar posprandial, ligado a plenitud y saciedad temprana, y un síndrome de dolor epigástrico. Los cuadros pueden superponerse. También es posible que una persona tenga dispepsia funcional y síndrome de intestino irritable en distintos momentos o al mismo tiempo.
El diagnóstico no debe hacerse a partir de una lista leída en internet. El dolor persistente, la pérdida de peso sin explicación, los vómitos, el sangrado, la anemia o un cambio importante de síntomas requieren evaluación profesional. La historia clínica y los estudios indicados por el médico permiten determinar si existe otra causa.
El estrés puede empeorar los síntomas, pero no los inventa
La relación bidireccional ayuda a entender por qué el estrés, el sueño y ciertas comidas pueden modificar los síntomas. La especialista insiste en que “no todo esto es estrés y ya está”. Una persona puede tener una susceptibilidad digestiva de base y experimentar empeoramientos cuando atraviesa tensión, duerme mal o consume alimentos que identifica como desencadenantes.
Ese enfoque evita dos errores. El primero es pensar que el problema está solamente en el cerebro. El segundo es descartar cualquier influencia del estado emocional. Los trastornos de interacción intestino-cerebro incluyen mecanismos digestivos y nerviosos que se afectan mutuamente. El tratamiento se adapta al síntoma dominante y puede combinar cambios alimentarios, medicamentos y estrategias dirigidas al sistema nervioso, siempre con indicación profesional.
Una encuesta internacional citada en la entrevista estimó que los trastornos de interacción intestino-cerebro podrían afectar al 40 por ciento de la población. Malagelada pide prudencia porque el dato surgió de entrevistas telefónicas y por internet. Considera plausible una frecuencia de 20 a 30 por ciento y afirma que “es el motivo de consulta más frecuente” en gastroenterología.
La actualización de Roma V refuerza el uso del concepto de interacción intestino-cerebro y reúne el consenso de más de 140 expertos de 27 países. El objetivo no es atribuir todos los síntomas a una emoción, sino describir mejor los procesos orgánicos y nerviosos que participan en cuadros frecuentes como la dispepsia funcional y el intestino irritable.
Para los pacientes, ese cambio de lenguaje importa porque reconoce el carácter corporal del problema y permite conversar sobre los factores que agravan o alivian los síntomas sin culpabilizar a quien los padece.
La noticia en pocas líneas
⦁ ¿Dónde trabaja la gastroenteróloga Carolina Malagelada? Carolina Malagelada trabaja en el Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitario Vall d’Hebron, en Barcelona, España.
⦁ ¿Qué síntomas puede causar la dispepsia funcional? La dispepsia funcional puede causar plenitud después de comer, saciedad temprana, dolor epigástrico o ardor en la parte alta del abdomen.
⦁ ¿La dispepsia funcional se debe solamente al estrés? La dispepsia funcional no se debe solamente al estrés; intervienen sensibilidad, motilidad y otros mecanismos del eje intestino cerebro.
⦁ ¿Cómo se diagnostica la dispepsia funcional? La dispepsia funcional requiere evaluación clínica y ausencia de una enfermedad estructural, sistémica o metabólica que explique los síntomas.
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