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Lejos de la verbena, el Bretón sacro suena en el Monumental
Hay que imaginar a Tomás Bretón llegando a Roma, en 1881, con un 'calor insoportable' y queriendo conocer las ruinas 'sagradas', aquellas en las que 'se ve gente sin cesar, lo cual perjudica grandemente la contemplación, sobre todo el ruido de sus conversaciones'. El joven compositor, se estableció en la capital italiana pensionado de San Fernando en la Academia de España, y todavía era 'espontáneamente comunicativo, cariñoso (o lo parezco)', aunque viera 'sombras y picardías'. El verdadero resquemor vendrá después, cuando salga de la ciudad, tras trece meses, confesando que '¡Nunca la podré olvidar, tanto por su incomparable grandeza como por lo que en ella he sufrido!'. La estancia de Bretón en Roma, minuciosamente detallada en su diario es un buen ejemplo de lo que significa la lucha contra el medio que él asumió como una forma de vida. En Italia y en España, Bretón se enfrentó a lo injusto y lo desarmado, defendiendo su talento musical con una curiosa mezcla de orgullo y sensibilidad que tan pronto le llevó a exaltarse como a sentir la carga de la pesadumbre. El legado romano de Bretón dejó alguna obra importante como 'El apocalipsis', oratorio en dos partes con el que respondió a las obligaciones impuestas por la beca romana. Estrenado en 1890, fue olvidado hasta que en noviembre de 2000 lo recuperaron Ana Rodrigo, Raquel Pierotti, José Ferrero, Alberto Feria, la Coral de Bilbao y la Orquesta Sinfónica de Madrid, dirigidos por Andrés Zarzo. Acaba de volverse a escuchar en la temporada de conciertos del Orquesta RTVE, a partir de una nueva edición crítica preparada por el catedrático y especialista Víctor Sánchez Sánchez sobre el manuscrito conservado en la Biblioteca Nacional de España, con edición del Instituto Complutense de Ciencias Musicales (ICCMU). El concierto comenzó con un minuto de silencio en recuerdo por las víctimas del accidente ferroviarios en Urda .Como sucede con mucha música española de la época, la escucha de 'El apocalipsis' propone más preguntas que respuestas. Algunas fueron planteadas por el propio Bretón mientras se rebelaba ante un mundo musical ruin y en el que la gran creación musical sucumbía frente a la lucrativa ingeniosidad de la zarzuela en la que él entró porque así estaban las cosas. 'La verbena de la Paloma' fue su mejor aportación y, todavía hoy, algo insuperable. Tan inevitable era el género que el propio 'Apocalipsis' adopta guiños estilísticos. Tiene gracia que en la 'sinfonía final' del oratorio, la gran apoteosis, la huella de Barbieri y otros esté compartida con reminiscencias wagnerianas sugiriendo, por ejemplo, el tema del trueno de Donner, el dios que desata la tormenta en 'El oro del Rin'. Las referencias son muchísimas más, desde la polifonía del XVI a otras asimilaciones barrocas (que Bretónestudió en Roma) y contemporáneas. Sobre todo en el comienzo, donde el espesor de la orquestación, a lo largo de toda la obra de grueso calibre, revela el ardor juvenil de una escritura vehemente y menos personal. Bretón podría haber dicho que 'algunas veces se descubre el estilo profano'.Pero hay una cuestión superior. El texto de 'El apocalipsis' es facilón y ripioso. Lo escribió Bretón a partir del último libro del Nuevo Testamento ante la imposibilidad de encontrar una solución mejor, y aunque parezca algo secundario tiene un peso crucial. Habitualmente se critican muchos libretos de obras escénicas que no alcanzan una dimensión literariamente aceptable y se perdona a la música. Pero 'el sentido de la letra' que Bretón aprendió en Roma copiando, entre otros, a Cristóbal de Morales es un cimiento básico. Las situaciones que no generan conflicto solo pueden recaer en lirismos genéricos; la mala prosodia (el encaje de acentos, sílabas y vocales) deforma la línea melódica. 'El apocalipsis' se resiente de un cimiento que hace aguas, muy a pesar de que la música redima muchas de sus faltas y trate de dar sentido a las dudas de Juan, la apertura de los siete sellos, los cuatro jinetes y las siete trompetas y el Juicio Final. Aun así, 'El apocalipsis' es una promesa musical deslumbrante porque encierra una intuición indiscutible, amena porque Bretón sabe jugar al contraste, grandiosa porque hay en ella una disposición de medios más acorde con un espíritu que se abre a la realidad europea que a la poquedad española, y sorprendente si se compara con el desigual repertorio religioso español de la época (Italia tampoco estaba en su mejor momento).Orquesta RTVE Bretón El apocalipsis Intérpretes Belén Vaquero, Silvia Tro, José Simerilla, Ferrán Albrich, Orquesta y Coro RTVE Director Marc Korovitch Lugar Teatro Monumental, Madrid Fecha 28-XTodo ello se ha evidenciado en la interpretación ofrecida en el Teatro Monumental madrileño. El director Marc Korovitch hacía su debut como principal director invitado tras su estancia como titular del Coro RTVE y a él se debe una versión bien construida, potente, de sonoridad equilibrada y de sólido final. Debería decirse que comprometida si se tiene en cuenta la obligación que implicaba hacerse con una obra de estas dimensiones. A su lado estuvieron el Coro y Orquesta RTVE formando un grupo compacto y disciplinado, particularmente redondo en las intervenciones corales por voces. Y cuatro solistas con intervenciones a veces complejas y no siempre cómodas al estar colocados delante del coro y detrás de la orquesta. La soprano Belén Vaquero, que ha estado vinculada a proyectos interesantes de recuperación histórica, cantó con entrega, timbre penetrante y algo expuesta a la inestabilidad del vibrato. La mezzo Silvia Tro Santafé, con una carrera de mucho más recorrido, propuso un fraseo sensato y una solidez vocal que quedó en segundo plano frente a la magnificencia orquestal. El tenor argentino José Simerilla Romero superó las exigencias del registro agudo con seguridad y cierta opacidad en el grave. Dio consistencia y dirección a la línea. Por último, el barítono Ferrán Albrich, reconocido en el ámbito de 'Lied', pecó de un exceso de vibración, aunque exhibió una proyección vocal notable en una parte característicamente grave. En la sesión del viernes, con un aforo escaso pero receptivo, 'El apocalipsis' volvió a escucharse para mayor gloria de Tomás Bretón. Es fácil entender lo contento que se puso el autor al concluir esta hazaña musical 'que me suena a gloria'.
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